domingo, 17 de junio de 2018

7 falacias con las que un emprendedor comúnmente se auto-engaña

Para emprender se requiere de un grado de optimismo más allá de lo normal, de otra forma no se entendería que se corran los riesgos inherentes a la actividad.

Cuando emprendes la adrenalina corre por las venas y tu visión de la realidad cambia, tiendes a ver oportunidades donde otros no ven nada. Suele suceder que tu optimismo se desborda de tal forma que tiendes a distorsionar la realidad, principalmente pensando que las cosas son más fáciles, más baratas y más rápidas de lo que realmente son.

Un amigo, suele decir, que los proyectos son como nuestros hijos, los vemos más guapos y listos de lo que realmente son.

Cuando emprendes sueles auto engañarte en algunos temas de vital importancia. Sueles engañarte en ciertos temas que introducen sesgos a tu toma de decisiones. Los sesgos son una distorsión de la realidad que nos lleva a creernos nuestras propias mentiras. Aquí quiero comentarte los más típicos:
  1. Falacia por exceso de planificación. Sucede cuando te engañas pensando que las cosas serán como tu quieres que sea, cuando la realidad es como es. Querer analizar los proyectos con un enfoque financiero partiendo de supuestos que no sea han validado permite llegar a conclusiones equivocadas. El Excel y el power point son maravillosos porque te permiten engañarte y hacer números alegres. Hacer un Business Plan en etapa temprana es la mejor forma de inventar números, que no sólo no son útiles, sino que facilitan los errores en la toma de decisiones.
  2. Falacia por Falso Consenso. Sucede cuando piensas que todo el mundo ve los problemas como tu los ves. Sueles extrapolar necesidades o problemáticas tuyas a un mundo que no tiene esos problemas ni ve la realidad como tu lo ves. Para salir de esas dudas tienes que investigar y ver si el mundo tiene esos u otros problemas. “Todo mundo toma café”, “todo se compra ahora por internet”, y un largo etcétera.
  3. Falacia por dedicación. Después de cierto tiempo trabajando en el mismo proyecto y habiendo recibido retroalimentaciones positivas de gente cercana comenzamos a cerrarnos a las opiniones contrarias o retrasamos el contacto con gente extraña que nos haga salir de la comodidad de nuestro ambiente. 
  4. Falacia del costo unitario. Hacer números y pensar que el precio debe ir en función del costo unitario actual, cuando en realidad el precio de venta esta fijado por el mercado y los costos terminan siendo una referencia que conviene analizar con detalle. En una etapa temprana el principal objetivo es el aprendizaje y no la rentabilidad.
  5. Falacia de la experiencia. Cuando alguien tiene amplia experiencia en áreas funcionales de grandes empresas no garantiza que su conocimiento se aplique a proyectos en fase temprana. No es lo mismo ejecutar que descubrir.
  6. Falacia del dimensionamiento del mercado objetivo. También se conoce comúnmente como la Falacia del 1%. Seguramente habrás escuchado a un emprendedor emocionado comentar: “la necesidad es tan grande y tantos millones de personas con ese problema que con que nos quedemos con el 1% del mercado será un gran negocio. En muchos proyectos, las limitaciones no son de tamaño de mercado sino de acceso y de diferenciación, así como de capacidades internas para aprovecharlos en fase temprana. Mientras no se mida con mayor claridad el mercado objetivo que el proyecto puede alcanzar en fase temprana y se deje volar la imaginación con datos estadísticos demográficos nacionales, se harán cuentas alegres que sólo distorsionan la realidad.
  7. Falacia de la necesidad de capital. Existe una fascinación por las startups de recibir capital, y no deja de ser sumamente atractivo recibir inversión, el problema real radica en que todo debe ser a su debido tiempo. Si el capital llega antes de tiempo, antes de validar y pivotear el modelo de negocio aterrizado en la realidad, es probable que el dinero lejos de ayudar los desenfoque. El capital siempre será bienvenido, pero a su debido tiempo, principalmente cuando ya se tenga claro que se hará con él.

La pregunta será: ¿Cómo salir de estas dudas? ¿Cómo evitar caer en estos sesgos? ¿Cómo salir del riesgo del autoengaño?

La respuesta es fácil de entender, pero difícil de hacer: Tratando de leer la realidad, de entender qué es lo que realmente el cliente busca y si tenemos una propuesta verdaderamente diferencial. Sin experimentar a través de prototipos, aprender de los usuarios y pivotear con los aprendizajes, salir de esta situación es imposible. 

Nos quedan dos opciones: o tenemos una intuición fuera de serie y mucha suerte para atinarle sin experimentar o bien somos sensatos y armamos un plan de investigación para salir de dudas y no dejarnos engañar con estas 7 falacias que son de lo más común.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 10 de junio de 2018

La empresa moderna

Una empresa moderna es aquella donde los empleados tienen la oportunidad de ser emprendedores. Se trata de impulsar sus ideas, de hacerlas realidad, de permitirles aportar al futuro de la organización y en su caso, si tienen esa vocación participar de los riesgos del resultado.

Esas nuevas ideas pueden o no ir de la mano con la operación actual y será necesario trabajar con ellas para decidir si conviene o no ejecutarlas en la organización o si son unas estupendas ideas para echarlas a andar de forma independiente.

El tema es dejar la puerta abierta, para que ellos puedan proponer todas las oportunidades que van descubriendo en el camino. Pero eso requiere que las personas tengan los ojos abiertos y una disciplina para no dejarse llevar por las querencias sin el rigor del análisis. Estar abiertos al error y a que nuestras ideas puedan resultar un fracaso y a que posiblemente cuesten tiempo y dinero.

Que difícil es estar abiertos en la organización para los riesgos, casi siempre cuando las empresas crecen quieren hacerlo en un entorno predecible, sin conflicto y sin cuestionarse el status quo.

En definitiva una empresa moderna necesita varios elementos:
  • Un ambiente adecuado para la creación.
  • Tiempo para crear.
  • Un proceso para proponer y experimentar.
  • Personas exigentes consigo mismas que colaboren.
  • Compartir la visión de largo plazo.

No es fácil desprenderse de un tiempo exprofeso que los colaboradores tengan para crear, mientras sigas pensando que les pagar por horas, estarás cuidando los centavos y perdiendo los pesos ¿Cómo le hacemos para que ese empleado lleve su idea a la práctica?
¿Y si no se ajusta a ninguna de las líneas actuales? ¿Qué hacemos con la idea, y qué hacemos con el empleado? Todas esas son preguntas que en su momento se deben responder pero que lo más conveniente será participar de alguna forma del fruto de las ideas a sus creadores. No existen recetas únicas, dependerá de la persona, de la empresa y de las circunstancias específicas.

Pero no sólo es responsabilidad de la empresa un ambiente adecuado sino también de empleados responsables que con generosidad vean más allá de la simple quincena. La retribución por un trabajo y la aportación que cada persona hace al conjunto de la organización es un tema muy difícil de valorar con justicia y con efectividad.

La línea entre la justicia y la efectividad es una línea muy tenue que conviene plantearse en cada caso particular, sin prejuicios y con el mejor ánimo de sumar y de compartir. Siempre que nos encontremos en una encrucijada en estos temas lo mejor es pensar en que debemos ser generosos, dar siempre más allá de lo que consideramos que es justo, eso también va construyendo una cultura adecuada para el largo plazo.

Los viejos esquemas laborales se hicieron en el siglo pasado cuando los trabajos creativos no existían como los concebimos ahora; la movilidad, la tecnología, la mente de obra en lugar de mano de obra, han cambiado la lógica del trabajo. Ahora no hablamos de horas sino de responsabilidades, no hablamos de un lugar sino de un espacio; muchas cosas han cambiado, muchas cosas cambiarán, sin embargo, el talento seguirá ahí para crear y para aportar.

La libertad no significa desorden ni falta de compromiso; no significa pereza ni falta de responsabilidad, significa confianza y saber lidiar con nuevas formas de organización, con personas de diferentes generaciones que quieren un lugar para cumplir sus sueños.

Nadie quiere trabajar en una empresa aburrida y vieja, así que si tenemos la posibilidad de hacerla moderna no dejemos de luchar por ello.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 3 de junio de 2018

Aprendiendo de los grandes

Desde hace algunos años he tenido la curiosidad por conocer a los autores de libros o blogs que leo. Al tratarse de mis referentes procuro ir un poco más allá y entenderlos en otro contexto, conocerlos por dentro. Por esta razón, he logrado contactar a diversos autores que han influido de una forma decisiva en mi actividad profesional o en mi manera de pensar:

Álvaro González Alorda
Luis Huete
Gabriel Ginebra
Ash Maurya

Y más recientemente a algunos de mis bloguers favoritos como Javier Megías, Angel Alba, Xavier Ferraz, Xavier Marcet, Nestor Guerra, etc.

Hace un par de semanas tuve la fortuna de trabajar algunos días de cerca con Néstor Guerra, uno de los expertos en LeanStartup más reconocidos en el mundo, del que he difundido en cada uno de las ciudades y países donde trabajo una charla Ted de 14 minutos que para mi es espectacular (Ted Sevilla: ¿Porqué LeanStartup lo va a cambiar todo?). Siempre me cautivan aquellas personas que son capaces de explicar lo complejo en un lenguaje sencillo, y que suele suceder cuando el dominio y la maestría arrojan esa sencillez que solo un master en el tema puede lograr.

Creo que una de las virtudes que más admiro en mis autores favoritos es la autenticidad, el ser ellos mismos, el decir las cosas como las piensan sin buscar ser políticamente correctos lo que no siempre los hace los tipos más populares en los ambientes donde se mueven. A final de cuentas cuando generas algo nuevo, no buscar ganar un concurso de simpatía sino aportarle algo al mundo.

Todos ellos mis autores favoritos tienen algunas virtudes en común:
  • Originales
  • Auténticos
  • Perseverantes
  • Generosos
  • Atrevidos
  • Resilientes
  • Buenos comunicadores

Con ellos he aprendido que es necesario fallar, que la originalidad requiere del error y de esa capacidad de levantarse rápidamente para intentarlo nuevamente, así hasta que salga. Para ello es necesario tener un gran propósito: Aportarle algo valioso al mundo y compartirlo con los demás de una forma que son capaces de inspirar, de mover a la acción; sólo con inspiración lograremos mover a otros.

Muchas veces lograr el propósito requiere desafiar el status quo, meterse en temas donde se rompen paradigmas en la organización, en nuestros equipos de trabajo o incluso dentro de nuestra familia pero que son indispensables para defender eso “original” que hay dentro de cada uno. No dejar de escuchar esa voz interior que te deja ver que esa es tu vocación profesional, lo que te mueve, lo que inspira, lo que te hace dar un extra cuando es necesario.

Desafiar el status quo implica el riesgo de ser aplastado por sus defensores

Es lo normal, lo importante es saber dar las razones de lo que decimos y pensamos; las buenas ideas siempre se van abriendo buen camino

Seguiré alimentando esa sana costumbre de aprender de otros. También recientemente tuve la oportunidad de trabajar con otros colegas con los que compartimos conocimiento, innovadores como Esperanza Ricalde, Memo Muñoz, Uri Sarabia, Jorge Zavala, etc. para todos ellos infinitas gracias por compartir lo que saben pero sobre todo por compartirse ellos mismos.

Aprender de los grandes siempre implica una gran responsabilidad, porque el conocimiento es acumulativo y se va transformando aceleradamente con el tiempo. Aprender de los grandes implica aportar y crear a partir de lo recibido para entregarlo a otros con nuestras aportaciones. Hacerlo implica esfuerzo, horas de dedicación, y no me refiero a horas de rockstar emprendedor de andar en cuanto evento disponible exista. No implica horas de esfuerzo para estudiar, para crear, para crear prototipos, para mentorear, para ser un verdadero "doer y no sólo un talker".

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 27 de mayo de 2018

Los modelos de negocio caducan

Es común que el sueño dorado para muchos empresarios es que sus negocios funcionen sin su presencia, que puedan ir al golf, que le puedan dedicar más tiempo a lo que les gusta hacer y les enriquece el alma. 

Pareciera que ese es el mundo ideal, sin embargo, les tengo una noticia, los modelos de negocio caducan y sino tienen propuestas que vayan continuamente evolucionando sus modelos terminarán cerrando o siendo irrelevantes para sus clientes. Lo pongo como posibilidad porque siempre hay negocios que cuentan con la fortuna de mantenerse en el tiempo con éxito sin moverles casi nada.

Sin embargo, cada vez es más frecuente de negocios que terminan, de negocios que cierran, de otros que dejan de crecer, otros que dejan de ganar e incluso otros que se convierten en enfermos terminales que requieren respiración artificial, que han comenzado a vivir de las glorias pasadas.

Cuando son empresas familiares las crisis se vuelven más intensas porque el crecimiento de la familia hace que los negocios se tengan que multiplicar al 100% por cada familia nueva que tienen que mantener con el mismo nivel de vida. De esta forma, un pequeño empresario que sostenía con holgura a su familia, cuando se incorporen dos hijos (suponiendo que son dos) necesitará vender al menos dos veces más para sostener el mismo nivel de ingreso, con los mismos márgenes y así sostener el mismo nivel de gasto familiar. Crecer 200% en un país donde la economía crece al 2% requiere algo más que “echarle ganas”.

Como en los cuentos de pepito, esta historia tiene dos noticias, una buena y otra mala; al público le gusta comenzar siempre por la mala. Y pues la mala es de todos conocida, a todos nos llega el chino de turno, o si no es chino, se trata de esos personajes que están dispuestos a vender lo mismo que tú, pero más barato y cuando quieren reaccionar ya es demasiado tarde porque el momento de reacción llega casi siempre acompañado de una crisis. Bajan los ingresos, bajan los márgenes, se pierde participación de mercado, los empleados tienen resistencia al cambio y levantarse cuesta, cuesta mucho.

La buena (siempre hay buena) es que modificar la propuesta de valor siempre es posible, y si la empresa se mantiene con vida hay esperanza, pero requiere rediseñar su propuesta de valor, o en ocasiones reinventarse. Ese cambio, radical o no, requiere de un esfuerzo importante, primero para desprenderse de tantos paradigmas que acompañan nuestro actuar. Requiere salir de la comodidad para pensar nuevamente, para transformar la propuesta: producto, precios, canales, relación con clientes, modelo de pago, procesos, estructuras, capacidades instaladas, o la combinación de algunas de ellas o la combinación de todas, o en un caso extremo la alternativa siempre abierta de comenzar de nuevo.

Hoy vivimos en un mundo cambiante, en la que nuestros paradigmas se rompen una y otra vez, donde la realidad nos alcanza y el cambio forma parte ya de nuestro estilo de vida.  

Decía John M. Keynes: “La dificultad consiste, no en las nuevas ideas, sino en eliminar las antiguas, que se ramifican en cada rincón de la mente de quienes las han defendido a costa de todo”

El problema no esta en el cambio, ese no lo podremos detener, sino en la capacidad que tenemos para adaptarnos y reinventarnos de ser necesario y todo se vuelve más interesante cuando no sólo te adaptas sino lo provocas, tratando de ser original, de ser el primero que intenta algo.

Proponer y no esperar, acometer y no resistir, ser protagonista y no espectador ¿Qué rol quieres ocupar?

La única forma de mantener actual tu modelo de negocio es llevándolo a una continua transformación, en ocasiones serán cambios de forma, en otras serán revoluciones transformadoras, para el que esta continuamente en un proceso de cambio, esta situación se vuelve habitual, así es nuestro tiempo. Por esta razón, la innovación se ha convertido en un proceso fundamental para cualquier industria, la innovación tiene riesgo, pero es más riesgo no tenerla en cuenta para mantenernos vigentes con nuestros clientes.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 20 de mayo de 2018

¿Promueves el cambio o defiendes el status quo?

Es frecuente encontrarse con quejas, en la familia, en la empresa, en la sociedad, parece que a las personas nos cuesta ser felices y perdemos demasiado tiempo en quejas.

En ocasiones la realidad no nos gusta y tenemos dos opciones, nos quejamos o hacemos algo para cambiar el rumbo de las cosas. Sin embargo cambiar comportamientos profundamente arraigados es muy difícil y también desalentador, lo que empuja a mantener el status quo y adaptarnos, aún cuando eso nos haga infelices.

¿Puede un individuo cambiar las cosas? ¿Podría hacerlo yo?

Actuar sólo cuando planeamos que las cosas saldrán bien nos quita la posibilidad de intentar cosas nuevas, y en ocasiones la situación exige ser quienes somos, aún cuando el resultado parezca nebuloso, ¡Sólo así estaremos en posibilidades de cambiar el rumbo de los acontecimientos!

Pensar en un cambio implica el convencimiento de la posibilidad de cambiar y clarificar que en ocasiones los cambios requieren destruir lo anterior, ojalá y todos los cambios fueran tersos y paulatinos, pero si quieres un cambio real, profundo, la mayor parte de los casos no son temas fáciles, siempre hay damnificados.

Los cambios no son cómodos, a nadie nos gustan, pero en ocasiones son necesarios, de otra forma no hay avance. Instalarnos un poco más allá de la realidad permite que la imaginación proponga nuevos escenarios, se necesita ir más allá, lo evidente no siempre es lo más adecuado cuando se necesita cambiar.

Ya nos decía Roseau:

"El mundo de la realidad tiene sus límites, pero el mundo de la imaginación es ilimitado"

Si nos quedamos en la realidad nada cambiará, necesitamos meternos en el de la imaginación.

Para iniciar un cambio se requiere la inteligencia emocional suficiente para echarse encima a la organización y sino no se tiene el prestigio y el tamaño suficiente lo más probable es que la guillotina llegue antes que cualquier cambio. Sin embargo, es  un buen momento para la grandeza de un liderazgo que sepa leer cuando un cambio se requiere y que el status quo no es el mejor camino. Lo que diferencia a los líderes de verdad es que, a pesar de las dificultades se atreve a opinar y a proponer.

Los gerentes sin visión son demasiado reacios al riesgo, les da temor el cambio, les aterran las dificultares y prefieren calcular el riesgo de invertir en una mala idea para tener la justificación para decir que NO. Pero esto es común, tanto que si pensamos que podemos encontrarnos en esa situación conviene pedir ayuda para pedirle a otros colegas que nos ayuden a evaluar para matizar nuestro miedo y permitirnos ver con más claridad los posibles beneficios que podríamos obtener.

Los cambios fuertes requieren apóstoles, personas que sepan correr riesgos, que sepan evaluar los posibles beneficios y que sean capaces de comunicar de una forma inspiradora que el futuro puede ser mejor. Se necesitan unos cuantos gramos de imprudencia para saber mitigar el miedo y lanzarse, no se trata de promover la temeridad sino de provocar que los cambios se den. 

Para ser un buen “provocador” de cambios se requiere no sólo de ese convencimiento interior sino de un mínimo de liderazgo y prestigio porque de otra forma los demás no tomarán en cuenta lo que les dices. Al comienzo importa menos lo que dices, sino cómo lo dices y quien lo dice. Las personas que quieren impulsar un cambio que desafíe el status quo y que no tengan un mínimo de prestigio terminan aplastados

Cuando quieras provocar un cambio profundo requieres de un plan, en el cual preveas quienes pueden impulsar el cambio contigo, quienes son esos liderazgos informales o formales que lo apoyan y transmitir que tú estas comprometido con ello. Armar ese equipo permitirá revisar la táctica para buscar el momento más adecuado. 

Con tu convencimiento, el plan y el equipo adecuado el cambio podrá echarse a andar, no hay soluciones fáciles, ni tampoco resultados garantizados, pero sino corres el riesgo de comenzar nunca lo sabrás, y es mejor que te lamentes de algo que intentaste y no funcionó que algo que nunca hayas intentado.

En ocasiones defender el status quo es pactar con la mediocridad o bien con un esquema de muerte lenta. El cambio es inminente, quieras o no, te corresponde a ti definir el rumbo, no tomar la responsabilidad por los riesgos que esto implica es faltar a tu responsabilidad.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 13 de mayo de 2018

Rebeldes con causa

Para lograr grandes objetivos debemos estar dispuestos a correr algunos riesgos. Ir contra la corriente no es cómodo y en ocasiones los resultados pueden tardar en llegar.

Cuando era pequeño jugaba beisbol y solía ser por encargo de mi coach el robador de bases de mi equipo y me decía una frase que después descubrí que era de Wilkox:

"El progreso siempre implica riesgo. No es posible robarse la segunda base y mantener un pie en la primera"

Cuando corremos ciertos riesgos, la mayor parte de nosotros sigue la lógica de la consecuencia: ¿Qué producirá el mejor resultado? Pero los rebeldes se plantean algo diferente: ¿qué hace una persona como yo en esta circunstancia? Cuando usamos la lógica de la consecuencia siempre encontramos motivos para no perder riesgos, en cambio; la lógica de la de mirar hacia dentro de nosotros mismos nos libera del resultado y nos lleva a intentar lo que otros no harían.

Sin embargo, en las organizaciones, ser rebelde no es algo bien visto. La razón, es muy lógica, en la mayor parte de las organizaciones se promueve el consenso no la disidencia, de esta forma el pensamiento de grupo no permite otro tipo de opiniones que vaya en contra de las opiniones dominantes. No se trata de una rebeldía sin sentido, sino de ser rebeldes con causa, buscar nuevos caminos para obtener las metas o incluso superarlas.

Cuando en una organización se permean ciertas ideas hasta convertirse en leyes, escritas o no, la diversidad de pensamiento pasa a un segundo plano, incomoda y en algunos casos se intenta evitar. Sin embargo, cuando esto pasa, las organizaciones se privan de la reflexión, de renovar sus ideas, de renovar su foco, y comienzan por el camino del pensamiento único, que, en este tiempo de tantos cambios, las llevará a anquilosarse.

Los nuevos liderazgos deben fomentar esa sana disidencia, esa diversidad de pensamiento, ese enriquecimiento de los puntos de vista que nos lleve en todo momento a avanzar. Si embargo, los riesgos que fomenta el cambio y la ambigüedad no se dan de forma natural, lo natural es el sentimiento de grupo.

La clave esta en cómo fomentar un sentimiento de grupo fuerte y al mismo tiempo fomentar la disidencia, ¿no estaremos en posiciones contrapuestas e incompatibles? El único que esta capacitado y empoderado para fomentar ambas actitudes es el líder, por esa razón el primer convencimiento debe ser en el líder y en la convicción de renunciar a la tendencia a buscar aprobación de todos, a salir de la zona de confort para someter una y otra vez las decisiones al escrutinio de los demás.

Para tomar decisiones sabías y resolver problemas complejos los grupos necesitan de una pluralidad de ideas y de opiniones diversas que enriquezcan las posibilidades de actuación, la mentalidad de pensamiento único no permite pensar fuera de la caja.

¿Se puede entonces lograr un grupo cohesionado y que colabore aún a pesar del pensamiento divergente y de la disidencia? En el fondo pienso que sí, porque estamos unidos en el objetivo, en los propósitos, en los valores de la organización, pero los caminos para llegar a esas metas se pueden discutir porque cambian en función de las circunstancias.

Lo peor que puede pensar un líder de un grupo, es suponer que la disidencia cuestiona su liderazgo porque no es así, la discusión se plantea no sobre las personas sino sobre las ideas. Conviene huir del pensamiento único y darle la bienvenida a la disidencia, a los rebeldes con causa, porque cada vez que exista un problema o reto existirán diversas formas de resolverlos, escucharlas, analizarlas, estudiarlas permitirán apertura de mente. Fomentar la disidencia permite a las organizaciones avanzar, descubrir nuevos caminos, nuevas oportunidades.

Entre más posición tienen las personas más tienden a defender el status quo, porque intentar desafiarlo es correr riesgos, de esta forma no es fácil convertirse en un rebelde dentro de una organización. Hacerlo requiere tener cierta autoridad, de otra forma ese desafío se puede pagar muy caro, entonces ¿significa que los que tendrían que desafiar el status quo son los que tienen autoridad? Pues en cierto sentido si, sin autoridad, formal o informal es muy difícil desafiar el status quo.

Un rebelde con causa puede ser cualquiera en la organización, sin embargo, cuando el rebelde es el líder, todo se facilita. Y si el líder se da cuenta de que ese rol no es lo suyo, más le vale poner las condiciones adecuadas para fomentar esa divergencia en la forma en la que arma su equipo, en la forma en la que los incentiva, en la forma en la que permite esa divergencia que enriquece las organizaciones.

Las opiniones disidentes son muy útiles, aún cuando puedan ser equivocadas porque generan reflexión.

Las organizaciones sin esa sana disidencia, sin rebeldes con causa, entrará en el penoso camino de la muerte lenta, es un signo de nuestros tiempos, las organizaciones del siglo XXI son así, de nosotros depende adaptarnos a esta realidad o no. Fomenta las opiniones críticas, permite que las expresen, que forme parte de tu cultura.

Sin disidencia no hay diversidad, sin diversidad se pierde riqueza y sin ella perdemos la gran oportunidad de ver más allá de la ruta que ordinariamente caminamos. La diversidad nos da la riqueza necesaria para mantenernos siempre vigentes.

Jorge Peralta
@japeraltag

domingo, 6 de mayo de 2018

Antes te jubilabas a los 60´s ¿Y ahora?

Sin duda el mundo laboral ha cambiado, la tecnología ha venido a cambiarlo todo, muchas áreas se han automatizado y muchos de los empleos rutinarios del pasado se han cambiado por máquinas. La automatización de muchos procesos ha llevado a que muchas labores más complejas se simplifiquen y se requieran personas con una cualificación diferente.

En muchos casos esta “automatización” cambia las perspectivas de personas que llevaban mucho tiempo en las organizaciones, por eso es común encontrarse con personas sobre-calificadas para ciertas labores y que su gran experiencia hoy no sea tan apreciada.

Ante esto conviene preguntarnos ¿En qué desarrollaron experiencia? ¿En el conocimiento del cliente, de la industria y en la forma en la que la empresa resuelve nuevas necesidades? O más bien tienen muchos años haciendo lo mismo.

¡Debemos comprender que hoy en día no es lo mismo 10 años de experiencia que un año de experiencia repetido 10 veces!

Y esa situación no es culpa de las organizaciones, sino de personas que no supieron actualizarse constantemente. Hoy ya no es factible estudiar una carrera y jubilarse de aprender, hoy no se puede concebir la vida profesional sino es en un continuo aprendizaje. No me refiero solamente al aprendizaje formal de estar inscrito en alguna institución educativa, me refiero a las lecturas que permanentemente debemos traer a cuestas para mantenernos actualizados en nuestras áreas de conocimiento o bien explorando nuevas competencias que nos pueden ayudar mañana.

En la nueva economía ya no es tan valiosa la experiencia como la capacidad de aprendizaje. Por ejemplo, en el mundo de hoy aprender sobre tecnologías de la información, programación, otros idiomas es indispensable, el que no tenga una mínima idea de como funcionar en este mundo nuevo se queda obsoleto.

No podemos esperar que sean los gobiernos o las grandes empresas las que tomen cartas en el asunto, cada uno es dueño de su propio destino y necesita dedicar un espacio en su agenda para el estudio de forma permanente.

Lo usual era que antes los empleados se jubilaran al llegar a los 60 y ahora que la esperanza de vida ha crecido la edad productiva se esta alargando hasta los 70´s lo que exige incorporar nuevas competencias a las personas para mantenerse actuales. Y no me refiero que sepan usar plataformas tecnológicas como Millenialns, sino que tengan la capacidad de interpretar la realidad y proponer soluciones que otros puedas ejecutar. Ahí la experiencia, si se traduce en capacidad de análisis y diagnóstico será de mucha utilidad.

¿Tú te preparas para unos 60´s y 70´s productivos?

Jorge Peralta
@japeraltag

www.idearialab.com
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domingo, 29 de abril de 2018

Inspiración, transformación, innovación. Un trío que va siempre de la mano


Toda innovación implica un riesgo porque lleva a modificar el status quo y en la mayor parte de los casos es una minoría que reta a una mayoría que prefiere no cambiar. Esa minoría requiere en muchas ocasiones de ser inspirada para lograr sus metas; sin la inspiración, dar el primer paso puede ser una montaña inmensa y requerimos del apoyo de otros para vencer el miedo, para correr el riesgo para controlar nuestro miedo a la incertidumbre.

La inspiración es esa fuerza adicional que en ocasiones tiene un impulso externo que detona internamente la fuerza para vencer la resistencia a la acción. La inspiración tiene la capacidad de mover, de vencer los miedos, la pereza, la falta de recursos para lograr que la persona de un paso adelante para lograr sus objetivos. Si bien la pura inspiración no siempre es suficiente, contar con ella en los momentos de dificultad suele ser oro molido.

Luego entonces entenderemos la inspiración como ese impulso que recibe la persona como un estímulo espontáneo que mueve a la acción

Parece que la esencia del cambio de rumbo no depende del entrenamiento o de las capacidades normales, es una “fuerza” que nos lleva un poco más allá de las capacidades naturales, que perfecciona nuestra actuación o nos lleva a un cambio de rumbo al que naturalmente nos resistíamos por el esfuerzo que implica.

Esa fuerza requiere de nuestra disposición interior para no acallarla, al menos de estar abiertos a cuestionarnos si podemos dar más de lo que estamos dando, si estamos avanzando o estamos entrando en zona de confort, si nos exigimos para volar alto o estamos comenzando a volar bajito porque así nos sentimos más seguros.

Es tal el interés por la inspiración como tema de estudio que numerosas iniciativas alrededor del mundo lo han puesto como el centro de su actividad, como por ejemplo el coaching, libros de autoayuda, programas de radio, programas de capacitación, otras vertientes de empoderamiento cognitivo que buscan elevar el estado emocional de las personas comunes como un paliativo para disminuir sus frustraciones se han vuelto de uso común.

Sin embargo, vivimos en una cultura superficial que nos hace creer que las metas se pueden lograr sin esfuerzo, “baje de peso sin dietas y sin ejercicio” son recetas que reflejan la oferta que es comprada por muchas personas. Esta tendencia ha contribuido a la generación de encantadores de serpientes modernos que piensan que la inspiración será suficiente para resolver toda clase de problemas y la realidad no es tan simple. La inspiración es un gran apoyo pero no lo es todo.

Los cambios requieren de inspiración, porque implican un cambio de hábitos, implican esfuerzo y sin el impulso de una inspiración que mueva es muy difícil lograrlo, los miedos nos atrapan. Sin cambio de hábitos, la inspiración se vuelve efímera y sin efecto real en los resultados concretos, por eso es importante que la inspiración llegue al corazón, pase por la mente para hacerlo propio y racional para posteriormente llegar a las manos; inspiración que no te lleva a la acción es el mejor alimento para el desanimo y para generar una costra en el espíritu que la vuelve más reacia a cualquier cambio.

Necesitamos líderes que sepan llegar al corazón, pero necesitamos también apoyos para pasar de la emoción a la acción definiendo con claridad los impactos deseados, un método para lograrlos y una métrica para conocer los avances.

La inspiración nos hace mejores personas, nos hace avanzar, adquirir virtudes, nos permite inspirarnos y nos habilita las capacidades para también inspirar a otros, así que conforme pasa el tiempo en ocasiones se requiere inspirar y en ocasiones ser inspirado lo que lleva a que se alimente un circulo virtuoso de mejora constante.

En ambientes cambiantes la experiencia puede convertirse en una ruta que nos lleve a lugares donde no queremos, por ello es necesario analizar cada caso como único y reflexionar sobre la inspiración ¿Quién la necesita para moverse? ¿Quién estaría en condiciones de ofrecerla? Cada caso es único, porque las personas son únicas y requieres soluciones únicas, cada organización, cada persona lo requiere.

La inspiración requiere conocer al otro, amarlo en todas sus dimensiones, en ponerse en sus zapatos para entender con claridad como ayudarlo a lograr objetivos más grandes. Hace poco escuche de un discurso breve que la Madre Teresa de Calcuta tuvo en San Francisco, en el marco de una cumbre de liderazgo, cuentan que fue un discurso breve pero que conmovió a la audiencia:

“si quieren ver cambio en sus organizaciones necesitan conocer y amar a su gente, porque si no conocen a su gente no habrá confianza, y si no hay confianza la gente no asumirá riesgos, y si no asumen riesgos no habrá cambio”.
Madre Teresa

Si quieres un cambio verdadero la inspiración es un elemento indispensable. La inspiración mueve conciencias, logra cambios en las personas, lleva a un cambio de hábitos, transforma, comienza por el corazón pero te lleva necesariamente a la acción.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab