domingo, 15 de julio de 2018

Innovar es poner el futuro en la agenda presente

En muchas organizaciones se confunde el concepto de innovación con el de mejora continua. La mejora continua parte de las deferencias que tienen los KPi´s con las metas previstas del sistema de calidad; innovar es proponer cambios incrementarles o radicales a la oferta o al modelo de negocio para ofrecer más valor a los clientes y a la organización.

La mejora continua es un deber para cumplir lo prometido pero no para dejarnos ver en qué momento la promesa debe de cambiar.

En general los directivos de empresa trabajamos muchas horas y la mayor parte de esas horas las dedicamos a sacar nuestra operación diaria, reuniones, llamadas, viajes, presentaciones, todo el tiempo estamos frente a alguien y pasamos largas horas gestionando la obtención de números satisfactorios en nuestros KPi´s.

Lo ideal será que si hacemos ese trabajo medianamente bien, tendremos oportunidad para pensar, para levantar la mirada para pensar en el futuro y en que pasará con nuestra organización los siguientes 2 o 3 años. No se trata de meternos en un ejercicio de planeación con exceles donde de forma “muy precisa” intentamos vislumbrar los crecimientos y las utilidades de los siguientes meses y años; tu y yo sabemos que ésos son suposiciones, y que la realidad se comporta de una manera caprichosa independientemente de nuestra “planeación”

Necesitamos unas horas con cierta frecuencia y ritmo para analizar las oportunidades que logramos vislumbrar, aún cuando sabemos que esas rutas son nuevas e inciertas y por lo tanto incluyen un cierto nivel de incertidumbre y riesgo, el mejor momento para intentar, para explorar, es justo cuando estamos sanos, cuando el flujo nos permite delegar algunas de las funciones más operativas y entonces detenernos a pensar.

Pero que pasa si el flujo sigue apretado y no podemos dejar la operación, pues te diré que existen los trayectos y las noches y los ratos de soledad en los que estas contigo mismo para mirarte en los espejos de otras empresas exitosas en la reflexión del “¿Cómo podría……..?

No importa el tamaño de tu organización, no puedes soltar los hilos de la estrategia y las actividades clave. Entre más esbelto y más cercano a las decisiones relevantes será mejor, porque así mantendrás la flexibilidad y te alejarás de la burocracia que tanto daño hace a las organizaciones. El mejor directivo es el que le sabe sacar todo el jugo posible al presente sin cargarse el futuro; el que no exprime al cliente hoy no pensando en que regresará mañana a comprar de nuevo.

¿Cada cuándo dedicas unas horas para pensar?

¿Cada cuando te reúnes con tu equipo clave para comentar lo que piensan sobre el presente, sobre el futuro, sobre los retos, sobre sus equipos de trabajo?

No dejes que la operación te devore, dedícale un par de horas por semana, una tarde por mes, un día al semestre, un par de días al año para mirar el futuro. Tampoco quieras firmar los planes con sangre, todo se puede cambiar, todo se puede ajustar, es más, me atrevería decir que conviene desconfiar de aquellas planeaciones que se cumplen al pie de la letra, lo más probable es que te estés poniendo metas mediocres. Lo ordinario es que no todas nuestras “hipótesis” resulten ciertas y que convenga hacer todos los ajustes que sean necesarios.

Poner al futuro en la agenda presente y combinar esas dos realidades sin confundirlas porque cada una tiene su propia lógica. No olvides hacer las preguntas básicas, no quieras ser experto porque los expertos son buenos para la ejecución pero la confianza en lo que saben no les permite ver más allá de lo que han comprobado. La innovación en cambio requiere de ojos limpios, de la intención de remover lo necesario, de desconfiar hasta de la opinión propia, abiertos a lo que venga.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab 

domingo, 8 de julio de 2018

Eficacia, eficiencia y burocracia

No se a ustedes, pero esas definiciones confusas siempre me cuesta un poco de trabajo entenderlas. Lo mismo me pasaba hace años con los conceptos de misión y visión, tarde varios años en entenderlos. Creo que, en primer lugar, esas dificultades son principalmente mías, por falta de capacidades, pero en segundo lugar por la complejidad con la que son explicadas.

Con frecuencia las organizaciones vamos avanzando por los caminos de la complejidad buscando estructuras, procedimientos que nos den seguridad y para sistematizar el trabajo de tal forma que no se pierda el control. Todo esto suena estupendo, pero llega un momento en el que los procedimientos pueden asfixiar la organización y desviarla de su sentido original.

En la medida en la que las empresas van creciendo a los empresarios ( y no se si por influencia de las escuelas de negocio), les encantan los temas de políticas corporativas, los consejos, los comités, las juntas directivas y todo aquello que le de cierta solemnidad a la gestión de la organización como si ese sólo hecho las llevara a operar mejor, a ser mejores, a generar más dinero.

No estoy diciendo con ello, que los consejos son inútiles, participo en algunos de los que debo reconocer su aportación a la organización, principalmente en ayudar a la dirección y propietarios a ampliar su visión, salir de su zona de confort y prevenirlos contra ciertos riesgos reales. Muchas veces uno resulta ser un piloto miope de su propio barco.

Volviendo al punto, es un importante tener algunos conceptos claros para movernos en las arenas pantanosas del management corporativo:

Eficiencia es «hacer bien las cosas», es decir, hacer las cosas buscando la mejor relación posible entre los recursos empleados y los resultados obtenidos

Eficacia es «hacer las cosas correctas», es decir, hacer las cosas que mejor conducen a la consecución de los resultados. La eficacia tiene que ver con «qué» cosas se hacen.

En las actividades manuales propias de la era industrial la eficacia es un tema clave porque interesa la mejora de la productividad, hacer más con menos. Ahorrar tiempo, ahorrar dinero, ahorrar recursos, etc.

En cambio, en la era del conocimiento interesa más la eficacia, es decir, enfocarnos en lo correctoEn palabras de Drucker, «no hay nada más inútil que hacer de forma muy eficiente aquello que no debería hacerse en absoluto».

Hoy tendríamos que preguntarnos ¿Dónde esta nuestro propósito? ¿Qué nos mueve? Si lo que nos mueve es el propósito de la organización y si este propósito es compatible con el nuestro en lo personal, de otra forma podremos estar colaborando en la organización equivocada.

Solemos buscar eficiencia en temas que nos importan a nosotros pero que no aportan valor a la organización, como por ejemplo cuando decidimos mover una junta con un prospecto importante porque no es eficiente movernos a lo largo de la ciudad porque sería la única cita que tenemos y esta nos llevaría a cambiar nuestra agenda personal.

Conviene reflexionar en cuándo debemos trabajar en temas de eficiencia para mejorar alguna de las variables de lo que estamos haciendo y cuándo conviene reflexionar sobre el valor de lo que hacemos porque tal vez ya no es lo correcto ni lo más adecuado. Sin embargo ahí entra otro criterio tal vez difícil de visualizar: nuestro criterio debe ser nuestro beneficio o el beneficio de nuestro cliente; la respuesta es difícil pero el camino más seguro (no siempre el más corto) es poner el beneficio del cliente por delante y alinear nuestros objetivos con los del cliente para ganar dinero con ello.

¿Cómo organizarse cuando la empresa va creciendo en equipo? Debemos cuidar no caer en la burocracia corporativa, que nos lleva a gestionarnos como secretaria de estado o como una corporación cuando somos una docena de personas.

Si tu organización sufre de los siguientes síntomas, tal vez debas de reflexionar sobre el tema:
  • Planificaciones que no se siguen
  • Informes que no se analizan
  • Información que se debería compartir y esta dónde nadie la puede usar.
  • Políticas que no se siguen.
  • Directores que operan mucho y piensan poco.
Si tienes algunas de ellas ¿Será que estas demasiado centrado en la eficiencia y eres poco eficaz? Dedícale unas horas a pensar, si la preocupación principal de tu actividad es la de cumplir procedimientos y no la de agregar valor al cliente y a tu organización será una grave señal de que te estas desviando del camino.

Las empresas grandes tiene sus criterios, las pequeñas tienen los suyos. Existe una excesiva corporativización del pensamiento empresarial poniéndonos como modelo esquemas de gobierno corporativo que no siempre son la mejor opción para organizaciones en fase temprana o bien en organizaciones que su naturaleza las obliga a ser dinámicas.

Qué conviene hacer en cada momento y en cada circunstancia es un arte que requiere tiempo, conocimiento, foco y sentido común.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 24 de junio de 2018

Las crisis que se avecinan

Existe una tendencia a hablar sobre crisis, sobre lo difícil que se pondrá el ambiente empresarial en México a la luz del cambio de gobierno a partir de la elección del próximo domingo 1 de julio.

La llegada de un gobierno con corte populista adverso al ambiente empresarial ha dado para mucha tinta en los diarios y para minutos y más minutos de los analistas y los que saben.

Ciertamente la incertidumbre sobre los cambios posibles plantea prudencia, pero esa prudencia no significa inacción, significa ponderar muy bien las decisiones, tal vez con más detenimiento que si el escenario no cambiara de forma radical.

Nadie tiene bola de cristal ni podemos predecir lo que podrá pasar, sin embargo, una sola cosa es cien por ciento segura: tendremos que salir a trabajar de nuevo y encontrar oportunidades que SI sean posibles, gane quien gane, suceda lo que suceda. El 2 de julio tú y yo tendremos que salir a trabajar como de costumbre tratando de huir del ruido del sospechosismo y de la parálisis por análisis.

El abundante análisis de los predictores profesionales, así como de la comentocracia de turno, se fundamenta en ver los toros desde la barrera; dónde lo que más preocupa es el cambio del status quo, no el cambio y sus factores sino la modificación del status quo. No les preocupa si es mejor o peor la posibilidad de futuro, sino que las variables se cambien, que los actores sean otros, que el ambiente se complique y la confianza se detenga, que se rompan los esquemas conocidos; en pocas palabras lo que más preocupa es la incertidumbre.

Tantos estudios y análisis económicos vuelven a las personas más pesimistas, condicionan toda la oportunidad a lo que podría suceder en la macroeconomía. Porter los ha llevado a pensar que las fuerzas las condiciona en gran medida ese monstruo que se llama economía mundial y las personas poco tenemos por hacer; que la creación empresarial no depende de la mente de ciertas personas sino de los condicionamientos del entorno.

Es mucho más fácil ver lo que nos falta que lo que nos sobra. Debemos hacernos cargo que somos un país muy grande, más de 100 millones de personas que comen y viven todos los días; tenemos más de 20 ciudades con más de un millón de habitantes y grandes oportunidades de quienes quieren vivir con todas las comodidades de las zonas urbanas.

Centrarnos nuevamente en las operaciones de negocio (aquellas que dejan dinero). Dejar al menos para analizar tantas acciones que nos han recomendado que deben ser: comités, juntas directivas, estudios de mercado, redefinición de procesos, reestructuras porque alguien dice que así deben de hacerse y repensarlo todo.

Estas oportunidades donde nos dicen que todo cambiará serán nuevamente una oportunidad para cambiarlo todo, pero no por la moda que dicen por ahí, sino por lo que nosotros descubrimos en realidad que es bueno para la empresa, no necesariamente para nosotros y nuestra comodidad.

¡Qué difícil es salir de la comodidad cuando ya hemos entrado en ella!

Como dice mi buen amigo Gabriel Ginebra: “Muchos de los grandes problemas existen porque se han planteado y se resuelven cuando se dejan de plantear”

Volvamos a la esencia de lo verdaderamente importante para el cliente y para la organización; sacudámonos tantos paradigmas creados por el management que hemos aprendido en las escuelas, dejemos a un lado todo lo accesorio que no agrega valor, tengamos la valentía de cambiar todo lo que debamos de cambiar, aunque salgamos de la comodidad ganada.

Revisemos en nuestra organización si algunos instrumentos se han convertido en fines, dejemos de hacer tantas reuniones y juntas que mantienen a las personas ocupadas en el andamiaje corporativo y les queda poco tiempo para dedicarse al cliente y a lo importante. Prescindamos de burocracias y regresemos a las bases.

Huye de tanto blof, de tanta parafernalia corporativa, vuelve a las bases. Si las tienes claras, si sabes donde ganas, donde no ganas, donde debes gastar y donde no, el camino se vuelve más claro, no más fácil, pero si más claro para quien sabe hacía donde ir. Las crisis siempre son buenas porque te permiten pensar de nuevo, así que para delante, aprovecha la oportunidad si sucede para repensar esos paradigmas que tal vez te tienen atrapado.


Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 17 de junio de 2018

7 falacias con las que un emprendedor comúnmente se auto-engaña

Para emprender se requiere de un grado de optimismo más allá de lo normal, de otra forma no se entendería que se corran los riesgos inherentes a la actividad.

Cuando emprendes la adrenalina corre por las venas y tu visión de la realidad cambia, tiendes a ver oportunidades donde otros no ven nada. Suele suceder que tu optimismo se desborda de tal forma que tiendes a distorsionar la realidad, principalmente pensando que las cosas son más fáciles, más baratas y más rápidas de lo que realmente son.

Un amigo, suele decir, que los proyectos son como nuestros hijos, los vemos más guapos y listos de lo que realmente son.

Cuando emprendes sueles auto engañarte en algunos temas de vital importancia. Sueles engañarte en ciertos temas que introducen sesgos a tu toma de decisiones. Los sesgos son una distorsión de la realidad que nos lleva a creernos nuestras propias mentiras. Aquí quiero comentarte los más típicos:
  1. Falacia por exceso de planificación. Sucede cuando te engañas pensando que las cosas serán como tu quieres que sea, cuando la realidad es como es. Querer analizar los proyectos con un enfoque financiero partiendo de supuestos que no sea han validado permite llegar a conclusiones equivocadas. El Excel y el power point son maravillosos porque te permiten engañarte y hacer números alegres. Hacer un Business Plan en etapa temprana es la mejor forma de inventar números, que no sólo no son útiles, sino que facilitan los errores en la toma de decisiones.
  2. Falacia por Falso Consenso. Sucede cuando piensas que todo el mundo ve los problemas como tu los ves. Sueles extrapolar necesidades o problemáticas tuyas a un mundo que no tiene esos problemas ni ve la realidad como tu lo ves. Para salir de esas dudas tienes que investigar y ver si el mundo tiene esos u otros problemas. “Todo mundo toma café”, “todo se compra ahora por internet”, y un largo etcétera.
  3. Falacia por dedicación. Después de cierto tiempo trabajando en el mismo proyecto y habiendo recibido retroalimentaciones positivas de gente cercana comenzamos a cerrarnos a las opiniones contrarias o retrasamos el contacto con gente extraña que nos haga salir de la comodidad de nuestro ambiente. 
  4. Falacia del costo unitario. Hacer números y pensar que el precio debe ir en función del costo unitario actual, cuando en realidad el precio de venta esta fijado por el mercado y los costos terminan siendo una referencia que conviene analizar con detalle. En una etapa temprana el principal objetivo es el aprendizaje y no la rentabilidad.
  5. Falacia de la experiencia. Cuando alguien tiene amplia experiencia en áreas funcionales de grandes empresas no garantiza que su conocimiento se aplique a proyectos en fase temprana. No es lo mismo ejecutar que descubrir.
  6. Falacia del dimensionamiento del mercado objetivo. También se conoce comúnmente como la Falacia del 1%. Seguramente habrás escuchado a un emprendedor emocionado comentar: “la necesidad es tan grande y tantos millones de personas con ese problema que con que nos quedemos con el 1% del mercado será un gran negocio. En muchos proyectos, las limitaciones no son de tamaño de mercado sino de acceso y de diferenciación, así como de capacidades internas para aprovecharlos en fase temprana. Mientras no se mida con mayor claridad el mercado objetivo que el proyecto puede alcanzar en fase temprana y se deje volar la imaginación con datos estadísticos demográficos nacionales, se harán cuentas alegres que sólo distorsionan la realidad.
  7. Falacia de la necesidad de capital. Existe una fascinación por las startups de recibir capital, y no deja de ser sumamente atractivo recibir inversión, el problema real radica en que todo debe ser a su debido tiempo. Si el capital llega antes de tiempo, antes de validar y pivotear el modelo de negocio aterrizado en la realidad, es probable que el dinero lejos de ayudar los desenfoque. El capital siempre será bienvenido, pero a su debido tiempo, principalmente cuando ya se tenga claro que se hará con él.

La pregunta será: ¿Cómo salir de estas dudas? ¿Cómo evitar caer en estos sesgos? ¿Cómo salir del riesgo del autoengaño?

La respuesta es fácil de entender, pero difícil de hacer: Tratando de leer la realidad, de entender qué es lo que realmente el cliente busca y si tenemos una propuesta verdaderamente diferencial. Sin experimentar a través de prototipos, aprender de los usuarios y pivotear con los aprendizajes, salir de esta situación es imposible. 

Nos quedan dos opciones: o tenemos una intuición fuera de serie y mucha suerte para atinarle sin experimentar o bien somos sensatos y armamos un plan de investigación para salir de dudas y no dejarnos engañar con estas 7 falacias que son de lo más común.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 10 de junio de 2018

La empresa moderna

Una empresa moderna es aquella donde los empleados tienen la oportunidad de ser emprendedores. Se trata de impulsar sus ideas, de hacerlas realidad, de permitirles aportar al futuro de la organización y en su caso, si tienen esa vocación participar de los riesgos del resultado.

Esas nuevas ideas pueden o no ir de la mano con la operación actual y será necesario trabajar con ellas para decidir si conviene o no ejecutarlas en la organización o si son unas estupendas ideas para echarlas a andar de forma independiente.

El tema es dejar la puerta abierta, para que ellos puedan proponer todas las oportunidades que van descubriendo en el camino. Pero eso requiere que las personas tengan los ojos abiertos y una disciplina para no dejarse llevar por las querencias sin el rigor del análisis. Estar abiertos al error y a que nuestras ideas puedan resultar un fracaso y a que posiblemente cuesten tiempo y dinero.

Que difícil es estar abiertos en la organización para los riesgos, casi siempre cuando las empresas crecen quieren hacerlo en un entorno predecible, sin conflicto y sin cuestionarse el status quo.

En definitiva una empresa moderna necesita varios elementos:
  • Un ambiente adecuado para la creación.
  • Tiempo para crear.
  • Un proceso para proponer y experimentar.
  • Personas exigentes consigo mismas que colaboren.
  • Compartir la visión de largo plazo.

No es fácil desprenderse de un tiempo exprofeso que los colaboradores tengan para crear, mientras sigas pensando que les pagar por horas, estarás cuidando los centavos y perdiendo los pesos ¿Cómo le hacemos para que ese empleado lleve su idea a la práctica?
¿Y si no se ajusta a ninguna de las líneas actuales? ¿Qué hacemos con la idea, y qué hacemos con el empleado? Todas esas son preguntas que en su momento se deben responder pero que lo más conveniente será participar de alguna forma del fruto de las ideas a sus creadores. No existen recetas únicas, dependerá de la persona, de la empresa y de las circunstancias específicas.

Pero no sólo es responsabilidad de la empresa un ambiente adecuado sino también de empleados responsables que con generosidad vean más allá de la simple quincena. La retribución por un trabajo y la aportación que cada persona hace al conjunto de la organización es un tema muy difícil de valorar con justicia y con efectividad.

La línea entre la justicia y la efectividad es una línea muy tenue que conviene plantearse en cada caso particular, sin prejuicios y con el mejor ánimo de sumar y de compartir. Siempre que nos encontremos en una encrucijada en estos temas lo mejor es pensar en que debemos ser generosos, dar siempre más allá de lo que consideramos que es justo, eso también va construyendo una cultura adecuada para el largo plazo.

Los viejos esquemas laborales se hicieron en el siglo pasado cuando los trabajos creativos no existían como los concebimos ahora; la movilidad, la tecnología, la mente de obra en lugar de mano de obra, han cambiado la lógica del trabajo. Ahora no hablamos de horas sino de responsabilidades, no hablamos de un lugar sino de un espacio; muchas cosas han cambiado, muchas cosas cambiarán, sin embargo, el talento seguirá ahí para crear y para aportar.

La libertad no significa desorden ni falta de compromiso; no significa pereza ni falta de responsabilidad, significa confianza y saber lidiar con nuevas formas de organización, con personas de diferentes generaciones que quieren un lugar para cumplir sus sueños.

Nadie quiere trabajar en una empresa aburrida y vieja, así que si tenemos la posibilidad de hacerla moderna no dejemos de luchar por ello.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 3 de junio de 2018

Aprendiendo de los grandes

Desde hace algunos años he tenido la curiosidad por conocer a los autores de libros o blogs que leo. Al tratarse de mis referentes procuro ir un poco más allá y entenderlos en otro contexto, conocerlos por dentro. Por esta razón, he logrado contactar a diversos autores que han influido de una forma decisiva en mi actividad profesional o en mi manera de pensar:

Álvaro González Alorda
Luis Huete
Gabriel Ginebra
Ash Maurya

Y más recientemente a algunos de mis bloguers favoritos como Javier Megías, Angel Alba, Xavier Ferraz, Xavier Marcet, Nestor Guerra, etc.

Hace un par de semanas tuve la fortuna de trabajar algunos días de cerca con Néstor Guerra, uno de los expertos en LeanStartup más reconocidos en el mundo, del que he difundido en cada uno de las ciudades y países donde trabajo una charla Ted de 14 minutos que para mi es espectacular (Ted Sevilla: ¿Porqué LeanStartup lo va a cambiar todo?). Siempre me cautivan aquellas personas que son capaces de explicar lo complejo en un lenguaje sencillo, y que suele suceder cuando el dominio y la maestría arrojan esa sencillez que solo un master en el tema puede lograr.

Creo que una de las virtudes que más admiro en mis autores favoritos es la autenticidad, el ser ellos mismos, el decir las cosas como las piensan sin buscar ser políticamente correctos lo que no siempre los hace los tipos más populares en los ambientes donde se mueven. A final de cuentas cuando generas algo nuevo, no buscar ganar un concurso de simpatía sino aportarle algo al mundo.

Todos ellos mis autores favoritos tienen algunas virtudes en común:
  • Originales
  • Auténticos
  • Perseverantes
  • Generosos
  • Atrevidos
  • Resilientes
  • Buenos comunicadores

Con ellos he aprendido que es necesario fallar, que la originalidad requiere del error y de esa capacidad de levantarse rápidamente para intentarlo nuevamente, así hasta que salga. Para ello es necesario tener un gran propósito: Aportarle algo valioso al mundo y compartirlo con los demás de una forma que son capaces de inspirar, de mover a la acción; sólo con inspiración lograremos mover a otros.

Muchas veces lograr el propósito requiere desafiar el status quo, meterse en temas donde se rompen paradigmas en la organización, en nuestros equipos de trabajo o incluso dentro de nuestra familia pero que son indispensables para defender eso “original” que hay dentro de cada uno. No dejar de escuchar esa voz interior que te deja ver que esa es tu vocación profesional, lo que te mueve, lo que inspira, lo que te hace dar un extra cuando es necesario.

Desafiar el status quo implica el riesgo de ser aplastado por sus defensores

Es lo normal, lo importante es saber dar las razones de lo que decimos y pensamos; las buenas ideas siempre se van abriendo buen camino

Seguiré alimentando esa sana costumbre de aprender de otros. También recientemente tuve la oportunidad de trabajar con otros colegas con los que compartimos conocimiento, innovadores como Esperanza Ricalde, Memo Muñoz, Uri Sarabia, Jorge Zavala, etc. para todos ellos infinitas gracias por compartir lo que saben pero sobre todo por compartirse ellos mismos.

Aprender de los grandes siempre implica una gran responsabilidad, porque el conocimiento es acumulativo y se va transformando aceleradamente con el tiempo. Aprender de los grandes implica aportar y crear a partir de lo recibido para entregarlo a otros con nuestras aportaciones. Hacerlo implica esfuerzo, horas de dedicación, y no me refiero a horas de rockstar emprendedor de andar en cuanto evento disponible exista. No implica horas de esfuerzo para estudiar, para crear, para crear prototipos, para mentorear, para ser un verdadero "doer y no sólo un talker".

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 27 de mayo de 2018

Los modelos de negocio caducan

Es común que el sueño dorado para muchos empresarios es que sus negocios funcionen sin su presencia, que puedan ir al golf, que le puedan dedicar más tiempo a lo que les gusta hacer y les enriquece el alma. 

Pareciera que ese es el mundo ideal, sin embargo, les tengo una noticia, los modelos de negocio caducan y sino tienen propuestas que vayan continuamente evolucionando sus modelos terminarán cerrando o siendo irrelevantes para sus clientes. Lo pongo como posibilidad porque siempre hay negocios que cuentan con la fortuna de mantenerse en el tiempo con éxito sin moverles casi nada.

Sin embargo, cada vez es más frecuente de negocios que terminan, de negocios que cierran, de otros que dejan de crecer, otros que dejan de ganar e incluso otros que se convierten en enfermos terminales que requieren respiración artificial, que han comenzado a vivir de las glorias pasadas.

Cuando son empresas familiares las crisis se vuelven más intensas porque el crecimiento de la familia hace que los negocios se tengan que multiplicar al 100% por cada familia nueva que tienen que mantener con el mismo nivel de vida. De esta forma, un pequeño empresario que sostenía con holgura a su familia, cuando se incorporen dos hijos (suponiendo que son dos) necesitará vender al menos dos veces más para sostener el mismo nivel de ingreso, con los mismos márgenes y así sostener el mismo nivel de gasto familiar. Crecer 200% en un país donde la economía crece al 2% requiere algo más que “echarle ganas”.

Como en los cuentos de pepito, esta historia tiene dos noticias, una buena y otra mala; al público le gusta comenzar siempre por la mala. Y pues la mala es de todos conocida, a todos nos llega el chino de turno, o si no es chino, se trata de esos personajes que están dispuestos a vender lo mismo que tú, pero más barato y cuando quieren reaccionar ya es demasiado tarde porque el momento de reacción llega casi siempre acompañado de una crisis. Bajan los ingresos, bajan los márgenes, se pierde participación de mercado, los empleados tienen resistencia al cambio y levantarse cuesta, cuesta mucho.

La buena (siempre hay buena) es que modificar la propuesta de valor siempre es posible, y si la empresa se mantiene con vida hay esperanza, pero requiere rediseñar su propuesta de valor, o en ocasiones reinventarse. Ese cambio, radical o no, requiere de un esfuerzo importante, primero para desprenderse de tantos paradigmas que acompañan nuestro actuar. Requiere salir de la comodidad para pensar nuevamente, para transformar la propuesta: producto, precios, canales, relación con clientes, modelo de pago, procesos, estructuras, capacidades instaladas, o la combinación de algunas de ellas o la combinación de todas, o en un caso extremo la alternativa siempre abierta de comenzar de nuevo.

Hoy vivimos en un mundo cambiante, en la que nuestros paradigmas se rompen una y otra vez, donde la realidad nos alcanza y el cambio forma parte ya de nuestro estilo de vida.  

Decía John M. Keynes: “La dificultad consiste, no en las nuevas ideas, sino en eliminar las antiguas, que se ramifican en cada rincón de la mente de quienes las han defendido a costa de todo”

El problema no esta en el cambio, ese no lo podremos detener, sino en la capacidad que tenemos para adaptarnos y reinventarnos de ser necesario y todo se vuelve más interesante cuando no sólo te adaptas sino lo provocas, tratando de ser original, de ser el primero que intenta algo.

Proponer y no esperar, acometer y no resistir, ser protagonista y no espectador ¿Qué rol quieres ocupar?

La única forma de mantener actual tu modelo de negocio es llevándolo a una continua transformación, en ocasiones serán cambios de forma, en otras serán revoluciones transformadoras, para el que esta continuamente en un proceso de cambio, esta situación se vuelve habitual, así es nuestro tiempo. Por esta razón, la innovación se ha convertido en un proceso fundamental para cualquier industria, la innovación tiene riesgo, pero es más riesgo no tenerla en cuenta para mantenernos vigentes con nuestros clientes.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab