domingo, 19 de agosto de 2018

¿Qué es el emprendimiento corporativo?

La mayor parte de las empresas buscan su crecimiento, y por esa razón la innovación se ve como una opción para lograrlo.

Todos tenemos ideas, y las podemos convertir en proyectos, pero eso no es equivalente a innovar. Para innovar se requiere que esos proyectos tengan objetivos que realmente lleven a la organización a otra instancia, al aprovechamiento de oportunidades que los lleven más allá de sus límites actuales.

Existe una gran cantidad de literatura sobre innovación, pero en la mayor parte de los casos son teóricas en exceso o se convierten en manuales de autoayuda donde se nos pinta a unos superhéroes que vencen toda adversidad y que tiene como fin el hacernos ver que si es posible aspirar a sueños más altos pero que no ofrecen una ruta clara y concreta respecto de como innovar con mayores posibilidades de éxito.

Para que un proyecto verdaderamente funcione con cierto nivel de éxito, se requiere de algo más que motivación y teoría, de un camino que nos permita convertir esas ideas en un proceso de cambio real que impacte en la forma en la que se genera valor y en la manera en la que una organización se organiza internamente para entregarlo, de acuerdo con la promesa que le han ofrecido a sus clientes. Pasar del discurso a la acción, pasar del deberíamos de... a lo hacemos así y lo medimos de esta forma.

Cuando hablamos de innovación, se trata de un proceso que lleva a la organización a construir nuevas ventajas competitivas, que generen un valor adicional a sus clientes o usuarios. Para ello se requiere una visión clara de lo que se quiere hacer y capacidades de ejecución para convertir la visión en acciones concretas para lograrlo.

En algunos casos, organizaciones establecidas están adoptando algunos conceptos más propios de los emprendedores para el desarrollo de sus ideas, con la intención de fallar rápido y barato. Sin embargo, no siempre es factible para una organización salirse de la operación ordinaria para “crear” o echar a volar ideas nuevas, es ahí donde el concepto de emprendimiento corporativo tiene cabida.

El emprendimiento corporativo es el proceso a través del cual, las organizaciones desarrollan nuevos productos, nuevos servicios, experiencias de usuario, nuevas líneas de negocio o incluso incuban nuevas organizaciones.

El problema no es tener ideas, lo difícil es que sean buenas ideas y todavía más difícil es tener la capacidad de ejecutarlas exitosamente. Este proceso no siempre es factible desarrollarlo en forma paralela a la operación y por esta razón, es necesario que el desarrollo de los proyectos no se mezcle con la operación porque usualmente suceden dos fenómenos:

  • Los proyectos son poco disruptivos en relación a lo que la empresa ya esta haciendo
  • Los proyectos avanzan lentamente porque le dedican el tiempo que le sobra a la operación y tardan tanto que pueden perder impacto cuando terminan.

El emprendimiento corporativo es un camino para que dentro de la misma organización se construya un futuro con una visión renovada. Se logra cuando existe una intencionalidad muy clara desde los que tienen el poder de decisión, de correr riesgos prudentes para impulsar la construcción de diferenciadores claros para ponerlos en el liderazgo de su sector, así como las decisiones correctas para hacer realidad la promesa.

Para impulsar este tipo de iniciativas siempre serán necesarios recursos y en muchos casos la incorporación de tecnología, pero lo que resulta indispensable, es contar con un equipo de personas que tengan un perfil innovador que posibilite el desarrollo y puesta en marcha de los proyectos. Será necesario que un pequeño equipo dentro de las organizaciones que funcione como catalizador y gestor de estas iniciativas de forma diferenciada de la operación para que tenga el foco correcto.

Adicionalmente este equipo requerirá de ciertos elementos que harán posible que el emprendimiento corporativo se convierta en una realidad:

1)   Equipo catalizador enfocado en el desarrollo de proyectos
2)   Estrategia de innovación
3)   Metodología, herramientas y métricas
4)   Espacio físico adecuado
5)   Presupuesto con cierto nivel de autonomía.

El emprendimiento corporativo permite explorar nuevas oportunidades de negocio fuera de los límites de la organización, tomando mayores riesgos sin poner en peligro la marcha del negocio actual. Se podría decir que es el mejor escenario, una visión renovada fuera de los límites actuales de la operación, que permitirá grandes avances más ambiciosos, con unos riesgos medidos y mayores posibilidades de efectividad.

Pensar con una visión ambiciosa sobre el futuro requiere de una mente que aprenda a correr ciertos riesgos con prudencia. Innovar puede ser riesgoso, pero no hacerlo es fatal.

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab

domingo, 12 de agosto de 2018

Presencialidad o virtualidad ¿Qué conviene?

En ocasiones pareciera que es un tema generacional. Una hipótesis es pensar que las personas más jóvenes gustan de lo virtual y las maduras de lo presencial; sin embargo, tal vez no es una cuestión de edad sino de ocasión, algunas actividades requieren presencialidad y otras no, algunas requieren de algo más que la acción concreta, requieren de una comunicación más personal, aquello que llamamos inspiración.

Inspirar requiere algo más que la simple transmisión de ideas. Inspirar consiste en provocar ciertas emociones en las personas que las estimulan a hacer algo con las ideas recibidas, principalmente a tomar decisiones sobre su actuación. Inspirar te lleva a realizar algo que no habías visto con anterioridad o que no habías tenido la voluntad de actuar. De tal forma que el conocimiento en si mismo no lleva a la acción sin la inspiración.

¿Qué necesitamos para provocar esa inspiración?

Sin duda el mensaje es vital porque es ahí donde se transmiten las idas y también las emociones, las herramientas visuales permiten suplir la presencialidad, escuchar una charla Ted en YouTube logra transmitir el mensaje y provocar emociones en quienes la escuchamos. Sin embargo, quien la imparte no puede interactuar más con quienes los escuchan, no somos capaces de recoger impresiones y hacer la comunicación de dos vías.

La tecnología permite la colaboración a distancia y eso trae grandes ahorros de tiempo, esfuerzo y dinero a las organizaciones que tenemos que sacarle el máximo jugo y nos lleva a reflexionar también sobre la irrelevancia de tantas reuniones con tu equipo de trabajo o con clientes, quedarnos con la sensación de que lo mismo se hubiera logrado con una llamada telefónica o con una videoconferencia. ¿Será que ya se ha superado la presencialidad? ¿Qué ya no necesitamos vernos cara a cara? ¿Qué da lo mismo reunirnos en equipo o no para discutir algún punto?

Convendría usar un filtro cada vez que tenemos la decisión de provocar o no una reunión física en la que amerite reunirnos y sea posible hacerlo:
  • ¿Es relevante el tema a tratar? Porque si la respuesta es NO, no conviene verse ni físico ni virtualmente.
  • ¿Sería suficiente hacerlo en un formato no presencial?
  • ¿Las personas tienen esa capacidad de comunicar para darle un valor a la presencialidad?
  • Conviene encontrar el lugar adecuado y el momento adecuado dependiendo de la ocasión

Hay ciertos temas, principalmente los que son importantes para los interlocutores que será necesaria la presencialidad, porque se requiere de esa cercanía, de ese sentir al otro cerca, de darse un apretón de manos o un abrazo, porque en ocasiones también es necesaria esa comunicación más directa que con la virtualidad no se logra.

Hay situaciones que requieren de una conversación cara a cara, y que de ora forma no lograríamos transmitir todo lo que traemos dentro. Debemos lograr vencer la pereza y el miedo para buscar esas conversaciones que nos hacen falta, o las que pensamos que le hacen falta a los demás, porque de otra forma no le sacaremos todo el jugo posible.

Nuestro tiempo obliga a una reflexión entre la necesidad de la presencialidad para lograr toda la inspiración posible y la necesidad de la virtualidad para ganar en agilidad e inmediatez. Cada situación requiere de instrumentos específicos, no dejarnos llevar por la costumbre y de la comodidad de la virtualidad. Pensar en cada situación particular como lograremos el máximo impacto.

Huye de la irrelevancia, trata de transmitir mensajes con valor, logra la mayor inspiración posible cada que lo requieras y después decide en cada ocasión el mejor camino para lograrlo.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab


domingo, 5 de agosto de 2018

¿Tus retos están a la altura de tu talento?

Una de las situaciones que más enriquece al hombre es la convicción del valor que genera su actividad, sino fuera de esta forma, tendría motivos suficientes para la frustración.

Sentirse útil, darse a los demás, aportar algo, puede ser dicho de distintas formas, pero en última instancia se trata de generar algo valioso; sin embargo, esa “valiosidad”, no la debe medir quien realiza la actividad sino los que reciben el beneficio.

La satisfacción por generar valor tiene un impacto importante en la actitud de las personas y su fundamento radica en dos variables que deben estar íntimamente conectadas, el reto al que se somete una persona y talento que tiene para enfrentarlo. Digo conectados porque el reto debe ir en la proporción al talento de la persona. 

A mayor reto se requiere más talento; si las personas atienden retos que están en sintonía con su talento provocará que la persona vuelque todo su interés y termine apasionado por su actividad, redundando en dar más allá de lo ordinario. Cuando las personas trabajan con retos sensiblemente menores a su talento terminarán en una actitud de apatía.

Hace algunos años, leyendo un artículo de un de mis gurús (Luis Huete) que hacía una reflexión sobre los retos de las personas talentosas tome un cuadro que busque simplificarlo para facilidad de mi entendimiento, e intentar explicar cómo el hecho de meterse en una zona de confort no depende exclusivamente del talento de las personas sino de los retos que se vayan poniendo.


En la medida en que una persona talentosa se va poniendo retos a su altura, el apasionamiento surge porque la persona tiende a dar lo mejor de sí; en cambio cuando una persona no se pone retos relevantes o acaba desempeñando una actividad que no lo reta suficientemente entra en la zona de relajación que lo meterá por un camino de rutina que es la puerta de entrada a la zona de confort.

Cuando una persona no tiene talento suficiente para el reto que se le está planteando, posiblemente entre en un estado de ansiedad que le impida dar su mejor versión; de la misma forma cuando escasea el talento y además no se proponen retos mínimos, las personas pueden entrar en un estado de apatía que los lleve a un estado de círculo vicioso del que no se saldrá hasta que no se haga consciente de ello.

¿Porqué será tan importante para las personas ponerse retos de acuerdo a su talento? Incluso si es posible elegir siempre convendrá ponerse retos por encima del talento para provocar un sano crecimiento; los retos siempre te llevan a más. El reto es un disparador del intelecto y de la emotividad que nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos, a superarnos, a avanzar siempre más allá; sin ellos se nos introduce el virus del conformismo que es el comienzo del envejecimiento del alma.

Seas quien seas, te dediques a lo que te dediques, tengas la edad que tengas, si no provocas que tu talento de lo mejor de sí a través de retos que lo hagan crecer terminarás metiéndote por caminos de mediocridad. Recordé aquel viejo de dicho que dice: “ si decides subir en bicicleta, si dejas de pedalear te caes”.

Siempre es buen momento para preguntarte si te estás poniendo retos a la altura de tu talento, de cuestionarte si tu actividad profesional te plantea los retos necesarios o bien si necesitas cambiar de actividad o reinventarte, o si no tienes otro remedio, ponerte un reto en una actividad lateral como un deporte o un hobbie. 

Ponerse retos siempre depende de ti.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab 

domingo, 29 de julio de 2018

Primero la empatia, después la tecnología. La trampa de la productividad

Estoy convencido que es indispensable tener claridad de los problemas que queremos resolver, antes que contar con grandes soluciones tecnológicas que buscan problemas por resolver. De otra forma suele ser común que las personas no siempre queramos hacer lo que la tecnología nos permite. Si bien la tecnología suele ir por delante en muchos temas, si ésta no nos lleva a mejorar lo que nosotros queremos mejorar es un esfuerzo vacío.

Grandes sistemas que no necesitamos, grandes computadoras con capacidades inmensas de las que sólo usamos Word, Excel y power point, que rápidamente llegan a su obsolescencia sin haberles sacado fruto, es también un tema recurrente en muchos profesionales. Algunas personas quieren el último iPhone no porque exploten su capacidad sino por estar a la moda.

Antes de cualquier cambio, antes de cualquier proyecto, antes de cualquier compra de tecnología (software o hardware) nuestra pregunta clave debería ser: ¿Para qué? De otra forma caeremos en el terrible territorio de las modas, de adoptar tecnologías e incluso formas de operar que no siempre nos vienen bien, que no siempre parten de una decisión personal.

La labor directiva consiste esencialmente en decidir sobre el futuro, aprovechando al máximo nuestras capacidades para el logro de nuestros objetivos. Sin embargo, es fácil perder la mirada y adoptar modas porque perdemos de vista el punto central: generar valor para nuestros clientes, nuestros colaboradores, nuestros aliados, nuestros socios y para nosotros mismos. Necesitamos no perder de vista el bosque al concentrarnos en el árbol, y no perdernos en el bosque sin mirar el árbol.

Cualquier estrategia consiste en mirar en futuro y definir el mejor camino para llegar allá, es una combinación de presente y futuro que la labor directiva exige. Tomando decisiones de futuro gestionando en el presente, vivir en un mundo dual que no siempre es bien comprendido. Lo ordinario es maximizar el presente cargándose el futuro, pero la responsabilidad alguien que hace cabeza en una organización es cuidar ambos mundos.

Esa palabra tan básica en ocasiones pierde significado porque nos volvemos complejos, sofisticados y buscamos valor de una forma rebuscada pensando en obtenerlo dónde no lo hay. Para ello necesitamos ponernos en los zapatos de las personas a las que queremos servir; nos queremos quedar con su dinero, pero hagámoslo por el camino reglamentario que es dándoles algo valioso y obteniendo valor para nosotros mismos.

Siempre me ha gustado la iconografía del “regalo” que se usa para representar a una propuesta de valor, nada más adecuado que algo que le damos al cliente para sorprenderlo con algo más de lo que espera a cambio de lo que nos da. Lograr que se quede con esa sensación de que ha pagado poco por lo que ha recibido. Y lograr eso no es fácil, requiere de generosidad, de ayudarlos a que perciban más porque en el fondo ¡Les damos más! Lo importante es que el equilibrio funcione, que por cada unidad de valor que les ofrecemos, recibamos algo más.

Ponernos en los zapatos de los demás, de los usuarios es la clave para dar en el clavo y acertar en sorprenderlos con un regalo valioso. Pero eso requiere de desprendernos de nuestros puntos de vista, de estar dispuestos a aprender de nuevo cada vez, de no dejarnos llevar por nuestros puntos de vista y estar abierto a nuevos aprendizajes, no importando nuestra edad y condición.

La productividad y la eficiencia se pueden convertir en una trampa cuando lo hacemos pensando solamente en la parte de la ecuación donde cuidamos nuestro tiempo y nuestros recursos, perdiendo de vista la percepción de valor de quien pretendemos servir. Si tu productividad y eficiencia no generan más valor, no te sirven para nada útil, sino que restan a la ecuación de valor.

Esa productividad y eficiencia puede ser potencializada por la tecnología, pero si no tenemos claro para qué la queremos, su razón de ser, lo único que provocará es ayudarnos a perder el foco más rápido.

Siempre que pienses en cómo buscar más productividad en tu actividad reflexiona antes de actuar, si eso que ganas, mayor tiempo o dinero o capacidades, te sirve para generar más valor de tus usuarios y si esto va de la mano con tus objetivos; te aseguro que en más de una ocasión descubrirás que estas equivocado.

En ocasiones, lo más adecuado para tu cliente, para tus compañeros, para tus colaboradores y para tu familia es el ser profundamente “improductivo”, dejando de pensar en lo que te conviene a ti, para pensar en lo que les conviene a ellos. 

¡¡Cuidemos el no volvernos expertos en productividad de lo que no importa!!

Cuando tengas claro dónde generas valor, es momento de pensar en la tecnología que terminará siendo con dos objetivos, si, como lo oyes, sólo dos objetivos: Mejorar la experiencia de tus usuarios y maximizar su percepción de valor, o bien, incrementar la eficiencia de tu operación. Estas dos grandes ventajas palidecen si comienzas a pensar en ellas sin antes tener claro lo importante: entender dónde generas valor.

La clave de la eficacia esta en aprender a desprendernos de nuestras opiniones, de nuestras comodidades, de nuestros gustos, de nuestras preferencias para poner en primer lugar a las personas a las que pretendemos servir, entendiendo primero cuáles son sus preferencias y posteriormente actuando en consecuencia. Ahora si, después de tenerlo claro, usar la tecnología para lograr lo que hemos decidido en conjunto con nuestros objetivos antes, más y mejor.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 15 de julio de 2018

Innovar es poner el futuro en la agenda presente

En muchas organizaciones se confunde el concepto de innovación con el de mejora continua. La mejora continua parte de las deferencias que tienen los KPi´s con las metas previstas del sistema de calidad; innovar es proponer cambios incrementarles o radicales a la oferta o al modelo de negocio para ofrecer más valor a los clientes y a la organización.

La mejora continua es un deber para cumplir lo prometido pero no para dejarnos ver en qué momento la promesa debe de cambiar.

En general los directivos de empresa trabajamos muchas horas y la mayor parte de esas horas las dedicamos a sacar nuestra operación diaria, reuniones, llamadas, viajes, presentaciones, todo el tiempo estamos frente a alguien y pasamos largas horas gestionando la obtención de números satisfactorios en nuestros KPi´s.

Lo ideal será que si hacemos ese trabajo medianamente bien, tendremos oportunidad para pensar, para levantar la mirada para pensar en el futuro y en que pasará con nuestra organización los siguientes 2 o 3 años. No se trata de meternos en un ejercicio de planeación con exceles donde de forma “muy precisa” intentamos vislumbrar los crecimientos y las utilidades de los siguientes meses y años; tu y yo sabemos que ésos son suposiciones, y que la realidad se comporta de una manera caprichosa independientemente de nuestra “planeación”

Necesitamos unas horas con cierta frecuencia y ritmo para analizar las oportunidades que logramos vislumbrar, aún cuando sabemos que esas rutas son nuevas e inciertas y por lo tanto incluyen un cierto nivel de incertidumbre y riesgo, el mejor momento para intentar, para explorar, es justo cuando estamos sanos, cuando el flujo nos permite delegar algunas de las funciones más operativas y entonces detenernos a pensar.

Pero que pasa si el flujo sigue apretado y no podemos dejar la operación, pues te diré que existen los trayectos y las noches y los ratos de soledad en los que estas contigo mismo para mirarte en los espejos de otras empresas exitosas en la reflexión del “¿Cómo podría……..?

No importa el tamaño de tu organización, no puedes soltar los hilos de la estrategia y las actividades clave. Entre más esbelto y más cercano a las decisiones relevantes será mejor, porque así mantendrás la flexibilidad y te alejarás de la burocracia que tanto daño hace a las organizaciones. El mejor directivo es el que le sabe sacar todo el jugo posible al presente sin cargarse el futuro; el que no exprime al cliente hoy no pensando en que regresará mañana a comprar de nuevo.

¿Cada cuándo dedicas unas horas para pensar?

¿Cada cuando te reúnes con tu equipo clave para comentar lo que piensan sobre el presente, sobre el futuro, sobre los retos, sobre sus equipos de trabajo?

No dejes que la operación te devore, dedícale un par de horas por semana, una tarde por mes, un día al semestre, un par de días al año para mirar el futuro. Tampoco quieras firmar los planes con sangre, todo se puede cambiar, todo se puede ajustar, es más, me atrevería decir que conviene desconfiar de aquellas planeaciones que se cumplen al pie de la letra, lo más probable es que te estés poniendo metas mediocres. Lo ordinario es que no todas nuestras “hipótesis” resulten ciertas y que convenga hacer todos los ajustes que sean necesarios.

Poner al futuro en la agenda presente y combinar esas dos realidades sin confundirlas porque cada una tiene su propia lógica. No olvides hacer las preguntas básicas, no quieras ser experto porque los expertos son buenos para la ejecución pero la confianza en lo que saben no les permite ver más allá de lo que han comprobado. La innovación en cambio requiere de ojos limpios, de la intención de remover lo necesario, de desconfiar hasta de la opinión propia, abiertos a lo que venga.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab 

domingo, 8 de julio de 2018

Eficacia, eficiencia y burocracia

No se a ustedes, pero esas definiciones confusas siempre me cuesta un poco de trabajo entenderlas. Lo mismo me pasaba hace años con los conceptos de misión y visión, tarde varios años en entenderlos. Creo que, en primer lugar, esas dificultades son principalmente mías, por falta de capacidades, pero en segundo lugar por la complejidad con la que son explicadas.

Con frecuencia las organizaciones vamos avanzando por los caminos de la complejidad buscando estructuras, procedimientos que nos den seguridad y para sistematizar el trabajo de tal forma que no se pierda el control. Todo esto suena estupendo, pero llega un momento en el que los procedimientos pueden asfixiar la organización y desviarla de su sentido original.

En la medida en la que las empresas van creciendo a los empresarios ( y no se si por influencia de las escuelas de negocio), les encantan los temas de políticas corporativas, los consejos, los comités, las juntas directivas y todo aquello que le de cierta solemnidad a la gestión de la organización como si ese sólo hecho las llevara a operar mejor, a ser mejores, a generar más dinero.

No estoy diciendo con ello, que los consejos son inútiles, participo en algunos de los que debo reconocer su aportación a la organización, principalmente en ayudar a la dirección y propietarios a ampliar su visión, salir de su zona de confort y prevenirlos contra ciertos riesgos reales. Muchas veces uno resulta ser un piloto miope de su propio barco.

Volviendo al punto, es un importante tener algunos conceptos claros para movernos en las arenas pantanosas del management corporativo:

Eficiencia es «hacer bien las cosas», es decir, hacer las cosas buscando la mejor relación posible entre los recursos empleados y los resultados obtenidos

Eficacia es «hacer las cosas correctas», es decir, hacer las cosas que mejor conducen a la consecución de los resultados. La eficacia tiene que ver con «qué» cosas se hacen.

En las actividades manuales propias de la era industrial la eficacia es un tema clave porque interesa la mejora de la productividad, hacer más con menos. Ahorrar tiempo, ahorrar dinero, ahorrar recursos, etc.

En cambio, en la era del conocimiento interesa más la eficacia, es decir, enfocarnos en lo correctoEn palabras de Drucker, «no hay nada más inútil que hacer de forma muy eficiente aquello que no debería hacerse en absoluto».

Hoy tendríamos que preguntarnos ¿Dónde esta nuestro propósito? ¿Qué nos mueve? Si lo que nos mueve es el propósito de la organización y si este propósito es compatible con el nuestro en lo personal, de otra forma podremos estar colaborando en la organización equivocada.

Solemos buscar eficiencia en temas que nos importan a nosotros pero que no aportan valor a la organización, como por ejemplo cuando decidimos mover una junta con un prospecto importante porque no es eficiente movernos a lo largo de la ciudad porque sería la única cita que tenemos y esta nos llevaría a cambiar nuestra agenda personal.

Conviene reflexionar en cuándo debemos trabajar en temas de eficiencia para mejorar alguna de las variables de lo que estamos haciendo y cuándo conviene reflexionar sobre el valor de lo que hacemos porque tal vez ya no es lo correcto ni lo más adecuado. Sin embargo ahí entra otro criterio tal vez difícil de visualizar: nuestro criterio debe ser nuestro beneficio o el beneficio de nuestro cliente; la respuesta es difícil pero el camino más seguro (no siempre el más corto) es poner el beneficio del cliente por delante y alinear nuestros objetivos con los del cliente para ganar dinero con ello.

¿Cómo organizarse cuando la empresa va creciendo en equipo? Debemos cuidar no caer en la burocracia corporativa, que nos lleva a gestionarnos como secretaria de estado o como una corporación cuando somos una docena de personas.

Si tu organización sufre de los siguientes síntomas, tal vez debas de reflexionar sobre el tema:
  • Planificaciones que no se siguen
  • Informes que no se analizan
  • Información que se debería compartir y esta dónde nadie la puede usar.
  • Políticas que no se siguen.
  • Directores que operan mucho y piensan poco.
Si tienes algunas de ellas ¿Será que estas demasiado centrado en la eficiencia y eres poco eficaz? Dedícale unas horas a pensar, si la preocupación principal de tu actividad es la de cumplir procedimientos y no la de agregar valor al cliente y a tu organización será una grave señal de que te estas desviando del camino.

Las empresas grandes tiene sus criterios, las pequeñas tienen los suyos. Existe una excesiva corporativización del pensamiento empresarial poniéndonos como modelo esquemas de gobierno corporativo que no siempre son la mejor opción para organizaciones en fase temprana o bien en organizaciones que su naturaleza las obliga a ser dinámicas.

Qué conviene hacer en cada momento y en cada circunstancia es un arte que requiere tiempo, conocimiento, foco y sentido común.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 24 de junio de 2018

Las crisis que se avecinan

Existe una tendencia a hablar sobre crisis, sobre lo difícil que se pondrá el ambiente empresarial en México a la luz del cambio de gobierno a partir de la elección del próximo domingo 1 de julio.

La llegada de un gobierno con corte populista adverso al ambiente empresarial ha dado para mucha tinta en los diarios y para minutos y más minutos de los analistas y los que saben.

Ciertamente la incertidumbre sobre los cambios posibles plantea prudencia, pero esa prudencia no significa inacción, significa ponderar muy bien las decisiones, tal vez con más detenimiento que si el escenario no cambiara de forma radical.

Nadie tiene bola de cristal ni podemos predecir lo que podrá pasar, sin embargo, una sola cosa es cien por ciento segura: tendremos que salir a trabajar de nuevo y encontrar oportunidades que SI sean posibles, gane quien gane, suceda lo que suceda. El 2 de julio tú y yo tendremos que salir a trabajar como de costumbre tratando de huir del ruido del sospechosismo y de la parálisis por análisis.

El abundante análisis de los predictores profesionales, así como de la comentocracia de turno, se fundamenta en ver los toros desde la barrera; dónde lo que más preocupa es el cambio del status quo, no el cambio y sus factores sino la modificación del status quo. No les preocupa si es mejor o peor la posibilidad de futuro, sino que las variables se cambien, que los actores sean otros, que el ambiente se complique y la confianza se detenga, que se rompan los esquemas conocidos; en pocas palabras lo que más preocupa es la incertidumbre.

Tantos estudios y análisis económicos vuelven a las personas más pesimistas, condicionan toda la oportunidad a lo que podría suceder en la macroeconomía. Porter los ha llevado a pensar que las fuerzas las condiciona en gran medida ese monstruo que se llama economía mundial y las personas poco tenemos por hacer; que la creación empresarial no depende de la mente de ciertas personas sino de los condicionamientos del entorno.

Es mucho más fácil ver lo que nos falta que lo que nos sobra. Debemos hacernos cargo que somos un país muy grande, más de 100 millones de personas que comen y viven todos los días; tenemos más de 20 ciudades con más de un millón de habitantes y grandes oportunidades de quienes quieren vivir con todas las comodidades de las zonas urbanas.

Centrarnos nuevamente en las operaciones de negocio (aquellas que dejan dinero). Dejar al menos para analizar tantas acciones que nos han recomendado que deben ser: comités, juntas directivas, estudios de mercado, redefinición de procesos, reestructuras porque alguien dice que así deben de hacerse y repensarlo todo.

Estas oportunidades donde nos dicen que todo cambiará serán nuevamente una oportunidad para cambiarlo todo, pero no por la moda que dicen por ahí, sino por lo que nosotros descubrimos en realidad que es bueno para la empresa, no necesariamente para nosotros y nuestra comodidad.

¡Qué difícil es salir de la comodidad cuando ya hemos entrado en ella!

Como dice mi buen amigo Gabriel Ginebra: “Muchos de los grandes problemas existen porque se han planteado y se resuelven cuando se dejan de plantear”

Volvamos a la esencia de lo verdaderamente importante para el cliente y para la organización; sacudámonos tantos paradigmas creados por el management que hemos aprendido en las escuelas, dejemos a un lado todo lo accesorio que no agrega valor, tengamos la valentía de cambiar todo lo que debamos de cambiar, aunque salgamos de la comodidad ganada.

Revisemos en nuestra organización si algunos instrumentos se han convertido en fines, dejemos de hacer tantas reuniones y juntas que mantienen a las personas ocupadas en el andamiaje corporativo y les queda poco tiempo para dedicarse al cliente y a lo importante. Prescindamos de burocracias y regresemos a las bases.

Huye de tanto blof, de tanta parafernalia corporativa, vuelve a las bases. Si las tienes claras, si sabes donde ganas, donde no ganas, donde debes gastar y donde no, el camino se vuelve más claro, no más fácil, pero si más claro para quien sabe hacía donde ir. Las crisis siempre son buenas porque te permiten pensar de nuevo, así que para delante, aprovecha la oportunidad si sucede para repensar esos paradigmas que tal vez te tienen atrapado.


Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab