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domingo, 28 de octubre de 2018

¿Cómo podría dar valor a aquello que mis clientes todavía no saben expresar?

Los modelos de negocio son un perecedero, se afectan por el medio ambiente y en el tiempo acaban por avejentarse, en algunos casos pueden requerir cirugía o en algunos otros requieren reinventarse porque de otra forma necesariamente morirán.

Vivimos en un mundo cambiante, la vida de los productos se ha acortado y es necesario reflexionar sobre el rumbo hacía el cuál la organización debe moverse. Es evidente que el punto de partida siempre debe ser el usuario final, es él quien pondrá su dinero para que la maquina de nuestra cadena de valor funcione; sin embargo debemos convencernos de que no siempre es lo que el cliente nos dice, en ocasiones será necesario descubrir aquellas cosas que aún sin pedirlo, conocemos que son relevantes para él.

Tenemos dificultad en gestionar nuestras organizaciones ante un escenario cambiante, antes teníamos la sensación de que podríamos planificar mejor, pero ahora resulta que el mundo cambia más rápido que nuestra velocidad en planificar. Planificar sirve cuando el cambio externo no cambiará tan rápido como nuestra velocidad para cambiar hacia dentro, pero cuando no es así, la tarea de planear debe hacerse bajo otros esquemas más dinámicos.

Cuando te cambia el contexto, aquellas cosas que te han dado beneficio históricamente ya no te son tan útiles, incluso me atrevería a decirte que en ocasiones te estorban un poco y es necesario contar con nuevos elementos que nos pongan en posición de la preferencia de los usuarios, sin embargo para ir más allá de las lógicas incrementales es necesario correr ciertos riesgos. 

Para innovar ya no basta la experiencia, ni el conocimiento sino la capacidad para tomar ciertos riesgos en la acción, porque innovar no es un tema de saber es un tema de hacer. Seamos serios, no es fácil sustituir los modelos de negocio y pasar de las palabras a los hechos, los planes debemos traducirlos a hechos con personas concretas y revisar la forma en como vamos a gestionar los riesgos, porque todo cambio tiene los suyos.

Hoy es evidente que los que están liderando el mundo no son lo que lo han hecho toda la vida, son los que han visionado una evolución en el consumidor y se adelantan a la realidad que viven. Necesitamos responden a la pregunta: 

¿Cómo podría dar valor a aquello que mis clientes todavía no saben expresar?

Pensar así tiene su riesgo porque es adelantarse a la realidad; no hablamos de reaccionar a las quejas de los clientes, sino ir por aquello que todavía no me saben expresar. Hay que adelantarse, generar valor y luego diferenciarse, pero es innegable que todo ello genera tensión porque no es fácil avanzar por la vida sin referencias. 

Aprendamos a descubrir aquellas cosas que no son evidentes, a ponernos en los zapatos de los clientes para entenderlos, para conocerlos a profundidad, tanto que sepamos intuir sus movimientos y adelantarnos a aquellas cosas que sabemos que les generan valor, aún antes de que nos la pidan. 

Para innovar se requiere autenticidad, compromiso, pasión, más transversalidad que silos verticales que suelen existir en las organizaciones tradicionales, y liderazgo, que logren mover a la organización y que principalmente logren cambiar la forma de pensar de la gente y su forma de comportarse, para que poco a poco se convierta en algo natural, en parte del ADN de la empresa

Introducir nuevas ideas es muy difícil porque las inercias nos ganan y vencer la pereza es algo complicado, porque el cambio no es natural, porque preferimos repetir lo que nos funciona bien, porque estar al pendiente de los clientes y sus cambios implica un esfuerzo que no es fácil de sostener. Y como esta claro que el esfuerzo es importante, más vale que sea para pensar en grande, de otra forma, tanto esfuerzo no valdrá la pena.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 14 de enero de 2018

Preguntas mágicas para innovar: ¿Cómo podríamos? ¿Qué tal si...?

Debemos recordar que cuando hablamos de innovación se requiere combinar dos elementos fundamentales: un cambio que mejora lo que existe y que tiene la aceptación de un usuario que está dispuesto a pagar por ello. Sin esos dos elementos, estaremos hablando de ciencia o de una mejor gestión, pero no estamos hablando de innovación en la que se debe dar la fórmula: cambio + mejor experiencia + monetización.

Es verdad que en los últimos años se le ha dado formalidad a la documentación de estos procesos de cambio, históricamente el cambio ha existido en las organizaciones, tal vez no le llamaban de la misma forma, pero el mundo ha cambiado todo el tiempo, en todas las épocas, en todos los sectores. La diferencia radica en que el cambio ahora es más acelerado y los cambios ahora son provocados no por una guerra o crisis, como sucedía en los siglos anteriores, es provocado por el avance en la tecnología y el conocimiento.

Sin embargo, las preguntas claves siguen siendo las mismas:

¿Qué tal sí...?, ¿Cómo podríamos?

Cuestionarnos, ser curiosos, ver problemas no resueltos, pero para eso hace falta ser concreto, los problemas no pueden resolverse en lo teórico, deben explorarse y analizarse de forma concreta, con personas reales.

Ese proceso de búsqueda de oportunidades comienza observando dos realidades:

Observando a la gente y siguiendo de cerca los avances tecnológicos, y así poder imaginar cómo resolver problemas que el usuario tiene o siente y no tiene alternativas para resolverlo; o bien en positivo, cumplir deseos que parecen hasta el momento, imposibles.

Marta Domínguez, en su estupendo artículo Tsunami Digital publicado el año pasado en la HBR(y en su blog the-i-thread.com/devanando_el_hilo) señala que existen 3 posibles marcos de exploración cuando se está desarrollando una innovación:
  • Cambiar o adaptar lo que no funciona. Tomando una realidad que ya funciona y observar aquellos puntos susceptibles de mejora desde la perspectiva del usuario: mejoras al producto, mejoras a su experiencia, mejoras a todo aquello que le permita disfrutar mejor de aquel bien.
  • Encontrar nuevas formas de hacer las cosas. Este es un planteamiento más radical porque no se trata de mejorar lo que hay sino de resolverlo de una forma distinta. La inspiración para esa “nueva forma distinta” más vale que surja de un lugar más seguro, como podría ser ponerse en los zapatos del usuario para definir con mayor simpleza sin aquello que al cliente no le importa y que se ha incorporado por inercia o porque así le conviene al que lo ofrece y no al que lo compra.
  • Ampliar el acceso a ciertos mercados. Existen productos que por su naturaleza o precio sólo se han enfocado a ciertos segmentos, cuando se busca romper las barreras y hacer accesible un producto a otros mercados se rompen barreras.


La innovación va contra la inercia de lo establecido y para ello siempre tendremos a la mano esas dos palancas maravillosas que con capaces de cuestionarlo todo: ¿Cómo podríamos? ¿Qué tal si…?

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab