sábado, 28 de enero de 2017

La mejor barda es una economía que crece

Nuestro gran reto es hacer crecer nuestra economía en los tiempos del muro. Que esta crisis sea un motivo para enfocarnos en nuestro crecimiento y pongamos todo nuestro esfuerzo en hacernos cargo de nuestro destino. Hemos perdido muchas oportunidades, esta puede ser de los últimos carros del tren del desarrollo.

Ya lo decía el día de ayer Carlos Slim, la mejor barda son inversiones, crecimiento económico y oportunidades de empleo. Una economía creciente que genera empleo será un imán que evitarán los deseos de muchos miles de personas en irse para buscar un mejor futuro para sus familias, un futuro que desafortunadamente no han encontrado en su propia tierra.

Hoy mas que nunca tenemos la gran oportunidad de darle la vuelta, de avanzar cada uno en lo nuestro para poner un grano de área para construir un mejor país del que todos estemos orgullosos. La tarea no es sencilla pero si implicará un cambio radical en nuestra forma de involucrarnos en los temas públicos y en la forma de mirarnos a nosotros mismos.

Muchas veces he sentido la repulsión hacia un gobierno que limita la actividad económica buscando a toda costa recaudar más, aún cuando en ello lastime la actividad de muchas empresas, principalmente en las pequeñas que son las que necesitarían más apoyo.

También siento repulsión por un gobierno sobre estructurado y lleno de burocracia donde además abundan políticos que ven en su actividad un medio para enriquecerse indebidamente o por lo menos usando información privilegiada para beneficiarse.

Me causa gran enojo convivir con buenas personas que al verse beneficiadas de su relación con el poder viven en una hipocresía rampante que les impide una posición más comprometida con su país.

Todos aquellos que tenemos influencia social no podemos ser espectadores, el país nos URGE en un rol de más protagonismo, no vamos a tener otra oportunidad como esta para hacer la tarea:

Fortalecer la unidad nacional
Enfocarse en mejorar radicalmente la educación pública.
Sacar a la corrupción de nuestra cultura.
Poner los candados necesarios y el respeto al estado de derecho para acabar con políticos corruptos.
Disminuir el gasto corriente adelgazando al Estado.
Favorecer la actividad económica

Las circunstancias nunca son favorables, debemos convertirlas en favorables, nadie hará el trabajo por nosotros, también en estos tiempos de muro tenemos todo para salir adelante.

Todavía ayer leía a personas muy preparadas criticando a Slim, algunos de ellos se referían peyorativamente a él, diciendo que “no era empresario, que era un vendedor de la merced” como si eso fuera una ofensa. Me duele ver que se cumple aquello de que el peor enemigo de un mexicano es otro mexicano. Debemos aprender a reconocer el éxito, a que sea posible que admiremos y reconozcamos el talento de nuestros compatriotas, hoy más que nunca debemos colaborar y ser conscientes que solo nos tenemos a nosotros mismos.

Me lastima los que hablan mal de nosotros, pero no dejo de pensar si algunos de esos adjetivos en realidad nos los hemos ganado a pulso y debemos no solo enojarnos sino poner los medios para corregir.

Hace algunos años decidí dedicar parte de mi actividad a atender jóvenes emprendedores a desarrollar sus propias empresas, convencido de que es una labor social que tendrá un impacto real en la economía y por lo tanto en el desarrollo. He insistido en mi relación con varias escuelas de negocios de gran prestigio en Latinoamérica que deben priorizar la formación de empresarios y no solo directivos para grandes empresas, el país lo reclama.

Sueño con un país en el que ser empresario no sea mal visto, sino que se reconozca que existen personas dispuestas a arriesgar su patrimonio para generar riqueza y ganar todos con esa actividad. Hoy mucho jóvenes prefieren ser futbolistas, funcionarios públicos o narcos porque “esos ganan más” y es una realidad que debemos cambiar.

Si se llegan a dar las deportaciones de mexicanos, seguramente regresarán más capacitados y muchos de ellos tendrán posibilidades de arrancar negocios en sus localidades. Por otra parte se abrirán muchas oportunidades para sustituir importaciones, o para aprovechar esta buena intención de comprar productos mexicanos. Estamos ante un desafío que nos hará mucho bien como sociedad, tal vez por los motivos no correctos, pero a la larga provocará más unión en nuestra sociedad.

Como muchos me he reído con los memes, buscaré comprar más productos nacionales y evitaré viajes a Estados Unidos mientras gobierne Trump, pero ¿no podremos hacer algo más? Tenemos que pasar de la protesta a la acción, ya pensaste ¿Qué es lo que tú vas a hacer? No te quedes indiferente, te necesitamos a ti también. Trabajando juntos y enfocados, Trump se la va a pelar y nosotros vamos a ganar.

Jorge Peralta
@japeraltag


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sábado, 21 de enero de 2017

Innovadores: un "peligro" para la organización

Hace unos días intercambie mensajes con un buen amigo sobre la diversidad de pensamiento y su impacto en las organizaciones. El compartía un artículo en el que se comentaba de que la diversidad de pensamiento aporta un ingrediente básico para que las organizaciones se conviertan en creativas y flexibles.

Ante una pregunta expresa mía de porque entonces no era siempre bien vista la diversidad de pensamiento, el buen Jorge Llaguno me respondía de una forma brillante que me dejo pensando en los siguientes días:

“Se opone a la visión centralista (y materialista) que heredamos de Taylor y la Primera Revolución Industrial (quizá incluso desde los caudillos que describe Weber): pensar distinto del grupo se ve como amenaza a la unidad y quizá hasta traición. Por eso Christensen explica la dificultad que tienen los grandes corporativos para innovar...”

Tiene mucha razón, los innovadores se ven como tipos peligrosos porque ponen en riesgo la unidad e incluso pueden ser vistos como traidores para la causa común del grupo. Sin embargo también es evidente que esa actitud defensiva va alejando a las organizaciones de la realidad que vive la sociedad a la que pretenden servir.

Centrarse en el producto y no en cliente, centrarse en la cobranza y no en las ventas, centrarse en el control y no en las personas, centrarse en el resultado y no en el objetivo es una tendencia que sucede cuando perdemos el rumbo y dejamos de tener presente la razón de ser de cualquier persona u organización.

Centrarse en los medios y no en los fines convierte a quienes tienen el deber de dirigir en simples capataces cuidadores de que todo marche de acuerdo a lo establecido cancelando la posibilidad de pensar y en última instancia de disentir. Esta situación trae graves consecuencias tanto a quien tiene el encargo de dirigir como para la organización misma ya que se cuida el hoy pero se pierde el futuro, provocando un inmovilismo que en el entorno actual se vuelve un verdadero cáncer.

A toda organización le conviene tener algunos locos que piensan distinto, que ponen en jaque al status quo, que se atreven a proponer, a disentir, en pocas palabras que se dan el permiso de pensar y de aportar. Esos “locos” podrán encontrar terreno fértil cuando los liderazgos entienden que el talento debe gestionarse de una forma distinta; que no ponen en riesgo la unidad si aprenden a escuchar y están abiertos a que la visión se amplíe y se ajuste para mantenerse vigentes y mantenerse en el liderazgo de cualquier actividad.

Pensar es gratis, conviene hacerlo más seguido o al menos no impedir a quien lo quiere ejercitar aún cuando se vea un panorama distinto al que ven los demás.

Jorge Peralta
@japeraltag
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sábado, 14 de enero de 2017

La mejora continua tiene su límite

Hace unos meses dialogaba con la directora de una escuela de negocios respecto a organizar un taller de innovación en el que invitaríamos 10 empresas de dos participantes cada una donde los llevaríamos a una reflexión sobre la necesidad de innovar y de desarrollar nuevas líneas de negocio.

Le atraía terriblemente el dejar por una jornada la rigidez del método del caso para provocar una reflexión interna de cada uno de los equipos de trabajo participantes sobre sus propia empresa y no aprender en “cabeza ajena” entendiendo la problemática y posibles soluciones de una empresa en la que no sabíamos si se sentirían identificados.

Sin embargo, también le preocupaba lo que ella le llamaba “ el punto de partida” ¿Cómo le haríamos para analizar los datos de cada empresa para organizar la sesión? ¿Cuál sería el análisis previo que haríamos de la realidad de cada empresa? No entendía que para Design Thinking no es relevante en análisis profundo de datos sino entender las razones del cliente para su consumo y diseñar una oferta en función de ello, luego entonces comparar que tanto estamos alejados hoy de ese futuro que queremos.

¡Si nos aferramos al punto de partida, no vamos a llegar muy lejos!

Datos, datos, pareciera que siempre queremos datos que nos permitan entender la realidad a la luz de los resultados pasados. Si bien son una guía muy clara de lo que ha pasado, su análisis nos permitirá entender el pasado y el comportamiento del cliente bajo cierta estrategia y cierto entorno pero no nos limita respecto a lo que queremos suceda en el futuro.

Anclarnos en el pasado no nos llevará demasiado lejos y nos apega a ciertos paradigmas respecto a lo que se puede y no se puede, a lo que se debe o no se debe, a lo que siempre ha funcionado de esa forma y nos resistimos a romper con el status quo.

Nunca he visto un análisis de datos que por si mismo detone la innovación, más bien esa resulta de hacernos la pregunta:

¿Cómo podríamos?

Si cada vez que nos enfrentamos a un problema o que vemos una gran oportunidad o que nos damos cuenta que el cliente quiere una cosa distinta a la que hoy le damos pero nos da miedo cambiar deberíamos hacernos esa pregunta: ¿Cómo podríamos…….? Pero antes necesitamos completar la frase, no se trata de un Cómo podríamos que busque satisfacer mi curiosidad o mis intenciones, sino como podríamos resolver una problemática o aprovechar una oportunidad.
No me gustan mucho las clasificaciones de las organizaciones porque siempre son reduccionistas y la cabeza da cada director de empresa es un mar sin orillas, sin embargo me atrevería a hacer una pequeña clasificación muy sencilla:

Existen organizaciones centradas hacia dentro de ellas mismas y hacia su pasado; en cambio existen otras que están con su mirada en el futuro y mirando hacia fuera de ellas mismas buscando como reinventarse. Un equilibrio siempre será adecuado, tomar lo mejor de si mismo pero estar abiertos a cambiar cada vez que sea oportuno. No aferrarse a las formas porque comenzaremos la ruta hacia la obsolescencia.

Existe una confusión profunda entre innovación y mejora continua, para muchos ya hacen con mejorar cada día y meterse en el cumplimiento estricto de su plan de calidad que les señala desviaciones en las que tienen que trabajar. Eso es mucho pero también es poco, el camino de la mejora continua no te llevará a un ligar distinto cuando a veces es lo requerido.

Afinar un vocho lo podrá hacer el mejor vocho no convertirlo en un ferrari

Más que analizar datos, debemos comenzar por escuchar, por entender a los clientes, por entender a los colaboradores, por entender a los accionistas, por entender a todas las partes y descubrir algo que quieran con todas sus fuerzas y estén dispuestos a pagar por ello, si lo logramos estaremos dando un paso importante para construir una propuesta de valor poderosa.

Los datos son útiles siempre y cuando nos permitan entender la situación actual pero no determinan el futuro no definen hacia dónde queremos llegar. Debemos estar dispuestos a pensar lo impensable, no siempre arreglar lo que no funciona nos lleva a donde queremos. La disrupción no es cómoda, más bien es molesta para casi todos, pero tiene valor en quien la toma en cuenta para avanzar. Pensar es gratis, no lo dejes de hacer.

Jorge Peralta
@japeraltag


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domingo, 8 de enero de 2017

¿Tiempo de subir precios o de renovar tu propuesta de valor?

Los inicios de un año siempre nos planteamos si debemos subir los precios de nuestros productos o servicios. Suena lógico al pensar en los incrementos que tienen varios de nuestros costos pues los reflejemos en el precio porque de otra forma se verá disminuida nuestra utilidad y en un caso extremo perderla por completo.

Incrementos en servicios públicos como la luz, el gas, el teléfono serán servicios que encarecerán nuestro gasto y de la misma forma las nóminas de los empleados y otro tipo de servicios subirán de precio y que decir del combustible como un detonador del espiral de precios que seguramente impactarán nuestros costos y gastos de operación.

Ante esta disyuntiva podremos subir precios en un % que nos permita amortiguar la disminución de margen como una primera alternativa; otra también podrá ser incrementar el volumen de venta porque de esta forma, aún cuando se disminuya el margen de utilidad unitario los gastos fijos se repartirán entre más unidades, logrando un efecto positivo en el resultado o bien se podrán intentar ambas opciones de forma simultánea logrando un efecto positivo de incremento en precios e incremento en volumen.

Hasta aquí parece sencillo, sin embargo siempre hay quien piensa distinto y eso provoca que los clientes busquen opciones, que pidan precios con otros competidores e incluso algunos se cuestionen en cambiar de proveedores; siempre habrá alguien dispuesto a ganar menos para tratar de vender más. También hay que contar con el chino de turno que siempre tratará de ganarnos un cliente con algún descuento, siempre los hay y siempre tendrán su nicho de quienes prefieren precio por encima de otros atributos.

Esta coyuntura es especialmente útil para ponernos un reto distinto:
  • ¿Qué pasaría si en lugar de subir precios modificamos la propuesta de valor para ofrecer diferenciadores que nuestros productos o servicios no tenían hasta ese momento?
  • ¿Qué pasaría si enriqueces la oferta con nuevas líneas que complementen y enriquezcan las actuales?
  • ¿Qué pasaría si se ofrecer un servicio Premium o bien si se ofrece un servicio básico pensando en un nuevo segmento de mercado?
  • ¿Qué pasaría si llevas tu oferta a nuevos mercados?
  • ¿Qué pasaría si conviertes algunos de tus principales costos en líneas de negocio adicionales para transformarlos de centros de costos a centros de utilidades?
  • ¿Qué pasaría si desarrollas o creas propuestas que nadie tiene?
  • ¿Qué pasaría si traes a tu industria prácticas de otras industrias que cambien las reglas del juego?
  • ¿Qué tal si piensas más radical para pensar fuera de la caja y ampliar tu visión?
  • ¿A qué le tienes miedo? ¿A re-pensar todo cuando ya te habías acostumbrado a una lógica, unos márgenes y comenzabas a entrar en zona de confort?

Estos tiempos de crisis son una oportunidad para pensar de forma más radical al crear atributos que no existan en nuestro sector o que eliminemos aquellos dolores a los que el cliente se ha acostumbrado porque todos los competidores se parecen un poco.

¿Tendrás algún paradigma que romper? Recuerda que antes de pedirle a los demás que rompan el suyo, esta labor tiene que comenzar por ti mismo y reflexionar sobre lo que estarías dispuesto a hacer para convertirte en el líder de tu sector. Los clientes nunca estarán dispuestos a pagarte más si no tienen una percepción de que están recibiendo algo más de lo que recibirían de otras opciones.

Si no comienzas por ahí, por pensar en grande, por pensar en que harás para entregar al cliente algo diferente que los demás, terminarás como todos, preocupado porque siempre hay un chino que vende lo mismo que tu, pero más barato.

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab