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domingo, 10 de marzo de 2019

5 temas clave que te ayudarán a reinventar tu camino profesional

Temo decepcionarte, pero ningún político resolverá lo que en estricto sentido sólo te corresponde a ti mismo. Nuestro ambiente esta lleno de falsas esperanzas y de miedos que podrán ser ciertos o no, pero que de cualquier forma no tienes posibilidad real de cambiar en corto plazo. En pocos meses el ambiente ha cambiado radicalmente y parece que las premisas en las que habíamos organizado nuestra vida profesional hayan cambiado.

No se ven señales claras de un crecimiento económico (ni en México ni en el mundo), las señales que ofrece la política no pintan un buen panorama, muchas empresas están entrando en recortes y en planes de austeridad, muchas otras han detenido sus planes de crecimiento porque la incertidumbre los paraliza. Pensar en que la economía crecerá en 2019 a un promedio cercano al 1% pone a pensar que las inercias no jugarán a nuestro favor, que los políticos no cumplirán sus promesas y que debemos hacer algo extra, algo diferente si queremos avanzar a otro ritmo.

Esta incertidumbre que se da en las empresas tiene su impacto en las personas, principalmente aquellas que están resultando afectadas por recortes, por el freno a inversiones, por la cancelación de proyectos, etc. Pareciera que comenzamos una era de espiral negativo frente a lo cual debemos proponer una postura: o decidimos esperar tiempos mejores o los enfrentamos con actitud de acomodarnos a esta nueva realidad (espectadores) o nos reinventamos (protagonistas)

Se bien que eso de reinventarse puede sonar a un tema de auto-ayuda, ese pensamiento mágico que con el poder de la palabra puede decretar cosas con la ilusión de que el destino juegue a nuestro favor y tenga la energía para cambiar nuestra realidad. No, no te hablo de ese tiempo de situaciones mágicas, te hablo de la necesidad que tenemos los profesionales de reinventarnos, de tomar decisiones sobre nuestra actividad profesional, y temo decirte que esos cambios duelen, que no son fáciles pero que conviene tomar control de la situación antes de que otros decidan por ti.

Un amigo comentaba que los profesionales debemos reinventarnos cada 6 o 7 años, pero haciendo una revisión interna, ahora pienso que ese reinvento se hace en plazos más cortos, en mi caso han sido cada 3 o 4 años. Ese reinventarse no implica necesariamente un cambio radical como cambiar de actividad, cambiar de ciudad o renunciar a lo que profesionalmente hacemos, implica replantearnos todo base cero y estar dispuestos a cambiar lo que sea necesario.

Reinventase profesionalmente implica, comenzar nuevamente a estudiar, implica arrancar un side-business para romper la dependencia de trabajar bajo salario fijo empleado en una empresa, o meterse a una línea de negocio que cambiara por completo la lógica de tu negocio actual, etc. No existen recetas pero en cualquier caso se abre la puerta al cambio, aún cuando no nos guste y nos cueste.

¡No conozco a una persona a la que el cambio no le cueste!

Ayuda vernos a nosotros mismos como un producto que tiene competidores, que tiene ventajas competitivas, que ofrece algo único, diferente a lo que los demás hacen, ni mejor ni peor sino diferente y estar dispuesto a resolver nuevos retos que tienen nuestros clientes. Si no estas dispuesto a actualizar tu propuesta “tu producto personal” estarás en riesgo de caer en la irrelevancia, arrinconado en una zona de confort.

Si estás justo en ese momento, en el que te das cuenta que requieres reinventarte, te recomiendo que cuides algunos aspectos, antes de decidir el rumbo que quieres tomar. Es tan difícil dar el cambio que más te vale que sea algo que valga la pena, porque si rompes con el status quo para quedar en una posición tan similar a la que tienes hoy, probablemente se trate de un cambio cosmético que no sea tal “cambio” sino un ajuste y tener un gran desgaste para quedarte donde mismo, tal vez no valga la pena.

Si ya decidiste cambiar, te invito a que tengas en cuenta dos puntos clave, que frecuentemente se convierten en la clave de cualquier cambio:

Tener un propósito claro. Definir que quieres para ti y los retos en los que te vas a meter.
Tener foco. No puedes estar metido en 20 temas a la vez.
Modelo de negocio claro. A quien atiendo, una promesa bien definida, claridad en como vender y como entregar, claridad en como voy a generar ingresos, claridad en el esfuerzo que implicará el cumplir la promesa.
Pon el corazón. Quemar las naves porque nadie puede robarse la segunda base manteniendo un pie en la primera, los riesgos existen y hay que tomarlos.
Perseverancia y flexibilidad simultaneas. Las metas no se alcanzan el día uno y posiblemente necesitemos pivotear nuestra propuesta cada vez que descubramos que es necesario hacer algún cambio. No aferrarnos a nada más de 3 minutos.

Si no tienes estos 5 temas claves con la claridad necesaria es probable que andes dando bandazos, que sigas lleno de dudas y que andes por la vida sin rumbo a expensas de dónde los vientos te lleven. ¿ Te has preguntado si esa incertidumbre profesional en la que hoy te encuentras es porque has confiado excesivamente en el éxito del pasado reciente? ¿Era necesario estar en la situación de hoy para que reflexionaras que el éxito no es para siempre?

El éxito no es buen aliado para pensar en cambios, pero tal vez sea el mejor escenario para pensar con claridad tus siguientes pasos. Si no has reinventado tu vida profesional periódicamente cada 4 o 5 años, es muy probable que el éxito te haya nublado la vista y hayas sido víctima de tu propia actitud de mantener el status quo para mantenerte en tu zona de confort. Cuando sea necesario reinventarse por obligación te costará más trabajo. 

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 20 de mayo de 2018

¿Promueves el cambio o defiendes el status quo?

Es frecuente encontrarse con quejas, en la familia, en la empresa, en la sociedad, parece que a las personas nos cuesta ser felices y perdemos demasiado tiempo en quejas.

En ocasiones la realidad no nos gusta y tenemos dos opciones, nos quejamos o hacemos algo para cambiar el rumbo de las cosas. Sin embargo cambiar comportamientos profundamente arraigados es muy difícil y también desalentador, lo que empuja a mantener el status quo y adaptarnos, aún cuando eso nos haga infelices.

¿Puede un individuo cambiar las cosas? ¿Podría hacerlo yo?

Actuar sólo cuando planeamos que las cosas saldrán bien nos quita la posibilidad de intentar cosas nuevas, y en ocasiones la situación exige ser quienes somos, aún cuando el resultado parezca nebuloso, ¡Sólo así estaremos en posibilidades de cambiar el rumbo de los acontecimientos!

Pensar en un cambio implica el convencimiento de la posibilidad de cambiar y clarificar que en ocasiones los cambios requieren destruir lo anterior, ojalá y todos los cambios fueran tersos y paulatinos, pero si quieres un cambio real, profundo, la mayor parte de los casos no son temas fáciles, siempre hay damnificados.

Los cambios no son cómodos, a nadie nos gustan, pero en ocasiones son necesarios, de otra forma no hay avance. Instalarnos un poco más allá de la realidad permite que la imaginación proponga nuevos escenarios, se necesita ir más allá, lo evidente no siempre es lo más adecuado cuando se necesita cambiar.

Ya nos decía Roseau:

"El mundo de la realidad tiene sus límites, pero el mundo de la imaginación es ilimitado"

Si nos quedamos en la realidad nada cambiará, necesitamos meternos en el de la imaginación.

Para iniciar un cambio se requiere la inteligencia emocional suficiente para echarse encima a la organización y sino no se tiene el prestigio y el tamaño suficiente lo más probable es que la guillotina llegue antes que cualquier cambio. Sin embargo, es  un buen momento para la grandeza de un liderazgo que sepa leer cuando un cambio se requiere y que el status quo no es el mejor camino. Lo que diferencia a los líderes de verdad es que, a pesar de las dificultades se atreve a opinar y a proponer.

Los gerentes sin visión son demasiado reacios al riesgo, les da temor el cambio, les aterran las dificultares y prefieren calcular el riesgo de invertir en una mala idea para tener la justificación para decir que NO. Pero esto es común, tanto que si pensamos que podemos encontrarnos en esa situación conviene pedir ayuda para pedirle a otros colegas que nos ayuden a evaluar para matizar nuestro miedo y permitirnos ver con más claridad los posibles beneficios que podríamos obtener.

Los cambios fuertes requieren apóstoles, personas que sepan correr riesgos, que sepan evaluar los posibles beneficios y que sean capaces de comunicar de una forma inspiradora que el futuro puede ser mejor. Se necesitan unos cuantos gramos de imprudencia para saber mitigar el miedo y lanzarse, no se trata de promover la temeridad sino de provocar que los cambios se den. 

Para ser un buen “provocador” de cambios se requiere no sólo de ese convencimiento interior sino de un mínimo de liderazgo y prestigio porque de otra forma los demás no tomarán en cuenta lo que les dices. Al comienzo importa menos lo que dices, sino cómo lo dices y quien lo dice. Las personas que quieren impulsar un cambio que desafíe el status quo y que no tengan un mínimo de prestigio terminan aplastados

Cuando quieras provocar un cambio profundo requieres de un plan, en el cual preveas quienes pueden impulsar el cambio contigo, quienes son esos liderazgos informales o formales que lo apoyan y transmitir que tú estas comprometido con ello. Armar ese equipo permitirá revisar la táctica para buscar el momento más adecuado. 

Con tu convencimiento, el plan y el equipo adecuado el cambio podrá echarse a andar, no hay soluciones fáciles, ni tampoco resultados garantizados, pero sino corres el riesgo de comenzar nunca lo sabrás, y es mejor que te lamentes de algo que intentaste y no funcionó que algo que nunca hayas intentado.

En ocasiones defender el status quo es pactar con la mediocridad o bien con un esquema de muerte lenta. El cambio es inminente, quieras o no, te corresponde a ti definir el rumbo, no tomar la responsabilidad por los riesgos que esto implica es faltar a tu responsabilidad.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 13 de mayo de 2018

Rebeldes con causa

Para lograr grandes objetivos debemos estar dispuestos a correr algunos riesgos. Ir contra la corriente no es cómodo y en ocasiones los resultados pueden tardar en llegar.

Cuando era pequeño jugaba beisbol y solía ser por encargo de mi coach el robador de bases de mi equipo y me decía una frase que después descubrí que era de Wilkox:

"El progreso siempre implica riesgo. No es posible robarse la segunda base y mantener un pie en la primera"

Cuando corremos ciertos riesgos, la mayor parte de nosotros sigue la lógica de la consecuencia: ¿Qué producirá el mejor resultado? Pero los rebeldes se plantean algo diferente: ¿qué hace una persona como yo en esta circunstancia? Cuando usamos la lógica de la consecuencia siempre encontramos motivos para no perder riesgos, en cambio; la lógica de la de mirar hacia dentro de nosotros mismos nos libera del resultado y nos lleva a intentar lo que otros no harían.

Sin embargo, en las organizaciones, ser rebelde no es algo bien visto. La razón, es muy lógica, en la mayor parte de las organizaciones se promueve el consenso no la disidencia, de esta forma el pensamiento de grupo no permite otro tipo de opiniones que vaya en contra de las opiniones dominantes. No se trata de una rebeldía sin sentido, sino de ser rebeldes con causa, buscar nuevos caminos para obtener las metas o incluso superarlas.

Cuando en una organización se permean ciertas ideas hasta convertirse en leyes, escritas o no, la diversidad de pensamiento pasa a un segundo plano, incomoda y en algunos casos se intenta evitar. Sin embargo, cuando esto pasa, las organizaciones se privan de la reflexión, de renovar sus ideas, de renovar su foco, y comienzan por el camino del pensamiento único, que, en este tiempo de tantos cambios, las llevará a anquilosarse.

Los nuevos liderazgos deben fomentar esa sana disidencia, esa diversidad de pensamiento, ese enriquecimiento de los puntos de vista que nos lleve en todo momento a avanzar. Si embargo, los riesgos que fomenta el cambio y la ambigüedad no se dan de forma natural, lo natural es el sentimiento de grupo.

La clave esta en cómo fomentar un sentimiento de grupo fuerte y al mismo tiempo fomentar la disidencia, ¿no estaremos en posiciones contrapuestas e incompatibles? El único que esta capacitado y empoderado para fomentar ambas actitudes es el líder, por esa razón el primer convencimiento debe ser en el líder y en la convicción de renunciar a la tendencia a buscar aprobación de todos, a salir de la zona de confort para someter una y otra vez las decisiones al escrutinio de los demás.

Para tomar decisiones sabías y resolver problemas complejos los grupos necesitan de una pluralidad de ideas y de opiniones diversas que enriquezcan las posibilidades de actuación, la mentalidad de pensamiento único no permite pensar fuera de la caja.

¿Se puede entonces lograr un grupo cohesionado y que colabore aún a pesar del pensamiento divergente y de la disidencia? En el fondo pienso que sí, porque estamos unidos en el objetivo, en los propósitos, en los valores de la organización, pero los caminos para llegar a esas metas se pueden discutir porque cambian en función de las circunstancias.

Lo peor que puede pensar un líder de un grupo, es suponer que la disidencia cuestiona su liderazgo porque no es así, la discusión se plantea no sobre las personas sino sobre las ideas. Conviene huir del pensamiento único y darle la bienvenida a la disidencia, a los rebeldes con causa, porque cada vez que exista un problema o reto existirán diversas formas de resolverlos, escucharlas, analizarlas, estudiarlas permitirán apertura de mente. Fomentar la disidencia permite a las organizaciones avanzar, descubrir nuevos caminos, nuevas oportunidades.

Entre más posición tienen las personas más tienden a defender el status quo, porque intentar desafiarlo es correr riesgos, de esta forma no es fácil convertirse en un rebelde dentro de una organización. Hacerlo requiere tener cierta autoridad, de otra forma ese desafío se puede pagar muy caro, entonces ¿significa que los que tendrían que desafiar el status quo son los que tienen autoridad? Pues en cierto sentido si, sin autoridad, formal o informal es muy difícil desafiar el status quo.

Un rebelde con causa puede ser cualquiera en la organización, sin embargo, cuando el rebelde es el líder, todo se facilita. Y si el líder se da cuenta de que ese rol no es lo suyo, más le vale poner las condiciones adecuadas para fomentar esa divergencia en la forma en la que arma su equipo, en la forma en la que los incentiva, en la forma en la que permite esa divergencia que enriquece las organizaciones.

Las opiniones disidentes son muy útiles, aún cuando puedan ser equivocadas porque generan reflexión.

Las organizaciones sin esa sana disidencia, sin rebeldes con causa, entrará en el penoso camino de la muerte lenta, es un signo de nuestros tiempos, las organizaciones del siglo XXI son así, de nosotros depende adaptarnos a esta realidad o no. Fomenta las opiniones críticas, permite que las expresen, que forme parte de tu cultura.

Sin disidencia no hay diversidad, sin diversidad se pierde riqueza y sin ella perdemos la gran oportunidad de ver más allá de la ruta que ordinariamente caminamos. La diversidad nos da la riqueza necesaria para mantenernos siempre vigentes.

Jorge Peralta
@japeraltag

sábado, 21 de enero de 2017

Innovadores: un "peligro" para la organización

Hace unos días intercambie mensajes con un buen amigo sobre la diversidad de pensamiento y su impacto en las organizaciones. El compartía un artículo en el que se comentaba de que la diversidad de pensamiento aporta un ingrediente básico para que las organizaciones se conviertan en creativas y flexibles.

Ante una pregunta expresa mía de porque entonces no era siempre bien vista la diversidad de pensamiento, el buen Jorge Llaguno me respondía de una forma brillante que me dejo pensando en los siguientes días:

“Se opone a la visión centralista (y materialista) que heredamos de Taylor y la Primera Revolución Industrial (quizá incluso desde los caudillos que describe Weber): pensar distinto del grupo se ve como amenaza a la unidad y quizá hasta traición. Por eso Christensen explica la dificultad que tienen los grandes corporativos para innovar...”

Tiene mucha razón, los innovadores se ven como tipos peligrosos porque ponen en riesgo la unidad e incluso pueden ser vistos como traidores para la causa común del grupo. Sin embargo también es evidente que esa actitud defensiva va alejando a las organizaciones de la realidad que vive la sociedad a la que pretenden servir.

Centrarse en el producto y no en cliente, centrarse en la cobranza y no en las ventas, centrarse en el control y no en las personas, centrarse en el resultado y no en el objetivo es una tendencia que sucede cuando perdemos el rumbo y dejamos de tener presente la razón de ser de cualquier persona u organización.

Centrarse en los medios y no en los fines convierte a quienes tienen el deber de dirigir en simples capataces cuidadores de que todo marche de acuerdo a lo establecido cancelando la posibilidad de pensar y en última instancia de disentir. Esta situación trae graves consecuencias tanto a quien tiene el encargo de dirigir como para la organización misma ya que se cuida el hoy pero se pierde el futuro, provocando un inmovilismo que en el entorno actual se vuelve un verdadero cáncer.

A toda organización le conviene tener algunos locos que piensan distinto, que ponen en jaque al status quo, que se atreven a proponer, a disentir, en pocas palabras que se dan el permiso de pensar y de aportar. Esos “locos” podrán encontrar terreno fértil cuando los liderazgos entienden que el talento debe gestionarse de una forma distinta; que no ponen en riesgo la unidad si aprenden a escuchar y están abiertos a que la visión se amplíe y se ajuste para mantenerse vigentes y mantenerse en el liderazgo de cualquier actividad.

Pensar es gratis, conviene hacerlo más seguido o al menos no impedir a quien lo quiere ejercitar aún cuando se vea un panorama distinto al que ven los demás.

Jorge Peralta
@japeraltag
www.idearialab.com
@idearialab

domingo, 8 de mayo de 2016

Un pequeño éxito es un buen pretexto para dejar de crecer

La actitud más común en una organización exitosa es replicar la fórmula que les ha dado resultados. No suele ser fácil prepararse para los siguientes pasos cuando se han saboreado las mieles del éxito. Se trata de una actitud natural que a todos nos suele ocurrir. Tenemos una tendencia a cuidar lo que ya hemos ganado, que mentalmente se convierte en el peor momento para renovar el esfuerzo. Sucede lo contrario cuando estamos en medio del fracaso, es más fácil cambiar porque no hay mucho que perder.

Cuando el entorno es estable los éxitos podrán mantenerse porque las acciones tienen el mismo escenario de pelea, sin embargo en un entorno cambiante, las acciones que provocaron el triunfo en un momento no garantizan mantenerlo con otras variables.

Hoy vivimos en un ambiente cambiante en el que debemos estar diseñando con mayor prontitud el futuro cercano porque los cambios no se detienen. Vivimos en un mundo así, cambiante; nos han cambiado los clientes, nos han cambiado los empleados y no podemos seguir funcionando como siempre, aferrados a nuestras prácticas y costumbres porque en poco tiempo nuestra propuesta puede ser obsoleta.

La decisión sobre el cambio es uno de los puntos más relevantes en la gestión de un Director General o CEO. Decidir sobre el futuro elegido es una reflexión constante de quien dirige una organización; sin embargo tal vez el mayor riesgo es cuando se llega a una solución tibia que nos lleva a la simulación: Ir por un cambio cosmético que tranquilice la conciencia pero que no nos ponga en un dilema mayor. Cambiar todo para que todo siga igual.

Tenemos una tendencia a vernos con benevolencia y en ocasiones a vernos mejores de lo que realmente somos. Con las empresa pasa igual, nos vemos como grandes e importantes cuando todavía no dejemos de ser un pyme que esta en camino de consolidación y que aún cuando se vayan cosechando los años de esfuerzo, el camino apenas comienza y falta mucho por recorrer.

A todos nos gusta hablar de innovación y nos gusta verla a nuestro alrededor, a disfrutar de ella como usuarios o como clientes pero nos resistimos a que nuestra organización sea verdaderamente innovadora por los riesgos que esto implica, porque requiere empleados con un diferente perfil, porque implica riesgos y retos, principalmente para la persona que tiene el deber de dirigir.

El reto más difícil para un director general es armar un equipo de gente pensante y comprometida, que más allá de sólo hablar, se mete en una dinámica de cambio constante, aprovechando nuevas oportunidades, haciendo cambios de distinta índole, con la flexibilidad que dá una visión clara; de esta forma el cambio no será algo que dependa sólo de la dirección general, será algo que forme parte del ADN de la organización.

También convendrá que quién hace cabeza en una organización, huya de la tentación de pensar que el éxito lo acompañará siempre, que los éxitos pasados con garantía de éxitos futuros; que lo sabe todo y que los demás sólo deben secundar sus deseos, algo así como contratar mano de obra que deje su cabeza en off cuando llegue a trabajar. O nos hacemos de un equipo de gente talentosa o no iremos a ningún lado.

Recordemos que ni los éxitos ni los fracasos son para siempre, la vida siempre ofrece posibilidades de retos nuevos de los que se corre nuevamente el riesgo de triunfar o fracasar. La vida de una empresa necesita más equilibrio en las decisiones y requiere de más indicadores para precisar sus metas más específicas que sólo medir el éxito o el fracaso. En ocasiones el éxito será un mal aliado para buscar un futuro más sólido con un crecimiento sostenido, por esta razón indicadores más precisos pueden dar más luces sobre la actuación.

Cada vez cobra más vigencia esa frase que ha circulado últimamente en las redes atribuyéndosela a Warren Buffet: “contrata a los mejores para que hagan lo que saben o contrata a los baratos para que les digas que es lo que tienen que hacer” o ¿tú que opinas?

Jorge Peralta
@japeraltag

@innovadisrup