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domingo, 26 de mayo de 2019

¿Tienes un perfil adecuado para innovar? Aplica el test

Desde hace algunos años, emerge un nuevo perfil que las organizaciones necesitan para el desarrollo de proyectos. Por estas razones, surgió la función de las PMO (Project Management Office) para hacerse cargo de la gestión de proyectos de una organización. Las personas que se preparan en esa disciplina adquieren las capacidades para organizar, planear y controlar los recursos involucrados en la gestión de un proyecto para mantenerlos dentro de las limitaciones establecidas.

Los PMO realizan la gestión de proyectos con la metodología Project Management Institute (PMI). El PMI es una entidad internacional sin ánimo de lucro que fomenta las buenas prácticas para la gestión de proyectos en cualquier campo de la industria o el comercio.

De esta forma, a través de PMI las organizaciones pueden desarrollar proyectos para llevarlos a buen fin dentro de las buenas prácticas. Sin embargo, cuando estos proyectos implican un cambio sustancial con el modelo de negocio de la organización esta separación entre operación y desarrollo del proyecto se vuelve crítica porque no sólo implica una gestión del proyecto dentro de los límites establecidos, sino que requiere de una lógica diferente.

En esos casos, cuando se trata de proyectos de innovación, las oficinas de proyectos o los responsables de proyectos requieren de otro perfil, de una persona con más habilidades creativas y el conocimiento de otros métodos que permitan el descubrimiento y validación de oportunidades. En los últimos años se han desarrollado otros métodos que permiten con mayor eficacia el descubrimiento y validación de oportunidades, a través de métodos de diseño centrados en el usuario como Design Thinking, LeanStartup y algunos métodos ágiles para la construcción de nuevos productos como scrum, agile, con marcos de referencia útiles como los modelos de innovación abierta. En otra publicación ya hemos hablado de métodos y su uso

Luego entonces una oficina de proyectos requeriría básicamente dos perfiles diferentes, uno con una mayor formación en los métodos de PMI y otro con más conocimiento en procesos de diseño centrados en el usuario para que conjuntamente descubran las oportunidades, conciban y gestionen nuevos proyectos de la mejor forma posible.

Conviene que las competencias técnicas de ambos perfiles estén soportadas en algunas competencias de innovación que permitan la combinación de su talento y esas competencias son:

1. Liderazgo. Saber dar rumbo cuando sólo se tienen dudas e hipótesis sin una base firme donde apoyarse. Entre más incertidumbre mayor necesidad de liderazgo.
2. Colaboración. Complementar con las aportaciones de todos los integrantes: Conocimiento, experiencia, relaciones, etc.; con el fin de lograr un objetivo común.
3. Pensamiento Lateral. Aportar alternativas no obvias para resolver problemáticas específicas de forma creativa e incluyente.
4. Flexibilidad. Posibilidad de cambio sin dolor, poniendo la mente en estado Beta.
5. Tolerancia a la frustración. Capacidad para reponerse al fracaso sin tantos dramas
6. Comunicación Asertiva. Expresar de forma correcta ideas y emociones que facilite el entendimiento de los interlocutores, tomando en cuenta el lenguaje verbal y no verbal.
7. Capacidad de aprendizaje. Abierto al nuevo conocimiento o a reforzar lo que ya se sabe sin ponerle límites al cambio de ideas.

Esas 7 competencias también son deseables en otros perfiles de la organización, aún en aquellos que no tienen el encargo específico de desarrollo de proyectos, y eso es porque cuando los proyectos pasan a la operación, también las áreas operativas requieren estar abiertas a lo nuevo, de otra forma será muy difícil su implementación.

Estas 7 competencias han sido el resultado de analizar más de 100 proyectos de innovación en diferentes empresas, de distintos giros, tamaños, ciudades y países, así que no están pensadas sólo para un contexto de algún país sino de la región latinoamericana donde se han probado.

Estás competencias también pueden validarse a través del uso de metodologías tradicionales en las áreas de Recursos Humanos como es el caso de la prueba 16 FP (16 factores de la personalidad) o la prueba DISC, así cómo con elementos de la prueba Terman. Cada una de ellas, con los parámetros adecuados también podría definir el grado de funcionamiento en cuanto a las competencias de innovación.

¿Quisieras medir tu nivel en cada una de ellas? Te invitamos a hacer un pequeño test para medir tus competencias de innovación, ahí te darás cuenta donde están tus áreas de oportunidad con mayor precisión.


Si quisieras abundar más en tus resultados o si buscas material adicional para mejorar en aquellos temas dónde más oportunidad tienes, con gusto ponte en contacto con nosotros. De la misma forma si quieres analizar un grupo de colaboradores de tu organización con la idea de formar un equipo para el desarrollo de proyectos también podríamos ayudarte.

Aún cuando algunas personas tienen un talento especial para ciertas actividades de forma innata, la mayor parte de las personas podemos aprender lo suficiente sobre ciertas competencias para funcionar adecuadamente, de esta forma te podríamos confirmar que todos tendrían las condiciones mínimas para innovar si así se lo proponen.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 10 de junio de 2018

La empresa moderna

Una empresa moderna es aquella donde los empleados tienen la oportunidad de ser emprendedores. Se trata de impulsar sus ideas, de hacerlas realidad, de permitirles aportar al futuro de la organización y en su caso, si tienen esa vocación participar de los riesgos del resultado.

Esas nuevas ideas pueden o no ir de la mano con la operación actual y será necesario trabajar con ellas para decidir si conviene o no ejecutarlas en la organización o si son unas estupendas ideas para echarlas a andar de forma independiente.

El tema es dejar la puerta abierta, para que ellos puedan proponer todas las oportunidades que van descubriendo en el camino. Pero eso requiere que las personas tengan los ojos abiertos y una disciplina para no dejarse llevar por las querencias sin el rigor del análisis. Estar abiertos al error y a que nuestras ideas puedan resultar un fracaso y a que posiblemente cuesten tiempo y dinero.

Que difícil es estar abiertos en la organización para los riesgos, casi siempre cuando las empresas crecen quieren hacerlo en un entorno predecible, sin conflicto y sin cuestionarse el status quo.

En definitiva una empresa moderna necesita varios elementos:
  • Un ambiente adecuado para la creación.
  • Tiempo para crear.
  • Un proceso para proponer y experimentar.
  • Personas exigentes consigo mismas que colaboren.
  • Compartir la visión de largo plazo.

No es fácil desprenderse de un tiempo exprofeso que los colaboradores tengan para crear, mientras sigas pensando que les pagar por horas, estarás cuidando los centavos y perdiendo los pesos ¿Cómo le hacemos para que ese empleado lleve su idea a la práctica?
¿Y si no se ajusta a ninguna de las líneas actuales? ¿Qué hacemos con la idea, y qué hacemos con el empleado? Todas esas son preguntas que en su momento se deben responder pero que lo más conveniente será participar de alguna forma del fruto de las ideas a sus creadores. No existen recetas únicas, dependerá de la persona, de la empresa y de las circunstancias específicas.

Pero no sólo es responsabilidad de la empresa un ambiente adecuado sino también de empleados responsables que con generosidad vean más allá de la simple quincena. La retribución por un trabajo y la aportación que cada persona hace al conjunto de la organización es un tema muy difícil de valorar con justicia y con efectividad.

La línea entre la justicia y la efectividad es una línea muy tenue que conviene plantearse en cada caso particular, sin prejuicios y con el mejor ánimo de sumar y de compartir. Siempre que nos encontremos en una encrucijada en estos temas lo mejor es pensar en que debemos ser generosos, dar siempre más allá de lo que consideramos que es justo, eso también va construyendo una cultura adecuada para el largo plazo.

Los viejos esquemas laborales se hicieron en el siglo pasado cuando los trabajos creativos no existían como los concebimos ahora; la movilidad, la tecnología, la mente de obra en lugar de mano de obra, han cambiado la lógica del trabajo. Ahora no hablamos de horas sino de responsabilidades, no hablamos de un lugar sino de un espacio; muchas cosas han cambiado, muchas cosas cambiarán, sin embargo, el talento seguirá ahí para crear y para aportar.

La libertad no significa desorden ni falta de compromiso; no significa pereza ni falta de responsabilidad, significa confianza y saber lidiar con nuevas formas de organización, con personas de diferentes generaciones que quieren un lugar para cumplir sus sueños.

Nadie quiere trabajar en una empresa aburrida y vieja, así que si tenemos la posibilidad de hacerla moderna no dejemos de luchar por ello.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 29 de abril de 2018

Inspiración, transformación, innovación. Un trío que va siempre de la mano


Toda innovación implica un riesgo porque lleva a modificar el status quo y en la mayor parte de los casos es una minoría que reta a una mayoría que prefiere no cambiar. Esa minoría requiere en muchas ocasiones de ser inspirada para lograr sus metas; sin la inspiración, dar el primer paso puede ser una montaña inmensa y requerimos del apoyo de otros para vencer el miedo, para correr el riesgo para controlar nuestro miedo a la incertidumbre.

La inspiración es esa fuerza adicional que en ocasiones tiene un impulso externo que detona internamente la fuerza para vencer la resistencia a la acción. La inspiración tiene la capacidad de mover, de vencer los miedos, la pereza, la falta de recursos para lograr que la persona de un paso adelante para lograr sus objetivos. Si bien la pura inspiración no siempre es suficiente, contar con ella en los momentos de dificultad suele ser oro molido.

Luego entonces entenderemos la inspiración como ese impulso que recibe la persona como un estímulo espontáneo que mueve a la acción

Parece que la esencia del cambio de rumbo no depende del entrenamiento o de las capacidades normales, es una “fuerza” que nos lleva un poco más allá de las capacidades naturales, que perfecciona nuestra actuación o nos lleva a un cambio de rumbo al que naturalmente nos resistíamos por el esfuerzo que implica.

Esa fuerza requiere de nuestra disposición interior para no acallarla, al menos de estar abiertos a cuestionarnos si podemos dar más de lo que estamos dando, si estamos avanzando o estamos entrando en zona de confort, si nos exigimos para volar alto o estamos comenzando a volar bajito porque así nos sentimos más seguros.

Es tal el interés por la inspiración como tema de estudio que numerosas iniciativas alrededor del mundo lo han puesto como el centro de su actividad, como por ejemplo el coaching, libros de autoayuda, programas de radio, programas de capacitación, otras vertientes de empoderamiento cognitivo que buscan elevar el estado emocional de las personas comunes como un paliativo para disminuir sus frustraciones se han vuelto de uso común.

Sin embargo, vivimos en una cultura superficial que nos hace creer que las metas se pueden lograr sin esfuerzo, “baje de peso sin dietas y sin ejercicio” son recetas que reflejan la oferta que es comprada por muchas personas. Esta tendencia ha contribuido a la generación de encantadores de serpientes modernos que piensan que la inspiración será suficiente para resolver toda clase de problemas y la realidad no es tan simple. La inspiración es un gran apoyo pero no lo es todo.

Los cambios requieren de inspiración, porque implican un cambio de hábitos, implican esfuerzo y sin el impulso de una inspiración que mueva es muy difícil lograrlo, los miedos nos atrapan. Sin cambio de hábitos, la inspiración se vuelve efímera y sin efecto real en los resultados concretos, por eso es importante que la inspiración llegue al corazón, pase por la mente para hacerlo propio y racional para posteriormente llegar a las manos; inspiración que no te lleva a la acción es el mejor alimento para el desanimo y para generar una costra en el espíritu que la vuelve más reacia a cualquier cambio.

Necesitamos líderes que sepan llegar al corazón, pero necesitamos también apoyos para pasar de la emoción a la acción definiendo con claridad los impactos deseados, un método para lograrlos y una métrica para conocer los avances.

La inspiración nos hace mejores personas, nos hace avanzar, adquirir virtudes, nos permite inspirarnos y nos habilita las capacidades para también inspirar a otros, así que conforme pasa el tiempo en ocasiones se requiere inspirar y en ocasiones ser inspirado lo que lleva a que se alimente un circulo virtuoso de mejora constante.

En ambientes cambiantes la experiencia puede convertirse en una ruta que nos lleve a lugares donde no queremos, por ello es necesario analizar cada caso como único y reflexionar sobre la inspiración ¿Quién la necesita para moverse? ¿Quién estaría en condiciones de ofrecerla? Cada caso es único, porque las personas son únicas y requieres soluciones únicas, cada organización, cada persona lo requiere.

La inspiración requiere conocer al otro, amarlo en todas sus dimensiones, en ponerse en sus zapatos para entender con claridad como ayudarlo a lograr objetivos más grandes. Hace poco escuche de un discurso breve que la Madre Teresa de Calcuta tuvo en San Francisco, en el marco de una cumbre de liderazgo, cuentan que fue un discurso breve pero que conmovió a la audiencia:

“si quieren ver cambio en sus organizaciones necesitan conocer y amar a su gente, porque si no conocen a su gente no habrá confianza, y si no hay confianza la gente no asumirá riesgos, y si no asumen riesgos no habrá cambio”.
Madre Teresa

Si quieres un cambio verdadero la inspiración es un elemento indispensable. La inspiración mueve conciencias, logra cambios en las personas, lleva a un cambio de hábitos, transforma, comienza por el corazón pero te lleva necesariamente a la acción.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 3 de septiembre de 2017

7 competencias clave para un equipo de #innovación

Todos los que han desarrollado nuevos proyectos en sus organizaciones coincidirán conmigo que hay personas muy capaces con los que se puede armar equipo y otras con las que cuesta más. No es un tema de talento, ni de capacidad intelectual, es una combinación entre estar bien dispuestos y contar con ciertas características que corresponden más a las actitudes que no siempre son fáciles de explicar.

Después de analizar poco más de 200 casos de desarrollo de proyectos de innovación en los que nos hemos involucrado hemos seleccionado algunas competencias clave que suelen ser comunes en los equipos de trabajo que gestionan proyectos exitosos.

En la era anterior, las competencias más buscadas en los perfiles eran la experiencia y ciertos estudios, que posiblemente aseguraban las competencias técnicas necesarias para una labor pero no así con las competencias blandas que hoy son indispensables para el nuevo management y la cultura empresarial vigente.

No se trata de buscar super-hombres que tengan todas las capacidades para resolver cualquier tipo de reto; no, se trata más bien de ubicar personas que tengan una gran capacidad de gestionar la operación en el día a día de la empresa, de otros personajes que colaboren en la gestión de los nuevos proyectos que no son operación y de otros con un perfil “ambidiestro”     que al mismo tiempo puedan atender la operación y relacionarse con los nuevos proyectos.

Los proyectos de innovación requieren de ciertas competencias que les permitan descubrir oportunidades, gestionar nuevos conceptos, probar y validar nuevos desarrollos, así como construir modelos de negocio exitosos y arrancarlos con los recursos disponibles. Además de competencias técnicas esos equipos de trabajo requieren que en conjunto se desarrollen estas 7 competencias, no siendo necesario que todos los integrantes de un equipo las tengan en grado superlativo pero si en un mínimo que les permita operar y que en su conjunto, a través de distintos roles, los equipos logren equilibrarlas y hacerlas funcionar en su conjunto.

Las competencias son 7:
  1. Liderazgo. Saber dar rumbo cuando sólo se tienen dudas e hipótesis sin una base firme donde apoyarse.
  2. Colaboración. Complementar con las aportaciones de todos los integrantes: Conocimiento, experiencia, relaciones, etc.; con el fin de lograr un objetivo común.
  3. Pensamiento Lateral. Aportar alternativas no obvias para resolver problemáticas específicas.
  4. Flexibilidad. Posibilidad de cambio sin dolor, poniendo la mente en estado Beta.
  5. Tolerancia a la frustración. Capacidad para reponerse al fracaso.
  6. Comunicación Asertiva. Expresar de forma correcta ideas y emociones que facilite el entendimiento de los interlocutores y que toma en cuenta el lenguaje verbal y no verbal.
  7. Capacidad de aprendizaje. Abierto al nuevo conocimiento o a reforzar lo que ya se sabe sin ponerle límites al cambio de ideas.

Hemos comenzado a desarrollar un test en estado beta que podría darte luces sobre tus competencias o las de tu equipo, si te interesa probarlo estamos dispuestos a compartirlo contigo:

Test de las 7 competencias para la innovación

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab

domingo, 26 de febrero de 2017

Fuera de la caja


Suele comentarse que es necesario “salirse de la caja” para que surjan nuevas ideas, nuevas propuestas que cambien la lógica de lo común, de lo ordinario y eso logre renovar una propuesta. Esa necesidad de renovarse, esta planteada por un ambiente que reclama cambios constantes y que en su vértigo de cambio pierde de vista que no es el cambio por el mero gusto de cambiar, sino por la necesidad de resolver tantos temas que se encuentran inacabados o bien por encontrar posibilidades de desarrollo de tantas personas que aspiran a algo más.

Fuera de la perfección de la creación, lo humano siempre es perfectible, siempre se mejora con el tiempo por que los hombres somos limitados por naturaleza. Formamos parte de un tiempo, de un lugar, a un pueblo, a un grupo social, a una comunidad, a una familia y eso nos pone, hasta cierto punto y respetando la libertad personal, contexto a nuestro actuar, somos nosotros más nuestras circunstancias.

Ese “salirse de la caja” que se nos reclama con más frecuencia, no es un proceso sencillo porque todos estamos instalados en nuestra propia “caja” y eso nos lleva a desarrollar una interpretación propia de la realidad. Ahí en esa caja nos hemos hecho quienes somos. Nos vamos formando por lo que recibimos: desde pequeños nos vamos formando en la familia que nacimos; somos lo que comemos, en el sentido material y también en el sentido espiritual o intelectual. Somos resultado de lo que escuchamos, de lo que leemos, de lo que estudiamos, de las influencias que tenemos,  de las relaciones que formamos.

Sin embargo, aún dentro de esa caja, tenemos ventanas al mundo que nos permiten crecer, respirar otros aires, escuchar otras voces, mirar otros paisajes, probar otros sabores y eso abre nuestra mente a nuevas experiencias que recrean lo que somos, nos amplían los horizontes, nos permiten mirar más allá. Cuidando de no deslumbrarnos por lo nuevo, debemos crecer con esas experiencias, no sustituyendo sino incorporando aquellas cosas que nos enriquecen que nos llevan a dar un paso más allá.

Esa justamente es la labor del innovador, de mirar fuera de su órbita para repensar las cosas, para replantearse temas, para cuestionar, para retar la realidad, para perseguir cambiar al mundo. Esa labor que es tan apreciada por muchos pero también repudiada por otros, forma parte de un ADN de personas que no se conforman con lo que tienen, que poseen esa inquietud de mirar, de transformar, de comunicar, de ser ellos mismos.

Para el innovador, ser el mismo resulta un poco peligroso porque necesariamente será una persona extraña, como dice el buen Nestor Guerra: “somos raros, no somos normales”, ni mejores ni peores, solo raros, porque esa necesidad de salirse periódicamente de la caja es irrenunciable.

Esta presión de cambio que la sociedad pone en las organizaciones y en sus instituciones requiere de esos tipos que periódicamente se salen de la caja para recoger impresiones, para mirar con ojos limpios esa realidad que va cambiando y a la que se busca anticiparse un poco, para entender hacia donde va el pensamiento y tratar de llegar antes, incluso para dirigir esos nuevos rumbos influyendo en la configuración de la realidad porque la mejor forma de predecir el futuro es inventándolo.

Salirse de caja es un rol necesario, pero estar dentro de esa caja para atender, concretar y ejecutar esas nuevas propuestas son igual de importantes. Para los únicos que no hay lugar en esta nueva realidad es la de aquellos que no solo no quieren el cambio sino que están dispuestos a impedirlo buscando que todo sigua igual aunque falte mucho por hacer.

Viajar es maravilloso pero la tecnología nos permite hoy viajar de otras formas, aprender de otros, conocer más allá de nuestra realidad y ampliar nuestras experiencias para enriquecer el pensamiento. Abrir los ojos del cuerpo y del alma para genuinamente estar abiertos a lo nuevo, en un estado beta permanente que nos permite crecer sin límites hasta donde nuestra capacidad y deseos lo permitan. Viajar en sus múltiples formas, esta al alcance de todos.

Los innovadores tienen el rol maravilloso de poner los pies en el presente y la mente en el futuro para construir puentes que nos permitan llegar a todos a un futuro mejor, pero necesitan socios que se aprovechen de esos puentes para construir la realidad. Ese binomio pensamiento-realidad que es indispensable para que las organizaciones y la sociedad avance.

¿Tú de cuáles quieres ser? ¿De los que miran fuera de la caja, de los que construyen el cambio dentro de la caja o de los que quieren mantener el estatus quo en la caja para que todo sigua igual?

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab