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domingo, 3 de febrero de 2019

¿En qué consiste una estrategia de #innovacion?

No sigamos intentando vender cosas, ni vender productos, los clientes quieren soluciones. Los clientes quieren y necesitan resolver problemas, necesidades no resueltas satisfactoriamente, o respuestas que generan mucho mayor satisfacción en términos de calidad o precio de lo que hoy encuentran. Los clientes no compran productos o servicios, quieren resolver temas que les importan.

Suelo decir en las conferencias: “¿Cuándo te has levantado un sábado en la mañana con unas ganas terribles de ir a comprar un taladro?” y suena lógico pensando que no queremos un taladro, lo que queremos es un hoyo y en ocasiones ni siquiera el hoyo sino colgar un cuadro o embellecer una habitación.

Es más fácil vender taladros y buscar encontrar el mejor taladro, o el mas resistente o el más barato o el más bonito porque se trata de construir algo que mejore lo que hay, que meterse en la mente del cliente para entender qué es lo que realmente quiere aún cuando no sea capaz de expresarlo. Aún cuando el cliente busca un taladro en realidad ese es sólo el instrumento para satisfacer otros deseos.

Esa ha sido la historia de prácticamente todas las innovaciones en cualquier sector; sin embargo esa resistencia al cambio que todos tenemos nos lleva a aferrarnos a lo que nos ha funcionado bien, y eso nos impide ver más allá de lo que es evidente. No queremos pensar de nuevo, preferimos repetir y multiplicar. He llegado a pensar que por eso Dios hizo gratis el pensar, porque lo hizo difícil ¡nos cuenta tanto hacerlo!

Si lográramos entender mejor a los clientes, entender las razones de sus compras, entender lo que quieren satisfacer estaríamos ofreciendo nuevas alternativas todo el tiempo, pero si nos aferramos a ser uno más, estaremos compitiendo con otros, donde el mejor cuando no hay diferenciación es el que puede dar mejor precio.

El reto para las organizaciones es llevar de forma simultánea dos retos: ejecutar y descubrir.  Explotar el modelo actual y proponer el nuevo, mejorar la experiencia del cliente y la eficiencia operativa en lo que se produce hoy, así como poner también la mente en lo que viene. Decidir las métricas de eficiencia operativa que requerimos hoy y plantear el esfuerzo que podremos en descubrir lo nuevo. Lo de hoy no es para siempre y en los próximos años necesitamos productos y servicios para facturar y ganar con ellos!

Esa nueva reflexión, esa nueva mirada, es lo que metodologías como Design Thinking nos han puesto en la mesa, mirar nuevamente a los clientes y reflexionar sobre lo que quieren o sobre lo que necesitan aún cuando no sean capaces de expresarlo. Es ahí donde la forma de analizar oportunidades ha cambiado de forma radical y aún cuando las nuevas metodologías se han extendido. Sin embargo el reto ha evolucionado y la problemática ya no radica en su comprensión sino en su aplicación práctica a problemas concretos.

Design Thinking, LeanStartup, Customer Development, Open Innovation no son novedad; se han escrito una gran cantidad de artículos y libros sobre estos temas, sin embargo la dificultad esta en su aplicación. Al tratarse de algo contextual que depende de cada empresa, su sector, su mercado y su situación particular, las recetas generales no funcionan, es necesario hacer una aplicación particular.

No hay recetas, no hay reglas, no hay “franquicias” para la creación y en estos temas donde se requieren profesionales capaces de entender la realidad y construir una estrategia de innovación, es decir, en que cosas sí y en que cosas no una empresa debe explorar para tratar de descubrir caminos nuevos. 

Uso con toda conciencia las palabras explorar, descubrir, intentar porque la innovación se trata eminentemente de incertidumbre y por eso es más cómodo hablar de otros temas buscando mejoras como es el caso de la calidad, porque ahí estamos en el terreno de la objetividad y de las mediciones, ¡nada más objetivo que medir! Pero cuando hablamos de innovación, hablamos de otra cosa, de terrenos desconocidos que requieren aterrizaje y decidir sobre que temas si y sobre que temas no avanzar, de eso se trata una estrategia de innovación.

Luego entonces, las organizaciones ambiciosas que se plantean metas grandes necesariamente se salen del script porque las inercias, salvo que seas una de las top tecnológicas del mundo, no dan para crecer exponencialmente. Mientras una organización no se haga planteamientos serios para definir su estrategia para crecer, estará dependiendo de la innercia de su territorio o de su sector.

Una estrategia de innovación nos pemitirá definir:

1. Qué y cuántos esfuerzos enfocaremos a la eficiencia operativa y la mejora de la experiencia del cliente.
2. Qué y cuantos esfuerzos enfocaremos al crecimiento del modelo actual con el objetivo claro de rentabilizar las inversiones actuales.
3- Qué y cuántos esfuerzos dedicaremos a descubrir las nuevas oportunidades.

Cuando hablamos de la opción uno, la incertidumbre es casi cero porque estaremos hablando de temas conocidos, sólo estaremos buscando como resolver mejor los temas en donde ya nos encontramos. Cuando hablamos del crecimiento los riesgos son medidos y la incertidumbre crece por lo que se hace necesario clarificar con mayor precisión dónde se pondran los recursos. Cuando se habla del descubrimiento de oportunidades la incertidumbre es mayor porque el terreno es deconocido y sobre todo no se garantizan los resultados. En los tres casos conviene establecer métricas que permitan analizar con el paso del tiempo si se cumplen los objetivos o no.

Luego entonces hablar de estrategia de innovación es hablar de:

Tesis: En que horizonte vamos a innovar: eficiencia operativa, crecimiento, descubrimiento.
Portafolio: Balanceo entre los tres horizontes que permite decidir dónde se ponen los esfuerzos
Ideas concretas: requerimientos específicos del sector, legislaciones, riesgos, etc.

Para cada uno de estos escenarios, horizontes desde el Modelo de innovación de Idearia Lab, se proponen objetivos que nos permite poner la mirada en el futuro y dirigirse hacia allá, así como ponderar los esfuerzos que se pondrán en cada tema para definir un portafolio. El futuro siempre tiene riesgos pero sobre todo incertidumbre, lo que busca una estrategia de innovación es poner la mente en el futuro para que cuando llegue el momento de actuar la incertidumbre se haya reducido.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab

domingo, 27 de agosto de 2017

¿Cómo armar un equipo para innovar en mi empresa?

Como ya lo hemos mencionado anteriormente la innovación hoy esta en boca de todos pero no siempre atinamos a desarrollar proyectos que le cambien el rumbo de la organización, preferimos la “mejora continua”. Este concepto y su aplicación al management fue el gran invento de los japoneses a finales del siglo pasado. Es muy provechoso para las empresas meterse por caminos de mejora continua pero no es correcto generar falsas expectativas de que es el único reto en el que hay que poner atención.

Buscar eficiencias y bajar los gastos son dos premisas que están en nuestro subconsciente de tal forma que en todo queremos ser eficientes. La mayor parte de las personas estamos centradas en la ejecución, nuestros indicadores, el control esta puesto en aquello que se puede medir y lo único que se puede medir es lo real, lo actual y por eso estamos volcados en la operación; la mayor parte de nuestro tiempo la dedicamos a ejecutar y en ocasiones lo que se requiere es descubrir.

La mayor parte de nuestra planeación parte de nuestros propios registros (información financiera y comercial) y ahí difícilmente encontraremos ideas para crecer exponencialmente. Lo interno nos dará para un crecimiento bajo la lógica actual con los segmentos actuales, no nos llevará a pensar fuera de la caja.

La innovación necesita tiempo específico diferente del de la ejecución ordinaria; necesita un espacio para replantearse nuevos “insights” que permitan definir nuevos retos y justo es de ahí de donde pueden partir los proyectos de innovación. Suele ser usual que se use una estrategia defensiva del “me too”, “ya lo hizo el competidor, ahora nosotros también” , pero ese camino no es el más adecuado, el verdadero esfuerzo esta en diferenciarse de los demás no en seguir sus pasos.

Para desarrollar los proyectos de innovación se requieren de dos perfiles complementarios:

Un “thinker” que es una persona que tiene elementos básicos sobre Design Thinking, LeanStartup, Open Innovation y al menos nociones sobre Scrum y Agile.

Un “PMI” (Proyect Manager) que ponga los elementos suficientes para aterrizar los proyectos en tiempo y recursos.

Es posible que existan perfiles híbridos, pero no es lo usual.

Estas dos personas (un equipo base) o al menos una de ellas, sería deseable que no tuviera responsabilidad en la operación, de otra forma los proyectos de innovación estarán destinados a retrasarse hasta que la operación lo permita. O bien estarán enfocados en innovaciones incrementales y difícilmente pensarán fuera de la caja.

Hay un tercer elemento, es el que conoce de la industria y ayuda a darle sentido, foco y pertinencia. Este perfil es una arma de dos filos, porque ayuda al aterrizaje pero si no es flexible tenderá a buscar innovaciones incrementales y no más allá. Este perfil puede estar dentro del equipo o dedicarle tiempo a la operación y solo requerir de su apoyo en momentos especiales.

Estos equipos deben contar con dos ingredientes claves que sin ellos, aún los mejores perfiles difícilmente lograrán proyectos exitosos y de impacto: el mindset y herramientas.

La mentalidad o “midset” se requiere para lograr un foco en la transformación y requiere de competencias blandas que les permitan moverse en terrenos de incertidumbre. Esa mentalidad requiere de herramientas que les permitan la aplicación de la metodología en distintas circunstancias. Las metodologías son lo suficientemente flexibles para adaptarse a distintos retos pero se requiere de un arsenal de herramientas que permitan su aplicación práctica.

Sin este equipo y sus ingredientes claves, la innovación será solamente una buena intención.

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab