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domingo, 15 de julio de 2018

Innovar es poner el futuro en la agenda presente

En muchas organizaciones se confunde el concepto de innovación con el de mejora continua. La mejora continua parte de las deferencias que tienen los KPi´s con las metas previstas del sistema de calidad; innovar es proponer cambios incrementarles o radicales a la oferta o al modelo de negocio para ofrecer más valor a los clientes y a la organización.

La mejora continua es un deber para cumplir lo prometido pero no para dejarnos ver en qué momento la promesa debe de cambiar.

En general los directivos de empresa trabajamos muchas horas y la mayor parte de esas horas las dedicamos a sacar nuestra operación diaria, reuniones, llamadas, viajes, presentaciones, todo el tiempo estamos frente a alguien y pasamos largas horas gestionando la obtención de números satisfactorios en nuestros KPi´s.

Lo ideal será que si hacemos ese trabajo medianamente bien, tendremos oportunidad para pensar, para levantar la mirada para pensar en el futuro y en que pasará con nuestra organización los siguientes 2 o 3 años. No se trata de meternos en un ejercicio de planeación con exceles donde de forma “muy precisa” intentamos vislumbrar los crecimientos y las utilidades de los siguientes meses y años; tu y yo sabemos que ésos son suposiciones, y que la realidad se comporta de una manera caprichosa independientemente de nuestra “planeación”

Necesitamos unas horas con cierta frecuencia y ritmo para analizar las oportunidades que logramos vislumbrar, aún cuando sabemos que esas rutas son nuevas e inciertas y por lo tanto incluyen un cierto nivel de incertidumbre y riesgo, el mejor momento para intentar, para explorar, es justo cuando estamos sanos, cuando el flujo nos permite delegar algunas de las funciones más operativas y entonces detenernos a pensar.

Pero que pasa si el flujo sigue apretado y no podemos dejar la operación, pues te diré que existen los trayectos y las noches y los ratos de soledad en los que estas contigo mismo para mirarte en los espejos de otras empresas exitosas en la reflexión del “¿Cómo podría……..?

No importa el tamaño de tu organización, no puedes soltar los hilos de la estrategia y las actividades clave. Entre más esbelto y más cercano a las decisiones relevantes será mejor, porque así mantendrás la flexibilidad y te alejarás de la burocracia que tanto daño hace a las organizaciones. El mejor directivo es el que le sabe sacar todo el jugo posible al presente sin cargarse el futuro; el que no exprime al cliente hoy no pensando en que regresará mañana a comprar de nuevo.

¿Cada cuándo dedicas unas horas para pensar?

¿Cada cuando te reúnes con tu equipo clave para comentar lo que piensan sobre el presente, sobre el futuro, sobre los retos, sobre sus equipos de trabajo?

No dejes que la operación te devore, dedícale un par de horas por semana, una tarde por mes, un día al semestre, un par de días al año para mirar el futuro. Tampoco quieras firmar los planes con sangre, todo se puede cambiar, todo se puede ajustar, es más, me atrevería decir que conviene desconfiar de aquellas planeaciones que se cumplen al pie de la letra, lo más probable es que te estés poniendo metas mediocres. Lo ordinario es que no todas nuestras “hipótesis” resulten ciertas y que convenga hacer todos los ajustes que sean necesarios.

Poner al futuro en la agenda presente y combinar esas dos realidades sin confundirlas porque cada una tiene su propia lógica. No olvides hacer las preguntas básicas, no quieras ser experto porque los expertos son buenos para la ejecución pero la confianza en lo que saben no les permite ver más allá de lo que han comprobado. La innovación en cambio requiere de ojos limpios, de la intención de remover lo necesario, de desconfiar hasta de la opinión propia, abiertos a lo que venga.

Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab 

domingo, 11 de marzo de 2018

¡Ama la incomodidad, no huyas de ella!

Es usual que en tiempos de cambio queramos asegurar lo que en el pasado nos ha funcionado bien, a repetir las mejores prácticas a retomar lo que nos ha dado buenos resultados. Sin embargo, un resultado empresarial tiene muchas variables combinadas, tanto externas como internas.

Por ejemplo, en una época de recesión económica el impulso al consumo se limita, pero ante una crisis de abasto, el consumo crecer artificialmente por temor; ese tipo de ejemplos nada tienen que ver con nuestros procesos internos sino con el entorno y su afectación al comportamiento de los clientes. Lo mismo sucede de forma interna, las personas que atienden clientes pueden tener un día difícil en casa y ser menos amables que de costumbre, o bien nuestro vendedor estrella tiene una incapacidad médica y no podrá realizar su tarea como usualmente lo venía haciendo. Como se puede ver el resultado de la gestión de una organización tiene una gran cantidad de variables que se combinan y no siempre son bien identificadas.

Querer controlar desde un tablero con datos del pasado nos podría dar luces del desempeño de las variables críticas, ¡pero después de que sucedan!  y proponer cambios no suele ser tan ágil, sobre todo cuando se mueven variables que no tenemos contraladas.

Así que junto con los tableros de control se requiere de una mirada más aguda de quien dirige, que le permita observar casi en forma simultánea la ejecución y el descubrimiento. El tablero le sirve a quien dirige para la ejecución, pero requiere un nuevo tablero para el descubrimiento, pero no con datos del pasado sino con indicios de lo que va viendo en el camino, captando señales que los demás no verán con facilidad porque se necesita una "retina" experta para que esas señales serán traducidas a insights.

Sin embargo, esa posición incómoda a muchos directivos les molesta, quisieran tener todo bajo control, no nos sentimos cómodos con la incertidumbre, pero en la realidad ya estamos inmersos en ella, querámoslo o no. Vivimos en una realidad con mercados cambiantes, tan cambiantes que los ciclos de vida de los productos se han acortado, las temporadas tradicionales del consumo se han borrado, nos movemos a una velocidad de vértigo.

Buscar la incomodidad de forma voluntaria te pone mentalmente más preparado para pensar, para descubrir, para leer antes que los demás hacia donde van las tendencias. Cada uno debe estar metido en su negocio y no esperar a que en una reunión del sector nos entreguen un estudio de mercado que cuando lo tengamos impreso en nuestro escritorio ya iremos mucho muy tarde. Necesitamos lo que nos demás no han visto todavía, lo que nuestros clientes todavía no se atreven a descubrir que necesitan y que podemos ir por delante si nos ponemos en sus zapatos.

Necesitamos ser empáticos con nuestros clientes, debemos conocer lo que pasa en otros mercados, debemos conocer quien nos puede sustituir en el gusto de cualquier cliente, o los que nos pueden “robar” a cualquiera de nuestros colaboradores. ¡Debemos estar alertas! ¡incomodos!!! Porque cuando te acomodas y comienzas a pensar en el confort y en cómo trabajar menos las oportunidades pasan de largo y sin avisar.

Así que el mejor “mood” cuando te toda dirigir una organización es permanecer incómodo para estar alerta y dar pasos antes que nadie. Sé muy bien que a muchos Millenialns este post los va a incomodar, porque buscan de forma permanente y con esmero la comodidad, disfrutar el camino; yo les diría disfrútenlo, pero no desde la comodidad sino desde la incomodidad, acostúmbrense a vivir incómodos y encuéntrenle el sabor disfrutando de ella.

Ya lo decía Shakespeare: "Dulces son los frutos de la adversidad", así como genialmente Karla Souza lo cita en una famosa  Charla TED del 2015.

Animate a ponerte metas grandes, la incomodidad es un buen camino.


Jorge Peralta
@japeraltag

@idearialab