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sábado, 5 de septiembre de 2015

Los clientes mienten

Nadie tiene la menor duda sobre la conveniencia de que un nuevo producto sea diseñado en función de las necesidades del cliente. El verdadero problema esta en la forma en la que descubrimos las necesidades del cliente; es ahí donde se presentan las fallas principales.

La forma tradicional de analizar al consumidor ofrece una gama amplia de herramientas para preguntarle a los clientes sobre sus gustos y preferencias, sobre sus necesidades, así como sus sugerencias sobre el producto o servicio, así como la mayor parte de las características esperadas. Las encuestas y los grupos de enfoque son tal vez las herramientas más usadas para investigar sobre las preferencias del consumidor, sin embargo no todas las herramientas pueden ser usadas indiscriminadamente, cada herramienta corresponde a un propósito y cada propósito corresponde a una intencionalidad, y cada intencionalidad corresponde a una visión.

Las personas no compramos productos o servicios, más bien queremos satisfacer nuestras necesidades y gustos; nos gusta encontrar productos que nos sorprendan y nos den algo más de lo que esperamos. El problema radica en que los consumidores no siempre podemos expresar esas necesidades de una forma clara, sabemos lo que nos gustaría y posiblemente explicaremos sobre la forma en la que hoy lo resolvemos pero nada más, no tenemos la posibilidad de hablar de aquello que no conocemos.

Como puedes ver, el problema no esta en las herramientas sino en la información que las alimenta; por buena que sea la herramienta, si le metes basura el resultado será basura; si metes información sesgada, el resultado no será útil. Y justo cuando hablamos de productos nuevos, será difícil encontrar elementos para su diseño partiendo de las herramientas tradicionales.

Uno de los grandes problemas para acceder a datos relevantes y útiles para una investigación es que los CLIENTES MIENTEN. Tenemos una tendencia a no se crudamente sinceros, a confundir lo que nos gustaría con lo que se supone que deberíamos querer, limitados también por nuestro conocimiento sobre las alternativas de solución existentes y la capacidad de pago. Nuestra respuesta es una mezcla de necesidad-conocimiento-capacidad de pago; una mezcla que tiende a confundirnos y nos hace expresar de forma parcial nuestras opiniones.

Todos los productos nuevos tienen un riesgo  en su novedad, y este análisis es multifactorial, es decir los riesgos tienen su origen en factores diversos: su diseño, su facilidad para el acceso a los clientes objetivo, el costo de operación, en tamaño de equipo, etc. No es posible eliminar los riesgos, siempre están ahí, pero en esta etapa no se trata de eliminarlos sino de mitigarlos.

Los tres riesgos que conviene mitigar en el proceso de lanzar un producto nuevo son los siguientes:

Riesgo 1. Funcionalidad
Que la solución propuesta cumpla técnicamente con su propósito. En la medida en que este rubro se cubra lo demás cobra relevancia, si este primer objetivo no se cumple, lo demás no importa.

Riesgo 2. Acceso al cliente
Que nuestro producto sea especial para el cliente, que se tenga acceso a él. Si eres capaz de venderle a un cliente con éxito, serás capaz de venderle a millones. Si no logras venderle a “un cliente” para que sirve un gran potencial de mercado.

Riesgo 3. Acceso al mercado
Que exista volumen suficiente y que el cliente este dispuesto a pagar

Si el primer riesgo no esta cubierto, si el producto no cumple técnicamente con los requerimientos mínimos, los otros dos no importan, por ejemplo: lo esencial de un lápiz es escribir, así que si no escribe bien aunque posea otros atributos como marca o precio, estos serán irrelevantes. Por esta razón, los tres riesgos deben analizarse en el orden señalado, invertir el orden puede ser fatal.

Tal vez un error muy común es suponer el primero, obviar o dejar para otra ocasión el segundo y concentrarse en el 3º. La realidad es que primero se debe analizar al consumidor y su preferencia, diseñar la propuesta completa en función de ello y luego analizar el potencial.

Para evitar este tipo de errores tan frecuentes, debemos estar claros que necesitamos conocer al cliente, sus necesidades, sus problemáticas sin resolver, sus deseos, sus preferencias, sus miedos, sus experiencias negativas, y sólo así tendremos más posibilidades de desarrollar un producto o servicio exitoso. Esta valiosa información no siempre la obtendremos preguntando directamente, sino que requiere de un ejercicio de observación para comprobar las hipótesis que nos llevan a intuir que estamos frente a una oportunidad; esa información nos permitirá transformar nuestras hipótesis en certezas.

Para resolver estas incógnitas y avanzar con el diseño de una propuesta de valor se requiere de entender al cliente antes de preguntarle y convendrá que nuestro proceso de investigación indague sobre distintos aspectos clave:

¿Cuál es la problemática u oportunidad?
¿Cuál es la circunstancia en la que se activa la necesidad?
¿Qué tan relevante es para él?
¿Con qué frecuencia tiene este problema y que tan frecuentemente lo resuelves?
¿Qué tan satisfecho esta con sus alternativas existentes?

Una buena herramienta para descubrir problemas u oportunidades es el Mapa de Empatía, existen diferentes versiones, aquí te dejo nuestra versión de Mapa de Empatía que puede ser de utilidad.

Intentar resolver estos retos será el punto de partida para saber si lo que queremos resolver vale la pena ser resuelto y si conviene meternos en esa aventura o no. Las investigaciones de mercado son útiles cuando tienen un propósito, cuando tienen un diseño adecuado y cuando los resultados de investigación son tomados en cuenta.

Sin un punto de partida adecuado la investigación de mercado se convertirá más en un obstáculo que en una herramienta útil para tomar decisiones. ¿Tú que opinas?

Jorge Peralta
@japeraltag

@innovadisrup


sábado, 18 de julio de 2015

Bootstrapping: Arranca como puedas y con lo que tienes

El dinero siempre es importante para emprender, pero en muchas ocasiones se le da una dimensión más allá de la realidad. La falta de recursos es un paradigma que nubla la vista de emprendedores y que también ha inundado la visión de la política pública, cómo si éste fuera el ingrediente más importante de la ecuación. Los recursos siempre son necesarios, pero cuando no se accede a ellos en el momento y en la cantidad adecuada, hacen más daño que bien.

Un síntoma de esta situación es la tendencia a que jóvenes emprendedores estén más preocupados por levantar inversión que en buscar clientes. La inversión siempre será importante, en primer lugar porque se necesitan recursos para avanzar con un proyecto emprendedor y porque los emprendedores deben subsistir; en segundo lugar porque también es una especie de validación (nadie le mete dinero a algo que no parezca sensato), pero la preocupación por conseguir recursos para avanzar y seguir creciendo es una puerta falsa cuando se descuida lo esencial en cualquier modelo de negocio: conseguir clientes.

El enfoque en los inversores y no en el mercado es un falso dilema, no debería existir contradicción dado que será importante para los inversionistas cuando también sea importante para el mercado. En cada etapa del proyecto se requieren métricas distintas que permiten evaluar si el proyecto va por un buen camino o no. En ocasiones las métricas iniciales serán número de clientes que adoptan el producto o servicio pero en muy corto plazo las métricas deben estar relacionadas con ingresos. Si no existen clientes que quieran pagar por el producto o servicio hay que dudar de si realmente esta ofreciendo algún valor o no.

El principal objetivo de una startup en una etapa temprana es validar su modelo de negocio para asegurarse que es algo valioso que sus clientes están dispuestos a pagar por ello y no convencer a los inversores de que su startup es estupenda.  Tal vez la única razón por la que recomendaría poner énfasis en la inversión es cuando se trata de modelos de negocio que ya se ha validado y la única forma de tener éxito es invirtiendo para lograr un posicionamiento adecuado; si no es el caso primero clientes y luego inversores.

Tal vez una de las fuentes más complicadas de obtener recursos es ganando clientes, facturando pero al mismo tiempo es la más segura porque te va confirmando que lo que haces es valioso para los clientes. Bootstrapping es generar el crecimiento con los recursos que se generan de la misma operación.

Algunas ventajas del Bootstrapping:

1.     Te permite validar lo que realmente es valioso para el cliente sin meterle esfuerzo a todas aquellas cosas superfluas que el cliente no valora. Además te permite hacer los ajustes necesarios sin la presión de los inversionistas que presionen con el cumplimiento de las métricas de crecimiento.
2.     Provoca disciplina en el gasto, no habrá tentaciones de gasto porque no habrá con que gastar.
3.     Provoca foco, no hay tiempo para otras cosas más que para concentrarse en lo verdaderamente importante. Concentrarse en los early adopters en un principio que buscar crecimientos sobre bases todavía poco sólidas.
4.     Deja el escalamiento para después de haber concluido la etapa de validación y pivoteo. Mi buen amigo Paul Ahlstrom en su libro Nail it Than  Scale it señala que la principal causa de defunción en las startups es su escalamiento prematuro.

Sin pretender generalizar, tal vez convenga ir menos rápido, comenzar más en pequeño y no escalarnos antes de tiempo, de otra forma será una forma muy cara de fracasar y si recordamos el principio Lean: “si algo saldrá mal cuanto antes y más barato mejor”.

Guy Kawasaki nos aporta 11 principios sobre el Booststrapping en un artículo que publicó en 2006 The Art ofBootstrapping que nos podrían ser de utilidad y que aquí interpretamos con cierta libertad:

#1 Céntrate en el flujo no en la rentabilidad.
#2 Planifica lo concreto, no busques la oportunidad en los grandes números de un mercado sin en aquellos que puedes acceder en una etapa temprana.
#3 Entrega un MVP y a partir de ahí comienzas a pivotear con tu aprendizaje, no te esperes a que sea perfecto.
#4 En una etapa temprana de poco sirve un equipo con “experiencia”. Un poco de hambre siempre es buena como aliada.
#5 Empieza como una empresa de servicios.
#6 Énfasis en lo funcional no en las formas.
#7 Elige bien tus batallas, no quieras ir a todas.
#8 No engordes antes de tiempo, es mejor estar escaso de gente que sobrado.
#9 Ve directo al cliente, entre menos intermediarios mejor para que recibas de primera mano sus impresiones, de ahí saldrá el pivoteo.
#10 Posiciónate contra el líder, así necesitas menos explicaciones.
#11 Coge la pastilla roja, que en mi traducción libre es: No hay más leña que la que arde. Así que a ser muy concreto con los flujos, con optimismo pero con realismo: ¿Cuántos meses sobrevivimos con este flujo?

Si después de reflexionar en estos puntos decides que hay que buscar inversión, adelante, si te hace dudar piénsalo un poco más, pero mientras, sigue facturando.

¿Tú que opinas?

Jorge Peralta
@japeraltag

@innovadisrup

sábado, 30 de mayo de 2015

Aprender a escuchar

 Escuchar es una capacidad humana que debemos apreciar, sin embargo, muchas veces se confunde con oír. Escuchar y oír se diferencian en el nivel de comprensión que la simple capacidad auditiva no ofrece.

Escuchar es comprender lo que el otro nos quiere decir, entender el significado de las palabras que nos dice, la forma en la que lo dice y las emociones que transmite. Solo abriendo nuestros sentidos al mensaje que nos es transmitido por distintos medios es como lo podemos recibir correctamente. Sólo siendo empáticos con la otra parte, será capaz de abrirse y decir lo que quiera decir y sentirse escuchado.

Escuchar tiene una condición: es muy importante callar, y no solo callar en lo exterior, también callar en lo interior para prestar la atención debida, para mirar al otro y captar todo aquello que te quiere decir pero que no siempre logra expresarlo con claridad. Decía un viejo amigo que una buena comunicación requiere buenas explicaderas y también de buenas entendederas; para ambas se requiere escuchar.

¿Dónde se aprende a escuchar? Es una capacidad que se aprende con el tiempo y que requiere una cierta dosis de humildad para reconocer que los demás tienen algo importante que comunicarnos; que es más importante lo que ellos quieren decirnos que lo que nosotros queremos escuchar, pensar o hacer, y que el tiempo que esa persona nos dedica debe ser atendido con todos nuestros sentidos.

Escuchar requiere de una actitud interior, de escuchar lo agradable y lo no agradable, lo oportuno y lo inoportuno, lo feliz y lo triste; por lo tanto requiere de una madurez para mantener nuestro estado de ánimo en serenidad. Para enojarse se requieren dos personas al menos, una sola no puede discutir consigo misma, se requiere un interlocutor con animo de pelear, por esta razón se podría decir que después de un pleito alguno de los dos no supo escuchar o a veces, los dos.

Hasta este punto, ninguno de mis lectores podrá negar las ventajas que significa saber escuchar y suena estupendo que pudiéramos desarrollar esa capacidad. Sin embargo, es evidente, o al menos así me sucede a mi, que hay ciertos momentos en los que no resulta nada fácil, y generalmente sucede cuando alguna de las personas que participa en el diálogo quiere imponer su criterio por encima de la reflexión. El encono, sólo refleja una incapacidad para argumentar con la razón dejándose llevar por la emoción.

Por último, para una buena comunicación se requieren dos partes, pero por la única que puedes hacerte responsable es de la tuya, tratando de escuchar y de entender lo que la otra parte nos quiere transmitir independientemente de la capacidad que tenga de hacerlo. Saber controlar tus emociones para disponerse a escuchar lo que el otro te quiera decir y controlarlas para reaccionar como tu quieres reaccionar, no como el otro quiere provocar que reacciones. Ser dueño de ti requiere autocontrol. 

Tal vez vivimos una época en la que estamos hiperconectados y eso se ha confundido con bien comunicados. Las redes ayudan a conectarse mejor y no a comunicarse mejor. Es muy importante no perder de vista la diferencia. ¿Tu que opinas?

Jorge Peralta
@japeraltag


@innovadisrup

sábado, 9 de mayo de 2015

El micromanagement

En la profesión de consultor tienes la posibilidad de estar en contacto de forma frecuente con las más variadas culturas empresariales. Casi se podría afirmar que cada cultura empresarial es única porque depende de las personas que las dirigen. Cada vez constato que aquella afirmación de mi querido profesor Joan Ginebra es una verdad:

Las empresas son como las personas que las dirigen

Tal vez uno de los rasgos más comunes que logro identificar en esos directores que tienen grandes deseos de crecer pero que no terminan por hacerlo es el “micromanagement”; un hábito que yo definiría como:

La tendencia a controlar aquellas cosas que tendrían el mismo éxito o incluso mayor que si no las revisaras

Si, así como lo lees, ¿Cuántas temas requieren de tu supervisión personal?

El micro managemet tiene algunos principios que lo inspiran:
  • Crees que sabes más que los demás
  • No confías en la capacidad de los demás
  • Sabes que tienes un equipo de bajo nivel

El micro management es un reflejo de nuestras inseguridades, es el resultado de pensar que a tu equipo de trabajo le falta capacidad o le falta interés pero que no quieres tomarte el tiempo de resolverlo y prefieres pactar con ello obligando a una supervisión mucho más detallada. Peor aún, puede ser el reflejo de reconocer que los demás tienen más capacidad que tú, pero te quieres hacer necesario e imponer tus criterios.

Si tus dudas son fundadas, es decir, que has comprobado que al equipo le falta capacidad o le falta interés en resolver bien los asuntos que le son encomendados estás tal vez ante un problema mayor, porque a esas personas las has elegido tú o el área de RRHH que tu también controlas y que al final es el resultado de otras decisiones estructurales que también están relacionadas contigo: ¿Eliges mal? ¿pagas poco? ¿gestionas mal a las personas?

El problema más importante del micro management radica en que se va deteriorando todavía más la capacidad de las personas para asumir los riesgos que plantea cualquier proceso de decisión, luego entonces al evitar cualquier riesgo se genera un inmovilismo en las personas que lleva a limitar sus capacidades de actuación y convertirse en unos meros ejecutores de acciones perdiendo capacidad de análisis, de juicio y en última instancia de acción.

El micro management es un cáncer que va permeando de tal forma la organización que el tiempo que un equipo de trabajo debería emplear en discutir y acordar temas relacionados con la empresa y su forma de generar valor, se emplea en el chisme, en la crítica y en todas aquellas cosas que enrarecen el ambiente y deterioran las relaciones personales. Los niveles inferiores de la organización van copiando estilos de liderazgo y replicando lo que ven en los niveles superiores.

Si ves que siempre te falta tiempo y que tus subordinados no pueden tomar ningún tipo de decisión sin consultarte, es una señal clara de que te estas contagiando de este mal. El micromanagement es un reflejo de que el jefe no esta a la altura del puesto que ocupa y ha cambiado el oficio de liderar por el de administrar generando un ambiente de burocracia convirtiéndose en el cuello de botella de la organización.

El micromanagement es un cáncer al que todos estamos expuestos, cuida que no te suceda y si te comienza a suceder, cuéntaselo a quien más confianza le tengas para pedir ayuda. Reconocer la situación es un primer paso en resolverla.

¿Tú que opinas?

Jorge Peralta
@japeraltag


@innovadisrup

sábado, 28 de febrero de 2015

¿Tienes un plan o apagas incendios?

En la cotidianeidad del trabajo profesional nos encontramos siempre con la decisión de priorizar las actividades que ocupen nuestra jornada. Aunque hagamos muchos planes, la realidad rebasa lo que hemos programado y terminamos haciendo actividades que no están contempladas, siempre existe algo que nos mueve el plan original.

Suele suceder que cuando estamos a punto de comenzar con la actividad que nos habíamos programado surgen otros temas que nos hacen postergar su inicio. Nuestro proceso mental nos lleva a preferir otras actividades cambiando nuestra agenda, dando como resultado dejar para otro momento actividades que considerábamos importantes y que pensemos muy adentro de nosotros: ¡No me alcanza el tiempo! ¡Quiero días de 30 horas!

¿Cuáles son los motivos que nos llevan a cambiar una actividad importante?

Tal vez convenga comenzar con uno que suele ser un poco penoso, pero que es muy común, el dejarnos llevar por la pereza. No me refiero a una pereza escandalosa que podría significar quedarnos acostados en nuestra cama sin tomar en cuenta el reloj; me refiero a esa pereza más sutil que nos lleva a desarrollar actividades placenteras que implican menor esfuerzo como por ejemplo meternos a nuestros sitios web favoritos, a consultar los resultados deportivos del fin de semana, a revisar un video en YouTube que nos recomendaron, a meterle minutos valiosos al Facebook o a Twitter, y que impiden cumplir con lo que tenemos agendado.

La recompensa inmediata nos mueve, sin embargo nos damos cuenta que por ese camino terminaremos no haciendo lo que debemos hacer. Tal vez algunas recomendaciones nos podrían ayudar a mantener la atención de acuerdo con nuestro plan:

  • Armar una agenda con horario aproximado, que se pueda modificar si algo verdaderamente importante sucede pero que nos de una guía sobre los horarios de comienzo y te término.
  • Dedicar un espacio a pausas programadas que nos permitan descansar la mente, recuperar nuestra capacidad cognoscitiva y que nos permite responder un correo o hacer una llamada pendiente. 
  • Tener a la mano el material de trabajo necesario para evitar idas al auto o dedicarle tiempo a buscar cosas que podríamos preparar con anticipación.
  • Evitar distracciones voluntarias en el Facebook, navegando sin sentido en la web,  en tus chats de Whatsapp, en ningún lado esta escrito que todo lo debas responder inmediatamente, así que no caigas en el vicio de la hiper-conectividad. 

En conclusión, como decía San Josemaría: 

"estar en lo que haces y hacer lo que debes"

Tal vez convenga hacer un poco de examen y evaluar como ha sido tu semana, si has sacado las cosas que te habías propuesto o si has postergado actividades que son importantes y que las vas dejando para después. Todos podemos sufrir de una semana especialmente intensa que nos impida sacar adelante los pendientes relevantes, pero si eso nos sucede una semana y otra, tal vez estemos ante un problema de naturaleza distinta, estemos ante un vicio difícil de desarraigar, en el vicio de la gente “eternamente ocupada” sin tiempo y estresada.

El vicio en el que cae permanentemente el “bombero” el que se la pasa apagando fuegos dejando para después temas relevantes y sacarlos de último minuto con una calidad menor a la esperada y con resultados menores a los esperados.

Tal vez los siguientes tips de podrían ser de utilidad para dejar de ser “bombero”:

  • Reserva tiempo de la agenda para los temas relevantes, así como si fueran una cita con un cliente, evitando moverlos a no ser de que se trate de algo verdaderamente importante pero moviéndolos a otro día y hora específica.
  • Revisión semanal de las horas que le dedicas a tus distintas actividades, para darte cuenta si estás empleando demasiado tiempo a temas de “recompensa inmediata” pero poco relevantes y con poco fruto para ti en este momento.
  • Detecta las cosas que frecuentemente dejas para después y reflexiona la razón, si es porque “las persigue la mala suerte” o porque estás postergando temas que no te gustan. Revisa su prioridad y si debes asignarles la categoría de relevantes atiéndelas como el punto 1.
  • Delega o busca externos que puedan ayudarte con el exceso de trabajo. Tal vez convenga revisar si necesitas reforzar tu equipo con algún talento adicional.
  • Analiza si estas cumpliendo con tus compromisos de agenda o si estas dejando cosas para después cuando tenían cierta prioridad. No dejes las cosas para “cuando tengas tiempo” porque seguramente las dejaras para nunca.
  • Revisa tus números y analiza si esa actividad que realizas esta dejando los frutos que esperas o tal vez debas reorganizar tus prioridades.

El orden exterior casi siempre esta relacionado con el orden interior, tal vez debas revisar tus prioridades, tus propósitos, tu nivel de decisión y la disciplina mental que exige cualquier actividad exigente. Si no eres capaz de avanzar en esta lucha personal por dominarte a ti mismo difícilmente podrás llegar lejos.

Entonces ¿Apagas incendios o realmente trabajas? ¿Tú que opinas?

Jorge Peralta
@japeraltag

@innovadisrup