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domingo, 19 de agosto de 2018

¿Qué es el emprendimiento corporativo?

La mayor parte de las empresas buscan su crecimiento, y por esa razón la innovación se ve como una opción para lograrlo.

Todos tenemos ideas, y las podemos convertir en proyectos, pero eso no es equivalente a innovar. Para innovar se requiere que esos proyectos tengan objetivos que realmente lleven a la organización a otra instancia, al aprovechamiento de oportunidades que los lleven más allá de sus límites actuales.

Existe una gran cantidad de literatura sobre innovación, pero en la mayor parte de los casos son teóricas en exceso o se convierten en manuales de autoayuda donde se nos pinta a unos superhéroes que vencen toda adversidad y que tiene como fin el hacernos ver que si es posible aspirar a sueños más altos pero que no ofrecen una ruta clara y concreta respecto de como innovar con mayores posibilidades de éxito.

Para que un proyecto verdaderamente funcione con cierto nivel de éxito, se requiere de algo más que motivación y teoría, de un camino que nos permita convertir esas ideas en un proceso de cambio real que impacte en la forma en la que se genera valor y en la manera en la que una organización se organiza internamente para entregarlo, de acuerdo con la promesa que le han ofrecido a sus clientes. Pasar del discurso a la acción, pasar del deberíamos de... a lo hacemos así y lo medimos de esta forma.

Cuando hablamos de innovación, se trata de un proceso que lleva a la organización a construir nuevas ventajas competitivas, que generen un valor adicional a sus clientes o usuarios. Para ello se requiere una visión clara de lo que se quiere hacer y capacidades de ejecución para convertir la visión en acciones concretas para lograrlo.

En algunos casos, organizaciones establecidas están adoptando algunos conceptos más propios de los emprendedores para el desarrollo de sus ideas, con la intención de fallar rápido y barato. Sin embargo, no siempre es factible para una organización salirse de la operación ordinaria para “crear” o echar a volar ideas nuevas, es ahí donde el concepto de emprendimiento corporativo tiene cabida.

El emprendimiento corporativo es el proceso a través del cual, las organizaciones desarrollan nuevos productos, nuevos servicios, experiencias de usuario, nuevas líneas de negocio o incluso incuban nuevas organizaciones.

El problema no es tener ideas, lo difícil es que sean buenas ideas y todavía más difícil es tener la capacidad de ejecutarlas exitosamente. Este proceso no siempre es factible desarrollarlo en forma paralela a la operación y por esta razón, es necesario que el desarrollo de los proyectos no se mezcle con la operación porque usualmente suceden dos fenómenos:

  • Los proyectos son poco disruptivos en relación a lo que la empresa ya esta haciendo
  • Los proyectos avanzan lentamente porque le dedican el tiempo que le sobra a la operación y tardan tanto que pueden perder impacto cuando terminan.

El emprendimiento corporativo es un camino para que dentro de la misma organización se construya un futuro con una visión renovada. Se logra cuando existe una intencionalidad muy clara desde los que tienen el poder de decisión, de correr riesgos prudentes para impulsar la construcción de diferenciadores claros para ponerlos en el liderazgo de su sector, así como las decisiones correctas para hacer realidad la promesa.

Para impulsar este tipo de iniciativas siempre serán necesarios recursos y en muchos casos la incorporación de tecnología, pero lo que resulta indispensable, es contar con un equipo de personas que tengan un perfil innovador que posibilite el desarrollo y puesta en marcha de los proyectos. Será necesario que un pequeño equipo dentro de las organizaciones que funcione como catalizador y gestor de estas iniciativas de forma diferenciada de la operación para que tenga el foco correcto.

Adicionalmente este equipo requerirá de ciertos elementos que harán posible que el emprendimiento corporativo se convierta en una realidad:

1)   Equipo catalizador enfocado en el desarrollo de proyectos
2)   Estrategia de innovación
3)   Metodología, herramientas y métricas
4)   Espacio físico adecuado
5)   Presupuesto con cierto nivel de autonomía.

El emprendimiento corporativo permite explorar nuevas oportunidades de negocio fuera de los límites de la organización, tomando mayores riesgos sin poner en peligro la marcha del negocio actual. Se podría decir que es el mejor escenario, una visión renovada fuera de los límites actuales de la operación, que permitirá grandes avances más ambiciosos, con unos riesgos medidos y mayores posibilidades de efectividad.

Pensar con una visión ambiciosa sobre el futuro requiere de una mente que aprenda a correr ciertos riesgos con prudencia. Innovar puede ser riesgoso, pero no hacerlo es fatal.

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab

domingo, 5 de noviembre de 2017

Metas 10X, porque las metas mediocres no inspiran a nadie.

Desde hace algunas semanas he recibido algunas solicitudes de algunos clientes para guiar su planeación para el 2018. La forma tradicional de trabajar la planeación estratégica va de la mano de Porter, que desde hace 30 años plasmó en la mente de muchas personas que un buen punto de partida para diagnosticar cualquier organización es un análisis de fuerzas y debilidades.

Suelo insistir que el análisis FODA puede ser útil ya que te has planteado antes algunos conceptos clave como el propósito (razón de ser de la organización desde la perspectiva del cliente, así como plasmar el destino estratégico (una visión reformada que trata de aterrizarla para no dejarla en un buen deseo poniendo metas en cantidad, tiempo y posicionamiento). La razón de que no se comience con el FODA es la de no partir de dónde estamos hoy sino partir de donde queremos estar mañana. Esos conceptos los podrás ver con mayor profundidad en el post Ideas revolucionarias que se publicó en este mismo espacio hace un par de semanas.

Partir de donde estoy me deja con los mismos paradigmas de mi operación puestos, me lleva a pensar en metas que traen la misma inercia de mis resultados y por lo tanto nos ponen metas poco ambiciosas. 

No cabe duda que las metas mediocres no inspiran a nadie y colaboradores necesitan lugares donde puedan crecer, de otra forma los talentosos se irán y se quedarán los más medianos, provocando organizaciones de personas medianas y no de talentos que la lleven lejos. Peor aún, no habrá equipo inspirado con el futuro sino tienen un líder inspirado, capaz de plantearse un futuro retador y ambicioso.

Suele ser un tema de análisis la economía local, el crecimiento de la región, el crecimiento del sector o de los sectores relacionados pero eso nos pone en el mismo escenario que todos. Esta información es de mucha utilidad pero no debe tomarse como regla, ni como un techo, a final de cuentas hoy el mercado es el mundo y estaríamos en posibilidades de ponernos metas más grandes, más ambiciosas.

Por esta razón, he comenzado con algunos a pensar en metas de otra dimensión; metas 10X como punto de partida; la primera reacción es de sorpresa, de no tomar en serio el comentario pero al plantear ejemplos de otras empresas que han roto el techo de sus crecimientos lineales generando una disrupción, se dan cuenta de que es principalmente un tema de visión.

Cuando una organización entiende en que escenario participa, su tamaño relativo, su participación de mercado, sus ventajas competitivas y las capacidades de su equipo, se da cuenta que justo son los factores internos lo que no le permite pensar más allá, lo que los deja anclados a una realidad que es justo la que quieren transformar.

Tampoco es una receta de inteligencia emocional o de auto-ayuda, algo así como “decretar el 10”. No es un tema que lleva a replantearse seriamente cuál es el propósito de la organización, su razón de ser y darse cuenta que nos hemos centrado en la ejecución y no en el descubrimiento de oportunidades. Pensar en 10X nos debe cuestionar si es con mis clientes actuales con quien lo voy a lograr, si mi región de influencia aguanta un crecimiento de 10X o tendré que buscar clientes en otras regiones; si es con mi oferta actual con la que lograré ese crecimiento, si es con mi equipo actual con quien lograré esta meta, si es con mis proveedores actuales con lo que lograré lo que quiero.

Tal vez me de cuenta que necesito una transformación radical y que no podré aspirar a una meta de ese calibre si no re-pienso todo; sino estoy dispuesto a comenzar con una base cero y estoy dispuesto a cambiar lo que deba de cambiar y tal vez abandonar cosas que me duela abandonar.

Después de plantar el rumbo los siguientes pasos podrán ser los siguientes, descritos de una forma sencilla, sólo para provocar tu reflexión:
  1. Digitalización. ¿Hay procesos que me permitirían un crecimiento acelerado si multiplico las capacidades al atenderlo digitalmente, ya sea todo o al menos una parte del proceso? ¿Esta digitalización impulsa la eficiencia operativa o lo transforma radicalmente? ¿ La digitalización mejora la experiencia del cliente? No entres en temas de digitalización hasta no estar seguro que es la medicina que necesitas.
  2. Alinear a la organización. La resistencia al cambio de todos los involucrados es un hueso duro de roer y te darás cuenta que proponer metas grandes moverá a toda la organización de la zona de confort y eso no tiene buena prensa. Se te acercarán muchos “prudentes” para dejarte ver que no es conveniente un cambio tan radical. Los resultados pueden no ser mejores cuando comiences con el proceso pero debes ser paciente.
  3. Construir ventajas competitivas que generen disrupción y que sean verdaderamente atractivas para los clientes y las que no sean atractivas para ellos un NO rotundo, por más buenas que te parezcan a ti. Mientras más diferenciales sean se crearán más barreras de entrada a los competidores pero cuida que lo principal sean las barreras de salida del cliente; mientras más enamorados estén de lo que reciben no se marcharán.
  4. Desmaterialización. Entre más digital se vuelva la interacción te permitirá crecer más rápido porque no tendrás las limitaciones de espacio y tus costos operativos serán bajos en relación con la posibilidad de ingreso.

Pensar en estos 4 puntos te ayudará a plantearte metas verdaderamente grandes, pensar en 10X tal vez te lleve a una realidad de 2X lo cual ya será estupendo. Pensar en crecimientos poco más que la inflación, no inspira a nadie.

Recuerdo con cariño lo que me decía mi querido Profesor Carlos Llano: "Prefiero que te pongas metas grandes y te quedes corto, que te pongas metas mediocres y las cumplas todas".

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab

sábado, 16 de julio de 2016

Tiempos en los que el plan es "no tener plan"

Estos días he comentado con varios empresarios sobre la necesidad de revisar la planeación estratégica que hicieron para el 2016. Diferentes enfoques los han llevado a cuestionar la previsión que hicieron del año; unos de ellos preocupados porque no han llegado a su meta y todo parece indicar que si siguen trabajando de la misma forma no llegarán. En otros casos porque la han superado ampliamente y se están cuestionando revisarla para re-enfocarla, pareciera que se están enfrentando a un “feliz” problema.

En ambos casos, los que se han quedado cortos y los que han excedido su meta, lo que en el fondo se están planteando es si conviene dedicarle tiempo a planeaciones tan detalladas, a las que le han dedicado recursos y esfuerzo para concluir en que en los escenarios actuales, hacer planes tan a largo plazo puede no ser tan redituable como sucedía en el pasado.

Reflexionar sobre si moverse con un plan preciso o más bien aprender a moverse sin planes; decidir sobre si dedicarle mucho tiempo a planear o mejor emplearlo en probar y aprender rápido para incidir en el resultado de forma inmediata. No hay una respuesta correcta, dependerá de la organización, del perfil del director, de su capacidad para moverse con incertidumbre y en el fondo de la cultura organizacional.

Durante varios años he podido constatar que no existen recetas, que siempre una planeación básica que sirva para plantear bien los objetivos, enfocarnos en ellos sin una presión mayor por tratar de predecir el futuro sino por saber leer con rapidez el resultado de nuestras acciones y estar dotado de toda la flexibilidad que sea posible para modificar las líneas de acción, aún con el riesgo de contradecirnos a nosotros mismos. Conviene perder el miedo a equivocarnos, a cambiar de opinión.

Hoy estoy convencido de lo que queremos conseguir y de la razón de ser de nuestra actividad, definiendo con claridad aquellas cosas en las que queremos ser los mejores o al menos uno de los mejores. Con esas premisas claras, lo demás será ponerte en marcha tomando decisiones concretas e ir caminando con los ojos bien abiertos para aprovechar las oportunidades. En ocasiones será con ojos bien abiertos pero vacunados contra todo aquello que nos quiere meter en el redil donde caminan todos, porqué ahí, el lugar común para todos será la mejor forma de ser del montón, ahí donde no hay riesgos pero donde tampoco hay retos.

La “criptonita” de un emprendedor es navegar por aguas por aguas tranquilas durante mucho tiempo, porque ese no es un ambiente para guerreros sino para marineros de agua dulce. No se trata de ser temerario, ni de ser masoquista, más bien se trata de no rehuir el reto cuando bien sabemos que sin esfuerzo no hay triunfo.

Aprender a moverse en incertidumbre es una competencia indispensable para cualquier emprendedor, saber renunciar a tener todo planeado porque las oportunidades no obedecen a los planes de nadie, ellas llegan y se pasean frente a nosotros, esperando a los que están dispuestos a tomar los riesgos necesarios para aprovecharlas.

Creo que una ruta conveniente sería la siguiente: tanta planeación como sea indispensable y tanta flexibilidad como sea posible, o ¿Tú que opinas?

Jorge Peralta
@japeraltag


@innovadisrup