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domingo, 29 de octubre de 2017

¿Tienes una estrategia de innovación?

Hace algunos años, cuando comenzaba a meterme al mundo de la innovación me encontré de forma accidental con un esquema que planteaba distintos horizontes para la innovación en una organización. Me dejaba claro como no todos los proyectos de innovación se procesan bajo la misma lógica y que era necesario tener claridad sobre el objetivo o los objetivos que tenía una organización antes de comenzar un proceso de esta naturaleza. Los proyectos son de naturaleza distinta si el objetivo es eficiencia del negocio maduro; crecimiento del modelo que ya se ha probado para enriquecerlo con nuevos mercados, clientes o productos; y por último disrupción cuando se desarrollan proyectos que se salen de la “caja” y transforman la visión.

El esquema al que me refiero es al que proponen Bagahi, Coley y White en su libro “The Alchemy of Growth” al principio me llamó la atención pero realmente profundicé en el concepto cuando lo escuche del Prof. Steve Blank que planteaba lo importante que es tener una estrategia de innovación, un “¿Para qué?” Sin eso la innovación no tendrá sustento y ante las primeras dificultades los proyectos se abandonarán.

Este modelo fue mi marco de referencia para el desarrollo de poco más de 200 proyectos en distintas organizaciones de diferente tipo y descubrí el potencial que tiene plantear una estrategia de innovación antes de comenzar cualquier proyecto.

¿Para qué quieres innovar?

Esta es la gran pregunta que permite desterrar los deseos de innovar por razones inadecuadas: “porque todos lo hacen” “porque se ha puesto de moda” “porque mi compadre ya lo esta haciendo en su empresa”, “porque el jefe fue a un curso y quiere que hagamos algo de innovación” y un largo etcétera.

La única razón para buscar una transformación es porque tenemos un gran propósito verdaderamente importante, como por ejemplo: “Queremos innovar porque llevamos varios años perdiendo participación de mercado”, “queremos innovar porque estamos perdiendo dinero”, “queremos innovar porque no crecemos al ritmo que queremos”, “queremos innovar porque nos hemos vuelto un commodity”, “queremos innovar porque mi organización ya no responde al futuro que quiero”, queremos innovar porque queremos ser los líderes en el sector”, ”queremos crecer 10X”; siempre hay un “para qué” que nos impulsa a la transformación.

La confusión generalizada de que innovar es mejorar o equipararlo a la mejora continua no permite observar que la innovación es algo más, que es un proceso a través del cual las organizaciones cambiar su estrategia de futuro y se comprometen con resultados más ambiciosos. Las estrategias genéricas que plantea Porter nos ofrecen más un cómo que un paraqué y eso es el corazón de la innovación.

Hablar de los tres horizontes permite vislumbrar que una organización puede desarrollar varios proyectos de innovación distintos, con objetivos muy distintos y que obliga estrategias, equipos, recursos e indicadores diferentes, lo cual se vuelve complejo si no se logra diferenciar.


Decidir sobre objetivos en eficiencia, para impulsar el negocio maduro; objetivos diferentes para el crecimiento y por último objetivos para ampliar la visión con ideas que salen de nuestra caja, permite que la organización se proyecte en el tiempo con una estrategia más amplia, más completa y más ambiciosa que la proyecta hacia el futuro y el liderazgo.

Los tres horizontes tienen objetivos distintos, focos distintos, metodologías y procedimientos y métricas distintas para dirigir el esfuerzo en el desarrollo de sus proyectos de innovación, pero también es importante decir que los tres horizontes tienen riesgos distintos, mientras el horizonte 1 tiene menos riesgo porque se centra en la eficiencia de lo conocido; el horizonte 3 puede transformar de fondo la organización con un gran riesgo. La combinación correcta de propósito, resultado esperado, riesgo y esfuerzo necesario es lo que define el futuro de la organización.

Horizonte
Foco
Crecimiento Esperado
Modelo de Negocio
Horizonte 1
Eficiencia
< a 10%
Sin cambios de fondo
Horizonte 2
Crecimiento
> a 10%<100%
Cambio por dimensión
Horizonte 3
Transformación
<100%
Cambio por nueva visión

Hoy podemos plantearnos retos que en otro momento, bajo una lógica de pensamiento distinta, nos parecerían imposibles. La típica fórmula de “vamos a crecer un poco arriba de la inflación” es un esquema de muerte lenta. Crecer de forma acelerada, pensar en 10X con un crecimiento exponencial plantea ir contra la lógica, contra las estrategias genéricas y plantear retos más allá de lo evidente para ponerse en el liderazgo de un sector.

No te dejes llevar por la moda de la innovación sino tienes una estrategia clara de lo que conviene hacer, pero sobre todo clarificando los “para qué” sin ellos la innovación es una moda que pronto pasará. Si no tienes una meta grande, piensa si es la innovación el camino más adecuado, porque si no es así, con la mejora continua será suficiente.

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab

domingo, 22 de octubre de 2017

Ideas revolucionarias

En ocasiones las ideas revolucionaras emocionan pero las vemos lejanas, nos parecen inaccesibles o sólo aptas para personas sobresalientes y nosotros nos vemos más bien cercanos a la normalidad. Sin embargo las ideas no tienen precio, ni tampoco tienen tiempo, vienen cuando se conversan, cuando se maduran en el diálogo en observar con claridad las necesidades de las personas, tanto de los clientes como de los No clientes.

Cuando partimos de la situación actual, nos cuesta más mirar a grandes distancias porque la realidad nos ata, sin embargo cuando intentamos ampliar nuestra visión y vemos como otras organizaciones crecen exponencialmente nos permite soñar y pensar que no nos falta capacidad sino nos falta visión, capacidad de soñar, mirar más allá de los límites de nuestra mente.

Entender como Airbnb ha crecido en 4 años para equiparar el mismo tamaño de Marriot con 88 años nos lleva a pensar que ahí, en esa visión hay una clara revolución; no hay otra forma de crecer exponencialmente si no es desde una visión que rompe con los esquemas. Lo mismo han hecho Uber, google, etc. todas tienen una gran visión que parte de un lugar fuera de la caja donde los demás funcionan.

Estas historias nos tendrían que hacer reflexionar sobre nuestra actividad, ¿De verdad nos estamos poniendo metas grandes o nos estamos dejando llevar por las inercias? Nos falta ambición, nos sobran miedos, nos aferramos a la seguridad de lo que tenemos, nos preocupa adentrarnos en rutas de incertidumbres.

En ese proceso, algunos esquemas como el de los círculos dorados de Simón Sinek nos podrían ayudar a una reflexión más profunda para apoyarnos en un punto de partida que nos lleve a poner la mirada más allá de lo que podemos ver de forma ordinaria.

Las 4 preguntas clave que debemos plantearnos antes de comenzar el análisis son las siguientes:

¿Para quién lo harás? ¿Por qué es importante hacerlo? ¿Cómo lo vas a lograr? ¿Qué harás?



De forma ordinaria nos enfocamos mucho en el qué y si acaso en el cómo, tenemos una pasión por centrarnos en la ejecución eficaz y no en hacernos preguntas que nos puedan mover del carril en el que circulamos.

Preguntarse ¿Para qué? Nos permitirá ponerle un propósito a nuestra actuación. Simón Sinek nos señala que las organizaciones exitosas son aquellas que nos comunican de forma eficaz el porqué.

“La gente no compra los productos que hacemos, compra las razones por las cuáles lo haces. Si hablas al corazón de sus creencias, atraerás a los que creen lo mismo”: Simón Sinek

Si primero nos centramos en aquellas personas a las que les queremos cambiar la vida, después buscamos su propósito, lo que los hace actuar, después pensamos en cómo lo podríamos lograr, los productos terminan siendo una consecuencia de lo demás. Se trata de un proceso inverso al que muchas empresas hacen: primero cuentan con un gran producto y luego buscan quién se los puede comprar.

Se trata de pensar diferente, sino llegaremos a los lugares comunes donde todos los demás también llegan, sino pensamos en grande no llegaremos lejos. Las ideas revolucionarias, no llegarán a la primera, llegan después de dar vueltas y vueltas con la mirada puesta en el futuro; después de pensar y pensar, de probar y probar, de equivocarte una y más veces, de intentar de nuevo con la mirada puesta en las personas a las que les queremos cambiar el mundo podremos aspirar a algo más. Recuerda, como decía, Dalí: “ La inspiración existe pero te debe encontrar trabajando”.

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab

domingo, 13 de agosto de 2017

Misión, visión y demás bla, bla corporativo

Hace muchos años, en mis tiempos de estudiante (aunque a decir verdad he estudiado toda mi vida) me resultaban confusas las definiciones de misión y visión, me costaba trabajo diferenciarlas, y por más que me las explicaban una y otra vez terminaba confundiéndolas.

Con el paso del tiempo, la confusión creció, porque en la mayor parte de los casos las veía como una lista de buenas intenciones, una especie como de compromiso con el “buenismo”: queremos ser buenos, queremos ser los mejores, queremos ser los líderes, etc. y los planes de futuro sin indicadores concretos.

Fue hasta que por ayudarle a un buen amigo a reenfocar los esfuerzos de su organización comencé a interesarme con mayor profundidad en el tema. En esa ocasión, lo primero que me mostro con mucho orgullo mi amigo fue su misión, que por cierto la tenía en un marco muy bonito en la entrada de la empresa. Sin embargo cuando fui entrevistando a sus empleados claves para delinear el futuro ninguno de ellos tenía clara “su” misión, todos tenían una visión del futuro distinta y priorizaban distinto el propósito de la organización. Todos trabajaban en el mismo lugar pero todos tenían un plan diferente, con prioridades diferentes y referencias diferentes; no estaban alineados con un mismo plan.

Creo que nos hemos confundido, y usamos ciertas palabras en el argot empresarial que están desgastadas. Por ejemplo la palabra estrategia como ya lo mencionaba hace algunos meses en este mismo espacio en el post estrategia-un-concepto-prostituido.html; hoy existe un abuso de la palabra estrategia, cuando quieren mencionar que algo es importante le ponen el apellido de “estratégico” como si eso lo hiciera mejor o más relevante. De la misma forma los términos de misión y visión están bastante manoseados.

En realidad, muchos de estos términos se han convertido en clichés que cada vez nos dicen menos y terminan por confundir a muchas personas, y lo que es peor, las empresas le dedican demasiado tiempo a esos temas que no aportan valor. He visto muchas empresas consultoras dedicándole tiempo valioso a definir declaraciones que tranquilizan las conciencias de dueños y directivos pero que no tienen ningún valor práctico, ni inspiran sus acciones, ni nada.

Justo cuando me encontraba perdido me “tropecé” con un video (misión empresarial Heberto Taracena), de un exitoso y joven empresario Heberto Taracena, y que desde mi punto de vista ilustra de forma genial lo que debe ser una misión. Dice Heberto; la misión es “el dolor que le resuelves al mundo”; si eso no esta claro, todo lo demás se vuelve un pantano de conceptos que luego son difíciles de aterrizar.

También me ha pasado, con cierta frecuencia, que en las empresas se confunden las reuniones de planeación con la elaboración de un Excel que tiene una serie de supuestos que pocas veces se cumplen pero que terminan por tranquilizar las conciencias de muchos directivos. En el fondo buscan un número al que seguramente puedan llegar para que no se comprometan demasiado; de la misma forma, juntas directivas con mucha ambición que quieren ver un numero con un gran crecimiento aunque no tengan las bases de “como” llegar a él. Un ejercicio en el que todos se engañan; se trata del típico ejercicio en el que surgen muchos millonarios en Excel.

Por todas estas razones he intentado (para mi, no para contradecir a nadie) el cambiar el concepto de misión por el concepto de “propósito”, en primer lugar definiéndolo como “ nuestra razón de ser” inspirado en ese “dolor” que le resolvemos al mundo. Ese es nuestro propósito: nuestra razón de ser, es la forma particular en la que le resolvemos un dolor a un segmento de clientes en particular. Se trata de nuestro “para qué”; esta es la primera etapa, la que inspira lo demás.

Si existe un propósito claro, lo demás será revisar los “cómos” porque las estrategias deben concretarse en acciones puntuales de las que se espera un resultado, el cuál se puede medir a través de métricas.

Cuando el propósito, las acciones concretas, las metas y las métricas están claras, es importante hacer un alto en el camino y poder mirarse un poco más hacia el futuro, así esta la visión Bien decía el gran Joan Ginebra, la estrategia no es la que se determina como resultado de presiones el entorno como lo haría un esquema porteriano, la estrategia es elección del líder en función de lo que tiene y lo que quiere lograr.

Esa elección de futuro para la empresa debe concretarse en una propuesta de valor que resuelve ese dolor que tiene nuestro cliente objetivo, de tal forma que seamos únicos y mejores en algo, sino seremos uno más y lo que es común no tiene estrategia.

Dejémonos ya de tanta palabrería barata que lo que hace es sobre complicar la labor directiva, como decía mi abuelo: “para qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo”. También decía Einstein: Si no eres capaz de explicarlo con simplicidad, en realidad no lo has entendido bien.

¿Tú que opinas?

Jorge Peralta
@japeraltag


@idearialab

sábado, 30 de enero de 2016

En que consiste la educación para emprender

Durante los últimos meses me ha tocado vivir un interés fuera de lo común en las instituciones educativas por incluir contenidos sobre emprendimiento. Anteriormente algunas universidades los incluían pero hoy se ha vuelto generalizado, y ya no solo sucede en las universidades sino incluso en el bachillerato. Celebro que así sea, a mi no me todo cada de esto, no era frecuente plantearse el tema sino venías de una familia empresaria; si no era tu caso, era francamente raro que surgieran ese tipo de inquietudes.

Viviendo en un país donde la labor empresarial no tiene buena prensa, donde abunda la imagen de un empresario explotador y abusivo de los derechos de los trabajadores, ser empresario no era una actividad social atractiva para amplias capas de la población. En mi juventud resultaba más atractivo ser funcionario que empresario, al menos mis compañeros de escuela más ricos no eran empresarios sino funcionarios públicos. Había más dinero y futuro trabajando para el estado que de forma independiente.

Son loables los esfuerzos que sea hacen desde las universidades y otras instancias para incluir estos temas en sus currículas y animar a los jóvenes a que contemplen la actividad empresarial como una actividad remunerada y con impacto social. Sin embargo la educación para emprender no comienza en la escuela sino en la casa.

Necesitamos una educación que los prepare para resolver problemas que todavía no existen, que los ayude a crear y a generar la mejor versión de si mismos. Emprender es tomar ciertos riesgos y aprender a vivir en incertidumbre para seguir la vocación profesional de cada uno.

En una investigación que vengo realizando desde hace algunos años, me día la tarea de profundizar sobre el origen y funcionamiento de 22 startups desarrolladas en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México entre los años de 2012 y 2014. Si bien es cierto que las startups suelen tener algunas características especiales que las hacen diferentes a los emprendimientos tradicionales en algunos casos se sigue el mismo patrón. En su oportunidad publicaré los datos de toda la investigación, pero por ahora solo daré algunos datos que son reveladores. De las 22 startupa analizadas:

En 20 de los 22 proyectos su fundador tiene algún antecedente empresarial en su familia, 80% de los casos fue alguno o sus dos padres y en otros casos un abuelo o un tío cercano.
20 de los 22 fundadores nacieron y crecieron en una familia integrada, con papá y mamá viviendo bajo el mismo techo.
Solo 10 de los 22 recibieron influencia en las instituciones educativa donde cursaron sus estudios para decidir emprender.

Si bien, en los últimos años la cultura emprendedora esta permeando en nuestra sociedad, es innegable que el peso específico para tomar la vocación de emprender se da en el hogar y no en la escuela.

Los emprendedores tenemos algunas condiciones innatas que una educación emprendedora podría despertar:
  • Aprender a manejar el fracaso, enseñarnos desde pequeños que fracasar es algo natural y que a todos nos sucede; que podemos aprender del fracaso cada vez que nos levantamos para intentarlo de nuevo.
  • Aprender que es importante seguir tu vocación y no estudiar una carrera solo porque es la que se puso de moda o la que ofrece los mejores sueldos.
  • Aprender que el dinero es importante pero que no es lo único que se persigue con la actividad profesional.
  • Que la actividad empresarial es una actividad noble y necesaria en la sociedad. Que ser empresario no es ser un ladrón de cuello blanco.

Cuando hablamos de la influencia de la educación formal, si de verdad se quiere incidir en las competencias emprendedoras de los jóvenes se debe pensar en:
  1. Desarrollar habilidades
    • Habilidades creativas que los hagan pensar diferente, que los hagan pensar que tienen grandes cosas que aportar a este mundo.
    • Aprender a hablar en público y dar sus opiniones.
    • Aprender a diferir discutiendo ideas.
  2. Desarrollar actitudes
    • Aprender a trabajar en equipo
    • Saber cooperar y colaborar con otros con objetivos comunes
    • Practicar deportes para que aprendan a perder y sepan que del fracaso se pueden sacar muchas cosas buenas si lo sabemos superar.
    • Aprender que las ideas de los otros pueden ser mejor que las nuestras.
  3. Adquirir conocimientos
    • Conocimientos como las matemáticas, la física, la biología, la historia, economía, administración personal, etc. son un bagaje con el que los jóvenes deben comprender que los problemas de la vida se resuelven más fáciles si has usado el cerebro con regularidad anteriormente. Las materias que te plantean retos son como lagartijas mentales que te habilitan para el futuro.
    • Obvio en los estudios universitarios deben ser una buena lista de conocimientos específicos que un profesional debe conocer.

Estas recomendaciones no son solo para jóvenes con vocación a emprender de forma empresarial, sino también para todos aquellos que quieren emprender algo valioso con su vida y que quieren ser médicos, pintores, bailarines, futbolistas, filósofos o cualquier otra actividad humana noble; ya que con su decisión serán blanco de críticas y recomendaciones de adultos "experimentados" y que debemos orientar pero no coartar su vocación.

La escuela no lo es todo, pero si en casa hacemos nuestra parte y en la escuela los educadores hacen la suya para que los jóvenes sigan su vocación profesional, cualquiera que esta sea y de verdad los orientamos a tomar buenas decisiones; nos espera un futuro mejor con tantos talentos en potencia que estarán por surgir. ¿Tú que opinas?

Jorge Peralta
@japeraltag

@innovadisrup